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#ÚLTIMAHORA contra el machismo literario: “censura eres tú”

La campaña para desenmascarar el machismo literario y el acoso sexual en el mundo editorial sigue adelante: estas son las últimas lecturas que recomendamos

Eudald Espluga

19 Marzo 2018 14:21

Cinco lecturas muy importantes de la semana y por qué las recomendamos:

1. La religión, el fascismo, el comunismo y, ahora, el feminismo. Estos han sido los más resueltos enemigos de la literatura según Mario Vargas Llosa, que este domingo publicaba una inflamada columna contra la voluntad adecentadora y censora de aquellas que quieren descontaminar la literatura de "machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades". El argumento del premio Nobel es simple: "quienes quieren juzgar la literatura desde un punto de vista ideológico, religioso y moral se verán siempre en aprietos". Sin embargo, el escritor olvida que la literatua es inevitablemente política —siempre implica una toma posición ideológica y moral—, y además se niega a entender que las reivindicaciones que tanto le horrorizan apuntan a una injusticia estructural en la recepción de la literatura. Por ello, la periodista y guionista Henar Álvarez contestó a la polémica generada por la columna pidiendo en Twitter que aquellas que tuvieran hijos e hijas en edad escolar hicieran fotos de sus libros de textos y las subieran. "Buscad las generaciones literarias y a quienes nombran como integrantes. Demostremos a quien se censura y no dejemos que utilicen absurdos argumentos contra el feminismo".

2. Esta invisibilización la encontrábamos también hace una semana en la columna de Javier Marías, titulada 'También uno se harta', en la que entablaba un diálogo con dos escritoras, poetas y periodistas a las que se negaba a nombrar "por delicadeza": "una joven columnista publica..." o "una escritora que presume de sus erotismos...". Con este último apelativo se refería a Gabriela Wiener, y la relegaba a una situación de inferioridad diciendo que "pidió con ahínco entrevistarme hace unos años". No sólo la borraba como adversario dialéctico al negarle el nombre —aunque sí se permitía llamarla mentirosa, ignorante y, sí, machista—, sino que utilizaba sus críticas para justificar que "no me ando fijando en el sexo de las obras buenas". Un lema que resume perfectamente el mecanismo mediante el cual se perpetua la dominación masculina en la historia de la literatura y que nos puede llevar a pensar que, quizá, más que el feminismo, el principal enemigo de la literatura es el menosprecio activo y pasivo hacia las escritoras.

3. No es extraño, en este contexto, que la lucha por la feminización del canon literario en castellano pase por la reivindicación del "club de las poetas invisibles". En La Vanguardia han lanzado un reportaje a propósito de las diversas antologías de mujeres que se han publicando recientemente y que buscan visibilizar a un enorme número de autoras que han sido sistemáticamente bandeadas. Genialogías, de Tigre de Paper, el proyecto Cien de Cien con el que Elena Medel lleva años trabajando y que ahora se convertirá en una antología, o la Antología de poetas españolas que acaba de publicar Alba editorial son ejemplos de esta lucha continuada por ensanchar el canon.

4. Otro tipo de invisibilización es el que se denuncia en Ask Me About My Uterus, el libro de Abby Norman que investiga cómo y por qué el dolor de las mujeres ha sido históricamente ignorado por el establishment médico. A partir de su propia experiencia con la endometriosis, Norman ha escrito una crónica de su batalla contra la enfermedad, especialmente de lo difícil que ha sido conseguir que se tomaran su dolor en serio. Desde la erotización de la enfermedad en las mujeres hasta la aceptación social de que para ellas el sexo tiene que doloroso, el libro de Norman sirve tanto como archivo histórico de la negación experta del sufrimiento femenino como manifiesto para combatir las suspicacias presentes.

5. Resulta natural, entonces, el dato que nos ofrece Pubilsher Weekly: las librerías feministas están recuperando terreno. Claire Kirch, en un artículo que aborda el caso estadounidense, explica como desde los años 80 el número de librerías feministas que podían encontrarse en el país se redujo drásticamente hasta la trágica cifra de 10. Sin embargo, y especialmente desde el ascenso de Trump al poder, su número está aumentando y las ventas son cada vez mejores. Es una reacción comprensible, como explica Randi Hewit, copropietaria de una de las más recientes: "queremos crear espacios seguros en los que organizarnos. Los valores feministas son valores americanos". En este mismo sentido se expresa Susan Post, propietaria de Book Woman: "Trump es muy bueno para el feminismo".

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