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Lit

Su horrible experiencia en Tinder se ha convertido el webcomic del momento

Publicado viñeta a viñeta en Instagram, 'El Futuro es brillante' es un diario ilustrado con el que la dibujante Elisa Riera convierte su angustia en metaficción

víctor parkas

06 Enero 2018 06:00

“Con mis amigos, cada nochevieja ponemos un eslogan para el año próximo”, empieza Elisa. “A 2010, le llamamos El Futuro es brillante”.

En una de las escenas más recordadas de Pobre Cabrón, Joe Matt es increpado por una pareja agraviada: no sienten que el autor les haya hecho justicia retratándolos, precisamente, en el cómic autobiográfico desde el que le abordan. Elisa Riera conoce esa dinámica no por ser fan de Matt, que lo es, como lo es de Jeffrey Brown, de Flavita Banana o de Jiro Taniguchi. No. Elisa conoce esa dinámica, porque, bueno, la ha experimentado en su versión 2.0.

“Cuando descubrió la existencia de mi cómic”, me confiesa Elisa, “la chica unlabelled me empezó a dejar mensajes muy agresivos desde una cuenta falsa”. ¿Esperanto? Un resumen rápido: Elisa empezó una relación con un tipo de Tinder que, a sus espaldas, la engañaba y follaba con otra –“según ella, tenían una relación unlabelled desde hacía año y medio”. Sé todo eso, y lo sé antes de sentarme a hablar con Elisa, porque yo, aunque también soy fan de Joe Matt, de Flavita Banana y de Jeffrey Brown, si ahora mismo solo pudiera ser fan de una cosa en este mundo, sería fan a tiempo completo de El Futuro es brillante.

Publicado viñeta a viñeta en Instagram, El Futuro es brillante es un diario ilustrado con el que Elisa Riera ha convertido su angustia sentimental en metaficción tragicómica. “Esta primera historia, la de Tinder, la dibujé en dos días, con todo el bajón”, me cuenta la autora. “El año pasado, cuando mi pareja y yo nos separamos, lo pasé muy mal; no era capaz de dibujar. Ese rebrote de drama volvió a asomar con el chico de Tinder, no me vi capaz de asimilarlo, y decidí transformarlo en otra cosa”. Por ejemplo, en un cómic de autoficción que, en paralelo y para su autora, ha terminado haciendo las veces de diván terapéutico. “Dibujarlo me ha ido súper bien”, certifica Riera, “y además le ahorré tres gintonics a mi psicóloga”.

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Basta concederle un follow a Elisa para darse cuenta de ello, pero El Futuro es brillante es el cóctel perfecto entre la narrativa naïf de Juanjo Sáez, la confesionalidad descarnada de Julie Doucet, y la temporalidad en redes del hilo –los hilos– de Manuel Bartual. El delivery, no en vano, ha sido tan importante en El Futuro es brillante como el propio contenido. “Publicar dos viñetas al día es ideal, porque contienen la información suficiente para mantener el suspense de cara a las que vendrán el día siguiente”. Mientras, la fanbase se queda sin uñas. “Una ilustradora, Roberta Vázquez, me escribió diciéndome que estaba súper enganchada a la historia. Muchos otros, como no me muevo por entornos de cómic, me escriben preguntándome quién soy”.

“Soy Elisa”, les responde, “me ha pasado esto, y lo estoy dibujando”.

Consultora de moda a caballo entre Asia y Europa, Elisa aprovecha los viajes en avión para, iPad en mano, dibujar sus desventuras. Éstas, aunque el exorcismo con su amorío de Tinder ya se ha consumado y entintado, continúan –y continúan siendo brillantes. “Cuando acabé de publicar este episodio, me apetecía seguir dibujando la serie; enlazar con otra historia. Mi vida generalmente es así: impases entre vuelo y vuelo. Ahora cojo uno y estoy en Shangai, luego otro y me planto en Barcelona”, dice, de un despiece por segmentos vitales que intentará trasladar a su tira de Instagram.

“No quería que El Futuro es brillante se convirtiera en el típico cómic de mujer-enfada-con-los-hombres; tengo otras historias con chicos de Tinder escritas, pero me apetecía dar un giro al segundo capítulo de la serie”, dice, de la historia en curso. “Ahora estoy dibujando mi experiencia en China: me hice muy amiga de nuestra traductora, y compartimos un viaje en tren que me apetecía mucho convertir en viñetas. Sé que no tiene tanto salseo como un desengaño amoroso, pero no quería hacer de mis malas experiencias con los hombres el monotema del proyecto”.

Detalle biográfico que excusa este cambio de registro: mientras sus primas leían la Súper Pop, Elisa devoraba Rompetechos y Lucky Luke. “Los veranos en la torre de mis abuelos, los pasaba o bien leyendo Tintín, o bien 13 Rue del Percebe”, recuerda.

Antes de exponerse mediante caricaturas de Instagram, Elisa lo hacía sobre el escenario, en el extinto grupo musical Internet 2. “Cuando tocaba con Internet 2, primero que no lo hacía nada bien, y segundo que no podía controlar el resultado final del concierto. En el cómic, en cambio, sí puedo controlarlo, decidir qué comparto con el lector y que no. Y, aunque soy muy tímida, intento no cortarme mucho a la hora de dibujar. Tampoco me gusta enseñar mi trabajo a nadie antes de publicarlo, para evitarme cuantos más consejos mejor. Quiero que El Futuro es brillante sea, en ese sentido, lo más virgen posible”.

“La única viñeta que censuré, de hecho, fue por recomendación de Jordi y Carlitos de Internet 2”, revela la autora. “Seguimos siendo mejores amigos”.

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Que los días que vienen sean brillantes no significa que el presente no esté por lustrar: Elisa, al contrario que el resto de sus usuarios, no utiliza Instagram para proyectarse a sí misma en positivo. En timelines llenos de sonrisas y medidas perfectas, El Futuro es brillante chirría, y chirría para bien. “Quizás es que yo no me pienso muy guapa ni muy feliz; aparentar es algo que nunca me ha interesado. Me conozco muy bien, y sé perfectamente como soy: mis defectos, mis virtudes, mis debilidades. Por eso me parece interesante cuando los otros también se presentan a sí mismos de una forma natural”, defiende Elisa. “Yo ya no sigo a nadie que se muestre perfecto en Instagram”.

La pregunta de cierre venía prácticamente impuesta: el futuro, ¿es brillante?

“Siempre. Y si no es brillante”, concluye Elisa, “has de verlo como si lo fuera”.

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