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54 heridas y una mentira: 13 años del homicidio que aún indigna a Italia

Federico Aldrovandi tenía 18 años cuando se encontró, tras una noche de fiesta, con 4 policías. Sus padres recibieron una llamada: "su hijo ha muerto de un infarto". No era del todo cierto

Ignacio Pato

25 Septiembre 2018 13:25

Hace hoy 13 años a las 11 de la mañana la policía llamó a los padres de Federico Aldrovandi. Su hijo había muerto. La noche anterior había salido para ir a un concierto del que estaba a punto ya de volver a casa.

Volvía con sus amigos, con quienes había pasado esa noche, la del 24 al 25 de septiembre, a Bolonia. A 50 kilómetros de su ciudad, Ferrara. Pero justo antes de llegar a casa, Federico quiso dar un paseo para despejarse. A pocos metros, le esperaban los policías que acabaron con su vida.

La noche

Hasta ese momento, la reconstrucción de las últimas horas de Aldrovandi no es muy diferente de la de cualquier otro joven de 18 años un sábado por la noche. El joven se estaba sacando el carnet de conducir, era aficionado del histórico equipo de su ciudad, la SPAL, y a la vez trabajaba como repartidor de pizzas.

Él y sus amigos viajaron a la cercana Bolonia para ir a un concierto de reggae que iba a tener lugar en un conocido centro social de la capital de la región, el LINK (L'Isola nel Kantiere). Este finalmente se canceló, pero Aldrovandi y sus amigos pasaron la noche allí. Consumieron cantidades modestas de alcohol y drogas.

Pasadas las 5 de la mañana del domingo 25 de septiembre de 2005, estaban ya entrando de vuelta en Ferrara.

El alba

Aldrovandi se bajó del coche para despejarse con el aire de la mañana antes de llegar a su casa. Poco antes de las 6, se produjo el encuentro con un coche de policía en el que viajaba la pareja de carabinieri Enzo Pontani y Luca Pollastri.

Pontani y Pollastri dirán en el juicio que encontraron a Aldrovandi en "evidente estado de agitación". Afirmaron también haber sido agredidos. Pidieron refuerzos y llegaron los agentes Monica Segatto y Paolo Forlani. Pasadas las 6, fue a una ambulancia a quien llamaron. Cuando esta se presentó, a las 6:16, encontró a Aldrovandi tendido boca abajo con las manos esposadas a la espalda.

Minutos después, certificaban su muerte por parada cardio-respiratoria y traumatismo craneoencefálico.

La llamada

Pasadas casi 5 horas, a las 11 de la mañana, los padres de Federico Aldrovandi, que habían estado tratando de localizarlo llamándole al móvil, reciben una llamada de la policía. Su hijo ha muerto de un infarto, les informan.

Sin embargo, algo no cuadra: en el cuerpo de Federico hay 54 heridas y moratones.

El juicio

El caso permanece desconocido para la opinión pública hasta enero de 2006, cuando la madre de Aldrovandi, Patrizia Moretti, abre un blog con el que Italia comienza a descubrir las incoherencias de la versión oficial.

Además de las heridas en el cuerpo de su hijo, quedan a la luz los resultados de la autopsia que desmontarán que Aldrovandi murió por culpa de una parada provocada por la ingesta de drogas. La presencia de alcohol en sangre era menor que la que fija el límite para conducir, y las de ketamina y morfina estaban absolutamente lejos de las mortales, por no mencionar que en especial esta última, un opiáceo, no podría haber llevado a Aldrovandi a un estado de agitación psicomotriz.

Un año más tarde, el juicio sienta en el banquillo a los cuatro policías acusándolos de homicidio involuntario. Una testigo ocular contribuye a responsabilizar a los uniformados de lo sucedido. También cuestionan la versión de los policías el hecho de que no se hicieran inspecciones en el lugar, ni sobre el coche sobre el que los agentes aseguraron que Aldrovandi se había golpeado solo, ni tampoco se investigase dos porras en mal estado.

El informe final, aceptado por el tribunal, determinará que Aldrovandi murió por asfixia provocada por compresión torácica. Producida, además, por maniobras de aplastamiento cuando la víctima ya estaba esposada.

La sentencia final se alarga hasta junio de 2012, y condenaría a 3 años y medio de cárcel más seis meses de suspensión de funciones a los cuatro policías.

El indulto

Sin embargo, el caso Aldrovandi no acabó ahí. Casi puede decirse que comenzó seis meses después, cuando a finales de enero de 2013, un tribunal de Bolonia resolvió indultar 36 de los 42 meses -3 de los 3 años y medio- que los policías debían pagar en la cárcel, donde estuvieron seis meses.

En enero de 2014 tres de los cuatro estaban ya de vuelta trabajando en la policía, aunque con funciones administrativas lejos de la ciudad de Ferrara. Un cuarto no, de baja por una neurosis.

Desde entonces, Federico Aldrovandi se ha convertido en un símbolo contra el abuso de poder en Italia.

Aldro hoy

Aldro hoy tendría solo 31 años.

En Ferrara, en cada aniversario hay actos en su memoria. La persistencia de sus padres Lino y Patrizia dio origen a la asociación Verità per Aldro. Cada vez que juega en casa la SPAL, el equipo del que era aficionado, el mundo puede ver una enorme bandera con la cara de Federico Aldrovandi.

Es una bandera que incomoda a las autoridades. Durante el último partido contra la Roma la policía no dejó a los ferrareses pasar con ella al Stadio Olimpico. El efecto fue el contrario: bajo el eslogan de Federico Ovunque —Federico en todas partes— su rostro se hizo visible entre las aficiones de Roma, Sampdoria, Napoli, Bologna, Parma, Fiorentina, Genoa, Cagliari o Livorno.

Hablar de Aldro 13 años después de su encuentro mortal con cuatro policías es hacerlo de un problema de violencia policial relativamente desconocido fuera de Italia. Giuseppe Uva, Riccardo Magherini, Aldo Bianzino o Stefano Cucchi acabaron sus días prematuramente bajo custodia del Estado. Las familias de Aldrovandi y Cucchi —cuyo caso abierto ha vuelto a la opinión pública con la película Sulla mia pelle— comparten de hecho abogado.

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