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Lit

“Mi vida de escritor es una vida de vergüenza”: habla el hombre que reescribió la violencia

Édouard Louis acaba de publicar en Francia 'Quién mató a mi padre', un texto tan personal como político que nos obliga a revisitar su controvertida trayectoria

Eudald Espluga

08 Mayo 2018 09:50

Son muchos los grandes escritores que han llevado el arte de la ficción más allá de sus libros y, conscientemente o no, han trasladado la confusión entre persona y personaje hasta su vida íntima. Escritores que no entienden la literatura como un instrumento para imaginar o evadirse, sino para escarbar en sí mismos y redefinir el lugar que ocupan.

Uno de ellos es Édouard Louis: "no rechazo la ficción, simplemente pienso que mi función es hacer otra cosa". Como reconoce en una entrevista concedida esta semana a Libération, él no cree que la novela haya muerto, pero le interesan sólo aquellas obras que buscan una intervención efectiva en el mundo, ya sea en clave política o íntima. "¿Cómo se pueden usar las herramientas de la literatura para decir la verdad, para poner palabras a la experiencia vivida?"

A responder esta pregunta parece haber dedicado toda su obra, empezando por Para acabar con Eddy Bellegueule —que lo lanzó hasta la cima del mercado editorial en Francia, España y Reino Unido— hasta Qui a tué mon père (Quién mató a mi padre) —que se ha publicado esta semana en el mercado francés—. Mientras que en la primera buscaba un ajuste de cuentas con el mundo de su infancia, en este pequeño escrito en segunda persona —a medio camino entre el manifiesto político y el género epistolar— aspira a una reconciliación con la figura de su padre. Lo hace atacando la violencia de clase y el contexto sociológico que considera que causaron su muerte. Como explica Elisbeth Philippe en L'Obs, el título del libro no es una pregunta: es una acusación.

Si nos quedásemos aquí, podría parecer que no hay nada excepcional en su caso. Édouard Louis: un autor joven que, tras el éxito indudable de sus primeras novelas, declina la ferocidad que lo caracterizó hasta convertirla en sentimiento político. Un escritor ya maduro que, con las heridas cauterizadas, puede volver sobre una infancia que otrora consideró radicalmente infeliz y ofrecer una nueva perspectiva, mucho más tierna.

Sin embargo, la trayectoria de Louis no es tan simple. "Mi vida de escritor es una vida de vergüenza", confiesa en la entrevista para Libération, refiriéndose al carácter necesariamente recreativo de la escritura, que nos separa irremediablemente del mundo. Su comentario, admeás, contiene una ambigüedad fundamental, pues esta vergüenza por lo ficcional no puede desligarse de las consecuencias que tuvo la publicación de su segunda novela, Historia de violencia. En ella describía como Reda, un joven argelino con quien mantuvo relaciones sexuales, terminó violándolo y estrangulándolo. Una vez detenido y puesto en prisión preventiva, el acusado negó los hechos y demandó a su vez a Édouard Louis, exigiendo una compensación económica de 50.000€ y una faja en la novela donde se explicitara que tal violación no existió.

La polémica fue enorme, especialmente cuando se desató el rumor —nunca demostrado— de que el propio Louis reconoció a su editor que todo fue un invento. El juego de máscaras, por lo tanto, iba mucho más allá del ejercicio carnavalesco que escritores como Philip Roth han utilizado para vampirizar su biografía sin por ello exponer necesariamente ninguna verdad. Con Historia de la violencia (Salamandra), que acaba de publicarse en castellano, Louis llevó esta tensión al papel para abordar una verdad que que trascendia su experiencia, y que se configuraba como una genealogía de la violencia: "soy determinista. Creo que la sociedad nos hace víctimas de la violencia que sufrimos y también de la violencia que ejercemos sobre los otros".

Louis ha rechazado siempre la función catártica de sus escritos, y los ha presentado como una respuesta política, una forma de intervención dilatada sobre la realidad. No en vano, su literatura se inscribe en la tradición de pensamiento abierta por Didier Eribon y Michel Foucault, que parte de una concepción del poder como una fuerza que recorre transversal e irresistiblemente la sociedad, inscribiéndose en los cuerpos y las motivaciones de los ciudadanos. Pero precisamente por ello resulta menos comprensible la ignorancia (o la insensibilidad) que Louis demuestra respecto de su propia violencia: esa que —conscientemente o no— ejerce con sus escritos.

"Mi vida de escritor es una vida de vergüenza", dice el joven escritor. Peron entonces, ¿es Quién mató a mi padre un paso hacia la resolución de sus conflictos, una forma de ajustar cuentas con su pasado, una forma de exacerbar su íntima confusión con Édouard Louis el personaje?

Historia de la violencia (Narrativa)

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