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Lit

“No existe una literatura gay, es sólo literatura”

John Better es un 'escritor parricida', heredero de Pedro Lemebel y una de las voces más impresionantes de la nueva literatura colombiana

Alberto Del Castillo

22 Agosto 2017 10:49

John Better es un parricida —al menos en el sentido figurado de la palabra—.

En A la cas/za del chico espantapájaros (Emecé, 2016), su primera novela, el escritor colombiano habla del alcoholismo de su abuelo, de la esquizofrenia de su prima o de la enfermedad nerviosa que su madre padeció de pequeña. El libro, de vocación autobiográfica, habla de las miserias de su familia.

“A los editores les gusta que narre mis miserias, quizá porque allí puedo diseccionarme sin misericordia y el resultado es grotescamente encantador”, dijo en una ocasión.

Y esa voluntad de agradar a editores le ha valido el comentario de su madre que da sentido a su condición de parricida figurado: “Me has matado en la novela”.

El lenguaje de Better es como el de su madre: corrosivo y colérico. Al leerlo eres consciente de que hay amor en sus palabras. Pero también rabia, mucha rabia. Rabia hacia la caduca y reaccionaria tradición literaria colombiana.

“A los autores colombianos deberían de etiquetarlos de una manera simple: 1. Aburridos, 2. Autores con fecha de vencimiento y 3. Los más publicitados. Yo soy más bien uno de esos autores que vienen en una lata sin etiqueta, en la que podrías encontrar frijoles, sardinas pasadas y comida para perros”.

“Pues es que los escritores de este continente parecen hacer escuela en la misma facultad con decano emérito. Todos son nietos de Gabito, todos bien puestos, son una horrible sociedad de burgueses sin alma al servicio de siniestros intereses”.

Esta cruzada con el establishment literario bebe, indudablemente, del que hacía gala Pedro Lemebel. Better mantuvo una sólida e intensa relación de amistad con el chileno, quien prologó su segundo libro, Locas de felicidad, hasta que murió en 2015.

Better también escribe con rabia hacia el trato recibido. Es homosexual y ha tenido que lidiar con aquellos sectores de la sociedad que reúnen las mismas características que la literatura contra la que se levanta en pie de guerra. Caducos y reaccionarios.

Por eso sus respuestas en las entrevistas que hay en internet son auténticas diatribas. Better no deja títere con cabeza: “Las campañas se limitan a repartir condones como si ser homosexual sólo fuese follar, follar y follar”

Además, huye de taxonomías: “No creo que exista una literatura gay, es solo literatura. Lo que pasa es que lo quieren encasillar para desvalorizarla”.

Y es lógico: si no hay literatura heterosexual -más allá de aquellos escritores que se miden la polla y comparan el tamaño del miembro-, no tiene sentido hablar de literatura homosexual o LGBTI.

La escritura de Better, como si de una piedra calcárea se tratara, deja que su estilo se filtre. Su estilo, no su orientación sexual. Habla de seres humanos y describe situaciones:

Pero había otra cosa que ardía como el petróleo. Algo que incendiaba nuestras vidas. Un elemento inflamable que se sumaba al miedo, la frustración y el abandono que nos embargaban por aquellos años. Esa cosa era el amor. Vivíamos enamorados todo el tiempo. El amor fue nuestro combustible. Era solo cuestión de encender su mecha con un trago, un pase de perico, unas ganas inmensas de bailar o de oír una canción para que esta ciudad ardiera más de lo acostumbrado.

Quizás por eso, por su cercanía con la periferia social, con la escena más alternativa y con los bajos fondos de la sociedad, el atributo que mejor definiría su literatura es marginal. Novelista 'marginal'. Periodista marginal. Poeta marginal.

Porque Better también es poeta y periodista. Como poeta, su estilo se caracteriza por el amor que se superpone a la agresividad y la agresividad que se superpone al amor. A la dificultad de aprender a amar siendo odiado.

Todo es basura quemada

Incluso tus labios donde se hospeda una medusa de fiebre

También tu lengua de filosas espinas plateadas

Todo es basura quemada amor

Incluso Jhune y Kent tan distantes de mí y al otro lado

de la cámara pajeándose sobre un mugroso colchón en

algún scort de Manila

También Koyiro asombrada de ver flotar libélulas en el

agua del lavatorio

 

Todo es basura quemada

Excepto este poema que hasta ahora empieza a arder

Como periodista, escribe en algunas de las revistas culturales más importantes de Colombia y construye relatos que hibridan lo verdadero y aquello que es “poéticamente realista”.

Escribe sobre una relación complicada con una pareja que tenía VIH. Sobre el precio de los prostitutos en Barranquilla. Sobre pornografía casera. Escribe de lo que ha visto y ve. Algunas de las cosas que ha visto, dice, fueron vistas desde la perspectiva de masajista erótico. Y esa experiencia, por ejemplo, también se filtra en su obra.

Y Better también ha guionizado un programa de televisión llamado Crónicas Translocadas. En él se recogen, de forma documental, los testimonios de ocho personajes LGBTI: una exprostituta que se mueve por los pasillos del ministerio de interior luchando por los derechos trans o un extravesti que vende pescado son dos de los ocho capítulos que componen la serie.

Esa reivindicación permanente, esa cercanía a los bajos fondos de la sociedad, esa condición de autor multidisciplinar. Todas esas circunstancias le valen el apelativo de una-de-las-voces-más-interesantes-de-la-nueva-narrativa-colombiana.

Todas estas circunstancias bien le valen un sitio en este peculiar olimpo junto a otros autores como Giuseppe Caputo, Gloria Susana Esquivel o Alberto Salcedo Ramos.


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