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Ni 155 ni independencia: secretos de campaña de los que viven en fuego cruzado

Con sus diferencias, Comunes y PSC se enfrentan a una campaña capitalizada por dos grandes relatos. Estos son sus secretos para ganar votos

Rafa Martí

30 Noviembre 2017 06:00

El 11 de noviembre, Miquel Iceta acudió a un almuerzo en el Círculo Ecuestre de Barcelona. El lugar en cuestión es un símbolo inmemorial de la burguesía catalana. Un lugar, podríamos decir, donde sacerdotes con sotana todavía cantan arias de Verdi a sus contertulios y señores con trajes de solapa ancha (no hay otra forma de cruzar la puerta) apuran cognacs X.O. al mediodía, mientras ojean el periódico con vistas a la Diagonal.

El motivo de la presencia de un socialista en el Círculo era una conferencia que se titula “És l'hora del seny”, la hora de la serenidad.

De la misma forma que después de una buena borrachera viene una mala resaca que provoca promesas de lejanía con el alcohol, Cataluña ha vivido su particular estado de embriaguez, su consiguiente resaca y, ahora, su ansiada cura. Los sondeos hablan de agotamiento general, y de una mayoría (del 71%, según Metroscopia) que, con o sin referéndum, quiere diálogo y olvidarse de manifestaciones, día sí, día también.

Por eso, Iceta estaba allí. Para presentar al PSC en un lugar poco habitual (aunque cada vez menos) como la solución transversal al desasosiego que ha provocado el procés: lejos de los independentistas, pero lejos también de PP y Ciudadanos, sondeando el modelo federal como una salida a un conflicto que ha ido demasiado lejos.

A leguas de distancia, los comunes (que se presentan bajo las siglas de Catalunya en Comú) también proponen una solución parecida.

Xavier Domènech, de Catalunya en Comú

Para estos, los socialistas son parte de la España más dura y del 155. Para el PSC, los Comunes se han vendido al independentismo. Unos son la vieja política, otros el cambio... Pero, con todas sus diferencias, se pelean ahora por representar al catalanismo moderado en las próximas elecciones del 21-D. Aquellos señalados en los últimos años por tibios y equidistantes se reivindican ahora como la única luz para solucionar lo insoluble.

La pregunta es: ¿Cómo? ¿Cómo colarse en una partida que se ha jugado en el tablero de los extremos, hasta llegar a la DUI y al 155? ¿Cómo hacer una política sexy hablando de diálogo cuando la política parece secuestrada por el subidón emocional que han agitado independentistas y españolistas?

Vivir de las malas noticias

Quizá la respuesta no esté tanto en el rechazo a las emociones, sino de recuperar las de quienes no vibran ni con los gritos de “independència” ni con los de “Puigdemont a prisión” pero que, al final, también vibran.

Es lo que explica Eva Granados, principal colaboradora de Iceta en el Parlament: “Las emociones son importantes y tienen que acompañar a las propuestas racionales. Pero lo que no puede ser es que anulen la razón. Durante cinco años en Cataluña ha pasado esto, hasta que la furgoneta del mambo se ha despeñado. Tocar fondo es tocar emociones, de rabia, de miedo, de frustración... Coser y reconciliar quizá no tengan mucha épica en apariencia pero sí son una parte muy emocional. La diferencia es la de la llama a la brasa, pero ambas son fuego”.

Tocar fondo es tocar emociones, de rabia, de miedo, de frustración... Coser y reconciliar quizá no tengan mucha épica en apariencia pero sí son una parte muy emocional

Eva Granados, colaboradora de Iceta en el Parlament

Enric Casas, jefe de estrategia de Iceta y el principal cerebro detrás de la operación “seny” acepta que “la estrategia de la socialdemocracia está anquilosada, porque genera políticas y estrategias burocráticas”. Añade: “Es necesaria una americanización de la estrategia que anteponga los líderes a los partidos. En Reino Unido, Corbyn es una señal de eso, porque es auténtico. Y, en nuestro caso, creo que estamos en el mismo camino con Iceta”.

Por su parte, Raúl Montilla, periodista y autor de Iceta. El estratega del partido socialista, define al líder del PSC cono un "fontanero” que ha trabajado durante 40 años en segunda línea. Por ello, “su imagen sigue fresca”, dice.

