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¿Por qué el violeta se ha convertido en el color del feminismo?

Se trata de una leyenda que se remonta al año 1911

Eudald Espluga

14 Febrero 2018 17:51

El violeta es el color del feminismo. Lo tenemos interiorizado, pero ni tan solo nos hemos preguntado el porqué. Lo mismo nos pasa a muchos hombres con el resto de discusiones en torno a la lucha de las mujeres. Conocemos de oídas debates y polémicas, sabemos de las principales reivindicaciones e incluso manejamos el lenguaje básico del movimiento: patriarcado, género, mansplanning. Sin embargo, ¿cuántas veces hemos cogido un manual de historia del feminismo para conocer a fondo su historia? ¿Cuántas veces hemos intentado ir más allá del blanco y negro de los debates sobre prostitución en Twitter? ¿Cuántas veces hemos escarbado en el pensamiento de las grandes feministas más allá de sus conocidos lemas?

La versión ilustrada de Feminismo para principantes, de Nuria Varela, basta para descubrir todas nuestras carencias. No es un ensayo académico, ni una historia en 8 volúmenes: es un cómic para dummies. Están sólo las ideas más básicas, radicalmente concentradas en cada viñeta, y aun así sus 200 páginas son suficientes para que nos demos cuenta de lo necesario que es esta publicación: ni tan solo sabemos por qué el violeta.

En esta reedición ilustrada, los dibujos de Antonia Santolaya acompañan la explicación de Varela: "la leyenda cuenta que se adoptó en honor a las 146 mujeres que murieron en una fábrica textil de Estados Unidos en 1911, cuando el empresario, ante la huelga de las trabajadoras, prendió fuego a la fábrica con todas las mujeres dentro. Esa misma leyenda relata que las telas sobre las que estaban trabajando las obreras eran de color violeta. Las más poéticas aseguran que era el humo que salía de la fábrica, y se podía ver a kilómetros de distancia, el que tenía ese color".

Os dejamos con otras preguntas de las que todos deberíamos saber la respuesta:

1. ¿Quién fue la primera feminista de la historia?

Aunque preguntarse por la "primera feminista de la historia" sea hasta cierto punto absurdo, las respuestas no lo son en absoluto. Nuria Varela remonta su historia hasta Christine de Pizan, nacida en 1934, que fue la primera escritora profesional reconocida por el gremio. En sus textos, no solo abordaba temas como la violación o el acceso de las mujeres al conocimiento, sino que además fue la primera en atreverse a rebatir públicamente los argumentos misóginos en defensa de los derechos de las mujeres.

2. ¿Las sufragistas sólo reivindicaban el derecho a voto?

Asociamos el sufragismo con una lucha bastante simple y clara: conseguir que las mujeres pudieran votar. Sin embargo, como movimiento, reclamaron mucho más que el sufragio universal: "reivindicaban los derechos civiles, compartir la patria potestad de los hijos, administrar los propios bienes: denunciaban que sus maridos fueran los administradores de los bienes conyugales, incluso de lo que ganaban ellas en el trabajo".

3. ¿Quién fue el primer gran aliado feminista?

La categoría de "aliado feminista" es problemática, pero parece que cobra especial sentido cuando se refiere a John Stuart Mill, el único hombre al que Nuria Varela le dedica un capítulo. Se le respeta por haber escrito un libro fundamental para el feminismo —La sujeción de la mujer, publicado en 1869— pero especialmente por haber llevado a la práctica su compromiso feminista, tanto en su trabajo como diputado en la Cámara de los comunes como en su vida íntima. Destaca la carta que mandó a Harriet Taylor, la que sería su futura esposa, renunciando formalmente a los privilegios injustos que le concedería la institución matrimonial.

4. ¿Quién fue Clara Zetkin?

El de Clara Zetkin es uno de aquellos nombres fundamentales que todavía no ha gozado del reconocimiento que merece. Nacida en 1857, Zetkin "puso las bases para un movimiento socialista femenino". Activa militante comunista, dirigió la revista femenina Igualdad y en 1907 organizó la Conferencia Internacional de Mujeres en Stuttgart.

5. ¿Existe un feminismo romaní en España?

Varela dedica una parte del libro a repasar la historia del feminismo español, y se detiene en ámbitos poco conocidos como el feminismo académico (reivindicando nombres importantísimos como los de Celia Amorós o Amelia Valcárcel), o el feminismo romaní, que empezó a organizarse en 1990 en Granada. Además de las luchas compartidas con el resto del movimiento, el feminismo romaní aspira a combatir un estereotipo muy arraigado: el de la "mujer gitana".

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