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Lit

A los poetas las mujeres les gustaban mudas

En menos de 200 palabras y con mucho humor el novelista y profesor Antonio Orejudo explica a la perfección siglos y siglos de machismo en la literatura. Recuperamos una cita de su maravilloso ‘Grandes éxitos’ (Tusquets) para que veáis de qué estamos hablando cuando hablamos de babosería poética

Luna Miguel

31 Mayo 2018 16:05

¿Os acordáis de la chica del tranvía? ¿Esa a la que un chaval de Murcia persiguió con ansia enamorada y cuya historia se convirtió en el peor melodrama sexista de 2017?

En aquellos días, España se dividió entre los que decían que el gesto de él era obsesivo y machista y los que pensaban que sólo era amor. Para explicar nuestra postura, evidentemente más cercana a la primera, nosotros utilizamos un poema de Charles Baudelaire titulado A una transeúnte, en el que el poeta de París también se topaba con una moza que le volaba la cabeza.

Esta anécdota, la del tranvía, es una de las primeras que el novelista y profesor Antonio Orejudo utiliza en su maravilloso ensayo Grandes éxitos (Tusquets), para contarnos cómo la literatura tiene un poder brutal —y a veces espantoso— sobre nuestra manera de concebir el mundo. Y en este caso, cómo a través de cierta poesía amorosa, hemos acabado por asumir la verdad de que la mujer es un objeto cuyo único destino es el de ser adorada por los entregados hombres que quieran poseerla.

Grandes éxitos, que en apariencia es una antología de los fracasos y las neurosis de su autor, acaba convirtiéndose en una magistral clase de literatura, pero también en una invitación a la autocrítica y a la revisión de nuestras letras en clave feminista:

«Pocas convenciones literarias han contribuido más a la construcción en el imaginario colectivo de una imagen de la mujer tan nociva como alejada de la realidad. La mujer a la que cantaban los trovadores y que después inspirará a los poetas italianos del dolce stil novo y luego a los poetas del Renacimiento y luego a los románticos en una sucesión de poemas y canciones que llega hasta la última balada contemporánea es una figura pasiva, distante, desdeñosa y admirable.

Y sobre todo muda.

Las mujeres no hablan nunca en los poemas amorosos de Dante, Petrarca o Garcilaso de la Vega. Sabemos que los hombres se enamoran de ellas con solo mirarlas, pero ninguno de los miles y miles de poemas petrarquistas que se han escrito en el mundo nos dice por qué las mujeres no corresponden a esos tenaces y apasionados amantes, que mueren por ellas al contemplar sus blancas pieles y sus cabellos de oro. A la pregunta de qué sienten las amadas del Siglo de Oro despertando semejante veneración, los poetas responden con silencio».

Antonio Orejudo, en Grandes Éxitos (Tusquets, 2018)

Grandes éxitos (Andanzas)

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