“Él aporta más al partido que no la marca le aporta a él —señala Montilla. Todo aquello del baile le dio muy buena imagen. El problema que tenía entonces es que la propuesta de diálogo no tenía cabida en un entorno tan polarizado, pero ahora, al menos la percepción, es que sí hay un espacio para eso”.

Sin quererlo, la socialdemocracia, en crisis también en Europa por el acecho de los populismos a izquierda y derecha, está levantando la cabeza porque las circunstancias se lo ponen en bandeja. “Es como si hasta ahora no pudiéramos poner el dedo debajo del grifo porque el agua ardía. Pero ahora que está tibia, lo podemos poner”, reconoce Casas.

En búsqueda del catalanismo moderado

Para los Comunes, el agua tibia también ayuda. “El bucle ha llegado al extremo y queremos que pare”, dice María Corrales, del equipo estratégico de Xavier Domènech. También en medio de independentistas y españolistas, su estrategia parece algo más compleja: recuperar el cambio.

Para ellos, el movimiento independentista es un intento más de romper con el régimen del 78, del que forma parte el PSC. Lo que ellos proponen, eso sí, es aprovechar “el impulso democrático” para provocar un cambio real.

Aspiramos a la construcción nacional popular más allá de las banderas, pero somos conscientes de que las problemáticas comunes no se pueden resolver sin más autonomía

María Corrales, equipo de campaña de Xavier Domènech

“No podemos dejar que el anhelo independentista sepulte todo el anhelo de cambio de un país. Tenemos que recuperar lo que nos une, que es el cambio y la ruptura con el régimen del 78 , y no la aceleración de un choque que solo termina en impotencia”, asegura Corrales.

“El independentismo —añade Corrales— se ha convertido en un intento de alargar la hegemonía convergente. Han canalizado la demanda social de la Cataluña que se vio un día como el 1-O, que no fue solo un día de los independentistas, sino de todos los demócratas. Nosotros aspiramos a la construcción nacional popular más allá de las banderas, pero somos conscientes de que las problemáticas comunes no se pueden resolver sin más autonomía”.

La tercera vía de los Comunes tiene la agenda ciudadana como eje, con la demanda de un referéndum pactado que dilucide el futuro que quieran los catalanes para Cataluña. “Nuestro catalanismo pasa por el reconocimiento de las diversas identidades, construido en torno a la gente y no a las banderas”, apunta Corrales. Su gran baza, presumen, es la Barcelona de Ada Colau, donde las políticas sociales han tenido un espacio prioritario.

“Si Cataluña va bien, España va bien”

Al contrario, el catalanismo de Iceta ha optado por regresar al pacto de Estado que ha perseguido siempre el catalanismo antes de la aventura independentista. De ahí su alianza con la derecha que representaba la antigua Unió y los acercamientos a los empresarios y las presentaciones en el Círculo Ecuestre. “En un momento como este la estabilidad es lo único que nos puede salvar. Recuperar el seny está por encima del tema social”, apunta Casas, el jefe de estrategia.

Casas hace alusión a toda esa gente que, sin ser de izquierdas, votó a Pasqual Maragall por los Juegos Olímpicos del 92. “Porque, si Barcelona va bien, Cataluña va bien. Y si Cataluña va bien, España va bien, y Europa va bien. Nuestra agenda social es que las empresas se queden aquí, porque eso significará que sigue habiendo empleos”, dice.

El populismo tiene un problema, que es que siempre llega un día que se topa con la realidad. Lo que tenemos que hacer es que esa realidad no sea irremediable y, en democracia, casi nada es irremediable

Enric Casas, Jefe de Estrategia de Iceta

“Salvando todas las distancias —apunta Montilla, el periodista—, Iceta ha querido emular las grandes coaliciones de socialdemócratas y democristianos que gobernaron en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, ocasionada por la escalada de nacionalismos y populismos”.

Montilla concluye: “Al contrario de los Comunes, con diferentes partidos bajo un solo nombre, el discurso socialista se ha simplificado. Después de los vaivenes, ahora el mensaje es muy sencillo: más autogobierno, mejor financiación y catalanismo moderado”.

El populismo tiene un problema, que es que siempre llega un día que se topa con la realidad. Lo que tenemos que hacer es que esa realidad no sea irremediable y, en democracia, casi nada es irremediable”, cierra Casas.

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