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Lit

Él nos enseñó que Latinoamérica es el ano del mundo

Una aproximación a la obra de Johan Mijail, periodista, escritor, performer y activista que este agosto publicará 'Manual antirracista: escrituras para una biografía inmigrante'

Eudald Espluga

09 Mayo 2018 15:28

Johan Mijail empieza a caminar entre el público. Con el gesto tranquilo, casi burlón, se planta en medio de la sala, en silencio, y devuelve la mirada a la audiencia. Su intervención forma parte del seminario 'Racismo en Chile', celebrado en abril de 2015 en la Universidad de Chile, y la presentadora ha introducido su acto con la formalidad institucional esperada en la academia. Pero los asistentes pronto descubren que no será una ponencia al uso, y que Mijail —performer, además de escritor, periodista y activista— les obligará a poner el cuerpo, a formar parte tanto física como emocionalmente de la lectura de su poemario, Pordioseros del Caribe.

Su transgresión no es vacía. Mijail entiende que sus libros son algo más que un montón de palabras enterradas en un centenar de páginas. Los ve como una "bachata mal escrita", una suerte de performance textual y sexual que necesita ser leída en voz alta. Cuando actúa aspira a generar una determinada atmósfera afectiva, para que la lectura no sea un acto solitario y solipsista, sino una intervención material en el contexto, que manifieste los límites de lo posible: quiere descubrir "las posibilidades poéticas y políticas que abre un cuerpo negro y trans".

La preocupación por pensar la intersección entre procesos migratorios, raza, sexualidad y género no sólo es resultado de su investigación académica sobre la construcción de los imaginarios transferministas y decoloniales, sino que nace de su propia experiencia biográfica, que ha volcado en el libro Manual antirracista: escrituras para una biografía inmigrante (Libros de la Mujer Rota), que se publicará en agosto.

Johan Mijail nació en 1990, en la República Dominicana. "Se me nota que no nací y crecí en un contexto burgués y acomodado", explica en una entrevista para El desconcierto. "Uno no llega a la política simplemente por convicción, sino porque, entre otras cosas, uno sabe que todo está atravesado por la clase y que te ha dañado". Sin ir más lejor, él se crió bajo el dominio de un "tíguere", un "neo macho dominicano", al que define como un padre proveedor que nunca vivió en su casa: "papi nos tenía en un departamento soñado, donde vivíamos nosotros, los hijos de la negra. Y tenía otro donde vivía con su mujer blanca".

Se formó intelectualmente entre lecturas feministas (leyó a Simone de Beauvoir y Susan Sontag antes de terminar su etapa escolar) y el sincretismo cultural caribeño que encarnaba su madre. Fue ella quien lo introdujo a la espiritualidad yoruba y a todo tipo de ritos paganos. Ambas tradiciones han marcado su piel: en un antebrazo luce a Ezili Dantor, la virgen negra de Haití que sostiene un cuchillo y su hijo negro en brazos; en el otro, el dibujo de la isla que la República Dominicana comparte con Haití.

La lucha contra la negación de la cultura negra en las islas caribeñas ha marcado su obra, pero también la migración, porque Mijail forma parte de los muchos escritores dominicanos en la diáspora. La singularidad de su caso, sin embargo, radica en el hecho que ha invertido la dirección del flujo migratorio: como explica en The Clinic, en vez de dirigirse a Norteamérica, se marchó hacia el sur, hacia Chile, hacia "el ano del mundo".

No es una metáfora banal. En su obra, Mijail ha hecho del ano una categoría política y epistemológica desde la que abordar la realidad de los subalternos. "La producción de un conocimiento completamente anal, donde no tiene que ver esa racionalidad del hombre blanco" es también un gesto descolonial. De hecho, su performance más conocida es 'Amor Vegetal', presentada por primera vez en 2015, y consistía en introducirse en el ano una frondosa rama de plátano oriental, con las nalgas y los genitales manchados de pintura roja.

Con sus obras aborda los estigmas sexuales y raciales, rechazando al mismo tiempo la infantilización del migrante que se produce cuando, por ejemplo, se lo exculpa de sus comportamientos homófobos. Considera que ciertos tipos de discriminación positiva facilitan el olvido de la memoria de resistencia de los cuerpos: en un texto que forma parte de Inflamadas de retórica: escrituras promiscuas para una tecno-decolonialidad (Editorial Desbordes), explica cómo un obrero chileno le gritó "masisi", que en criollo haitiano significa "maricón". "Él me grita 'masisi' porque de seguro en su espacio de trabajo, de hombre trabajador, ese hombre que llena de orgullo a la izquierda masculina comparte su espacio laboral con haitianos que le enseñan la homofobia en su idioma".

Johan Mijail escribe para fugarse de las políticas hegemónicas. Para escapar con "su cuerpo extranjero" al régimen heterosexual. Para aparecer en el espacio público. Escribe desde el feminismo minoriatrio e insolente que ve en la literatura una tecnología subjetivación. Escribe "buscando el color, los matices, ejercitando una letra que se constituye en el error, insisto: en el desplazamiento de los órdenes del sentido común, de la línea recta que sustenta la arquitectura heterosocial".

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