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Lit

11 voces que murieron en 2017 pero que siempre tendremos presentes

Ricardo Piglia, Kate Millet, Juan Goytisolo o John Ashbery: han sido muchas las grandes figuras que han desaparecido este año y a las que queremos volver a leer y recordar

Eudald Espluga

28 Diciembre 2017 15:02

"La muerte nunca es natural, ni siquiera para el hombre de noventa y siete años. En cuanto está a la vista, se convierte, para el candidato, en un disgusto insoportable, en una guillotina." Esta afirmación de Hermann Burger es todavía más cierta cuando, llegados a la conclusión del año, descubrimos que el último —siempre el último, el que ahora nos rebasa— ha sido el más funesto de los años. La muerte es por definición aquello para lo que todavía no estamos preparados. Algo especialmente acentuado en el caso de los escritores, ya que para nosotros, sus lectores, no son sino figuras inconcretas, auráticas, a las que casi nunca imaginamos como personas vivas, como organismos mecánicos que colapsan como colapsamos el resto de nosotros.

Y por si fuera poco, además de improbable, su muerte es desmentida póstumamente: seguirán publicando, los seguiremos leyendo, los seguiremos nombrando, seguiremos pensando con ellos y gracias a ellos. Aprovechamos, pues, la línea imaginaria que traza este 2017 para evidenciar esa deuda y recordar algunas de las principales figuras del mundo de la literatura que nos han dejado este año.

1. Kate Millet

"Convertido en un lema pegadizo, la idea central del feminismo radical llegó a permear nuestro sentido común. Que la política no solo podía encontrarse en los parlamentos y en el activismo, sino también en la esfera de las relaciones personales, parecía una idea aceptable por todo el mundo: apuntaba a la construcción política de lo social, una tesis que podrían encontrarse también en otras tradiciones de pensamiento que explotaron alrededor de los años sesenta." (Eudald Espluga)

2. Juan Goytisolo.

"El escritor prescindió del chaqué protocolario, se puso una americana y una corbata de hace 35 años y soltó uno de los discursos más breves en la historia del premio. También uno de los más políticos. 'Digamos bien alto que podemos', dijo en un claro guiño a la situación política española. 'Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia (...) La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera'." (Luis M. Rodríguez)

3. Denis Johnson.

"De la literatura de este heredero del realismo sucio se ha dicho que abría paso a una nueva corriente: el nihilismo mágico. Sin embargo, esta consideración está ligada a la propia vida del autor, a una trayectoria personal que 'Hijo de Jesús' ayudó a inmiscuir para siempre en su obra. ¿Hasta qué punto su muerte agrandará su figura, transmutándolo en uno de esos mitos que habitan nuestro imaginario libresco?" (Eudald Espluga)

4. Sergio González Rodríguez.

"Sergio González Rodríguez, quien durante una pesquisa sobre la muerte de las mujeres en la región de Chihuahua fuera atacado por sicarios, falleció el día de ayer de un infarto. Picahielos penetrando la dermis de sus muslos, culatas de revólvers impactando en su cráneo y una póstuma operación para extraerle de la cabeza un coágulo de sangre del tamaño de una pelota de golf, no impidieron que el autor de Los 43 de Iguala llevara a cabo su investigación y la plasamara en un libro." (Alberto del Castillo)

5. Margaux Fragoso

"Margaux Fragoso tenía ríos de valentía en sus venas cuando a antes de cumplir los treinta años decidió sentarse a escribir sus memorias. Y no porque escribir una memoria tan joven sea algo atrevido de por sí, sino porque la denuncia y el recuerdo que su texto contenía era estremecedor." (Luna Miguel)

6. John Ashbery

"Ashbery era un enemigo de lo obvio —y pensaba que la poesía política no hace sino hablar de cosas que ya se saben y con las que uno ya está de acuerdo—, de ahí que a lo largo de su vida fuera distinguido y menospreciado al mismo tiempo por su oscuridad, por lo indescifrable de su escritura." (Eudald Espluga)

7. Eduardo del Río, "Rius"

"Si la funeraria Gayosso pudiera pavonearse o presumir, presumiría o se pavonearía de suponer el principio y el final de la carrera del viñetista mexicano Eduardo del Río, ‘Rius’. El principio porque fue ahí donde hace más de sesenta años trabajaba como telefonista y llenaba el tiempo entre llamada y llamada con lecturas y dibujos. Porque fue ahí donde Pancho Patiño, el editor de la revista Já-já, puso el ojo en sus cartones. Y porque fue ahí, por lo tanto, donde de “pura chiripada”, Rius puso el primer cimiento para ser quien ha sido: el mejor historietista, viñetista o monero de México. (Alberto del Castillo)

8. Antoni Domènech

"Ya sea por su rechazo al mandarinismo o por su abrumadora erudición, de la que gozaba como una golosina, pero que lo alejaba de las columnas de opinión, el catalán nunca protagonizó portadas ni primeros planos: era siempre el pensador que estaba detrás de." (Eudald Espluga)

9. Liu Xiaobo.

"Entre los obituarios y las denuncias que han llenado los medios de comunicación tras la muerte del activista, quizá haya pasado desapercibida la noticia que sacaba The New York Times. En una pequeña nota, el periódico americano daba a conocer la última actividad literaria a la que se había dedicado Liu Xiaobo, ya hospitalizado y bajo custodia policial: escribir un prólogo para el libro que estaba preparando su esposa, la artista y poeta Liu Xia. "Mi alabanza quizá sea un veneno imperdonable", empezaba el texto." (Eudald Espluga)

10. Joanne Kyger

"Como las Sinsombrero a la Generación del 27, la cara femenina de la Generación Beat fue primero desdeñada y luego rescatada por ciertos sectores. La figura de esta poeta ha sido equiparada a la de otras poetas como Diane di Prima o Anne Waldman, también integrantes de esta cara femenina. Una cara de la que con anterioridad hemos hablado en estos términos: “Qué triste resulta que una escritora debe considerarse a sí misma un personaje secundario durante toda su vida”. (Alberto del Castillo)

11. Ricardo Pigilia.

"A un ritmo de doce horas al día, los siete días de la semana y con cinco asistentes, Piglia dictaba, escribía, reescribía y ordenaba las páginas de los más de trescientos cuadernos con la ayuda de un ordenador en el que escribía con la mirada. Bajo este mecanismo de laburo, Piglia dio forma a seis libros que deben ir viendo la luz en los próximos años. Como resistiéndose a morir. Programando con su editorial las fechas en las que deben ir apareciendo los títulos." (Alberto del Castillo)

obituario escritores

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