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Ni musa excéntrica, ni poeta en cueros: Pita Amor fue la mujer más brutal de México

100 años del nacimiento de una de las mujeres más increíbles de las letras mexicanas

Luna Miguel

30 Mayo 2018 18:54

1. Qué extraño. Si eres hombre, poeta, alcohólico y acabaste tu vida de forma trágica, tienes todas las papeletas para convertirte en escritor maldito. Pero si eres mujer, poeta, vividora y acabaste tu vida de forma trágica, lo que muchos dirán de ti —incluso tus más allegados, los que te leen, algunos de los que re reivindican— es que fuiste una “musa”, una “poetisa a la sombra de tu forma de vida”, una “excéntrica”.

2. Ser musa. Cuánto peso en una palabra tan breve. Cuánta condena. Porque mientras en México una figura como la de Papasquiaro llegaba a considerarse la de un genio, otra como la de Pita Amor, de cuyo nacimiento se celebran hoy 100 años, llegó a marchitarse y a condenarse, en el olvido al que desterramos a quienes se atrevieron a ser libres, a bailar desnudas, a escribir sobre locura y desamor.

3. Pita Amor, por suerte, es hoy más que las habladurías que sobre ella revolotearon. Lo demuestran las decenas de lecturas conmemorativas y artículos que la recuerdan, así como las legiones de jóvenes poetas que han decidido sacarla de las sombras. Escritores como el poblano César Bringas, por ejemplo, que el próximo día 6 de junio dará una conferencia sobre la escritora y que dirigiéndose a PlayGround asegura que perteneció “al último coletazo de las grandes leyendas de la cultura popular mexicana del siglo XX, esa que se creó a partir de la posrevolución y se volvió semillero de las figuras que hoy son inseparables de la identidad del mexicano común: Diego Rivera, Frida Kahlo, María Félix, Chavela Vargas, Dolores del Río, Guillermo Haro, Octavio Paz, María Izquierdo, Rufino Tamayo, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y un largo etc”.

4. Así es. Amor, como esa lista de nombres, fue leyenda. Es leyenda. Se remueve, otra vez, en nuestro imaginario, como leyenda. Algo de lo que la propia Amor renegaba, porque sólo los verdaderos héroes reniegan de su importancia. Comparada en vida con la mismísima Sor Juana Inés de la Cruz, Amor prefirió reírse y decir que en todo caso ella era “más mística” que la religiosa. También desdeño su propia literatura, atreviéndose a escribir poemas en servilletas garabateadas con su lápiz de ojos. Y se burló de los críticos que alababan su obra, así como de los escritores que le recriminaron su silencio, publicando en su última etapa libros de poemas crudos y radicales, en los que llegó a describirse como “histérica, loca, desquiciada; pero a la eternidad ya sentenciada”.

5. Pita Amor —Guadalupe Amor en las portadas de sus libros y biografías— estuvo en silencio. Mucho tiempo. Calladita. Deshecha. Medio ida. Estuvo en un silencio que se lo cambió y se lo comió todo, cuando su hijo Manuel, de sólo un año y sete meses, “murió ahogado en la pileta de la casa de los Fournier”, tal y como nos explica Bringas “rodeado de lirios de agua lo encuentra una de las sirvientas de Carolina”.

6. Ella que había odiado ser madre. Ella que había detestado aquello en lo que su cuerpo se convirtió tras la cesárea. Ella que se quedó sola, triste, encerrada en un psiquiátrico, pobre como una rata, abandonada cuando su marido dejó de “pagarle los caprichos” y cuando su familia le declinó el dinero. Ella que había sido la nueva Sor Juana Inés de la Cruz fue de pronto una loca. Una descarriada. Como si las leyendas no pudieran sufrir. Como si las mujeres no pudieran desangrarse en público.

7. Pero le dio igual. A Amor todo le daba igual. Hizo en público lo que México no le permitía mostrar. Posó desnuda, por ejemplo, para Diego Rivera y otros artistas célebres de su generación. Fue colega de otros artistas como Frida Kahlo o Salvador Dalí. Y amiga de autoras feministas de otros puntos de América Latina como fue el caso de Gabriela Mistral, demostrando que juntas, las poetas, podían ser poderosas. Dejó que los periodistas visitaran su casa, que se la encontraran ataviada con “hasta sesenta collares colgando de su cuello”. Paseó con sólo una gabardina y tacones por los barrios en los que bebía hasta altas horas de la madrugada. Acumuló tesoros como un Diógenes dorado, para venderlos después, cuando sus cuerpo frágil se acercaba al día de su muerte. Porque aunque parecía eterna, también murió. Llegó hasta mayo del año 2000 para asomarse al nuevo siglo y poder contarlo.

8. Sobre su muerte ha escrito mucho su sobrina, la también escritora Elena Poniatowska: “se decía que no era posible que una mujer tan frívola hubiera escrito esos versos. Pero sus sonetos eran perfectos”. Lo que tuvo que añadir sobre “tía Pita” fue lo que cualquier niño diría ante un adulto tan extraño y tan brillante: recordaba su olor, su decrepitud y sus joyas. Recordaba haber estado en su casa. Esa casa que tantas veces era metáfora en sus poemas. Esa casa que pasó de albergarlo absolutamente todo —hasta montañas de libros, ediciones preciosas de Federico García Lorca y poetas del Siglo de Oro— a no guardar nada, casi como una premonición. ¿No son nuestros primeros poemas reflejos firmes de aquello que será nuestra vida? ¿No son versos como “casa redonda tenía / de redonda soledad: / el aire que la invadía / era redonda armonía / de irrespirable ansiedad…” el broche perfecto para quien invocó a la muerte desde los 27 años?

9. La imagen lúcida de una Pita Amor a los 27, sin embargo, no es la que buena parte de la sociedad mexicana recuerda, quizá porque en el ocaso de su vida, su figura de vieja cascarrabias inspiró a un personaje de televisión, en el que un hombre se disfrazaba de ella y contaba chistes a menudo zafios y sexistas.

10. No os quepa duda. Si Pita Amor fue musa, es porque ella quiso serlo. Si Pita Amor fue desagradable, es porque ella quiso serlo. Si Pita Amor fue promiscua, es porque ella quiso serlo. Si pita amor fue surrealista, es porque ella quiso serlo. Si Amor fue frívola, es porque ella quiso serlo. Si Pita Amor fue descuidada, es porque ella quiso serlo. Y tampoco os quepa duda de que si Pita Amor fue la poeta más brutal de México, es porque ella, y sólo ella, escribió los poemas que le llevaron a serlo.

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