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Lit

Ellos la violaron primero; ahora vosotros le queréis cortar la lengua

/OPINIÓN/ "Igual que Tereo arrancó la lengua a Filomela para que no pudiera denunciar su violación, hoy la parte más oscura y machista de nuestra sociedad quiere callar a la víctima de La Manada"

Luna Miguel

17 Noviembre 2017 15:04

“Ella tiembla, como una cordera asustada que, herida, de la boca

de un cano lobo se ha sacudido, y todavía a sí misma a salvo no se cree,

o como una paloma, humedecidas de su propia sangre sus plumas,

se horroriza todavía y tiene miedo de esas ávidas uñas con las que la cogieron”.

La historia de la literatura está repleta de violaciones. Sólo la obra de Ovidio y sólo sus Metamorfosis cuentan con varios ejemplos de muchachas engañadas, vejadas y agredidas sexualmente como eje central de la trama. De entre todas esas historias, es posible que la más terrible, cruel y célebre de todas sea la de Filomela, a quien su cuñado Tereo violó cuando viajaban juntos para visitar a la esposa de este.

Lo terrible de la escena, como algunos piensan, no reside en el retrato de una violación que es además un incesto. El horror de esta narración se encuentra en el momento en que Tereo, ante los insultos y gritos de Filomela, decide cortar la lengua a la hermana de su mujer con tal de que no le pueda contarle lo que acaba de sufrir.

“Él, ésa que estaba indignada y por su nombre al padre sin cesar llamaba

y luchaba por hablar, cogiéndosela con una tenazas, su lengua,

se la arrancó con su espada fiera. La raíz riela última de su lengua.

Ésta en sí, yace, y a la tierra negra, temblando, murmura,

y, como saltar suele la cola de una mutilada culebra, palpita”.

Qué bruto el gesto. Qué dolorosa la tenaza. Y sin embargo: qué poco ha cambiado el castigo a la mujer violada de los versos de Ovidio hasta nuestros días, cuando en los tribunales una joven de dieciocho años está siendo juzgada por ser víctima. Cuando después de haber sido penetrada por cinco cuerpos desconocidos debe someterse a un proceso judicial y a una opinión pública que quiere castigarla por haber decidido rehacer su vida. Por querer ser normal. Por seguir respirando. Por atreverse a denunciar a los cinco Tereos de La Manada que la violaron.

Igual que una dura tenaza de ficción rompía su lengua a la inocente Filomela, hoy la parte más oscura y machista de nuestra sociedad pretende arrancársela de cuajo a otra joven cuyo único delito es el de buscar justicia. Escribió Ovido además que aún con la rabia y el ansia en su cuerpo, Tereo decidió darle a Filomela su tercer castigo. Que después de violarla y mutilarla se cebó con su cuerpo de y la violó nuevo. ¿Y no es ese tercer castigo el que le estamos dando a la víctima de La Manada? ¿No nos estamos convirtiendo nosotros, con nuestros desvirtuados juicios, en ese monstruo que se ensaña?

“Después también de esta fechoría —apenas me atrevería a creerlo— se cuenta

que a menudo por su lujuria volvió a buscar el lacerado cuerpo”.

Hace unos días, la escritora colombiana Vanessa Londoño opinaba en el diario Semana que el hecho de que las mujeres de nuestro tiempo escriban para denunciar la violencia que se ejerce contra ellas es una victoria y un homenaje a otras mujeres que, por ser deslenguadas, nunca pudieron contarlo.

Tomando las palabras de Londoño. Buscando esos espacios en los que se nos devuelva la lengua, lo más sensato que podemos hacer hoy es usarla para culpar a La Manada. Para gritar en las decenas de manifestaciones que se han convocado hoy a las 18:00 h a lo largo de todo el país en protesta por este juicio injusto. Para salivar y cantar. Para escupir y manifestar. Para usarla a nuestro antojo, en honor a toda Filomela.

opinión violación justicia

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