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Life

Abrazar a los bebés puede alterar su ADN

El contacto físico con los neonatos tiene efectos que ni imaginas

L.M.R.

14 Diciembre 2017 10:00

Mucho se ha escrito sobre la importancia del contacto piel con piel en los primeros momentos de la vida. Los beneficios del contacto precoz epidérmico entre la madre y su recién nacido son abundantes. Y lo mismo se puede decir del contacto físico que viene luego, de los mimos, las caricias, los abrazos a ese bebé que empieza a cumplir semanas.

Ese calor humano contribuye a generar sensaciones de bienestar, intimidad y seguridad en los recién llegados al mundo. Pero los beneficios de achuchar a esas personitas que aún no entienden de qué va esto de la vida van mucho más allá de las respuestas hormonales. Llegan hasta nuestra biología más profunda. Llegan hasta el ADN.

Has leído bien. El contacto físico durante el período neonatal puede alterar la expresión genética del bebé. Esa es la sorprendente conclusión de un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Columbia Británica y publicado hace pocas semanas en Development and Psychopathology.

Para que entiendas de qué va la cosa, conviene explicar primero qué es la epigenética. El término fue acuñado por Conrad Hal Waddington para referirse al estudio de las interacciones entre genes y otros factores genéticos que son determinados por el ambiente celular en lugar de por la herencia. Esos factores genéticos —piensa en ellos como reacciones químicas— modifican la actividad y expresión de los genes pero sin alterar su secuencia.

Es algo así como si esos factores activaran o silenciaran regiones de nuestro ADN, dando lugar a distintas expresiones de esa herencia genética, pero sin modificar el genóma. Según el citado estudio, los abrazos pueden favorecer ese tipo de cambios.

Las conclusiones de los investigadores de la UBC apuntan a que la cantidad de abrazos que un bebé recibe durante sus primeras semanas de vida puede influir en la aparición de cambios epigenéticos en al menos cinco áreas concretas de su ADN. Entre ellas, áreas relacionadas con el sistema inmunológico y el metabolismo.

La muestra del estudio fue pequeña, 94 infantes. Los padres tuvieron que llevar un registro diario de la cantidad de veces que tocaban o abrazaban a sus bebés durante sus cinco primeras semanas de vida. Cinco años después tomaron muestras de ADN de esos niños y las compararon. Los genetistas encontraron que los infantes que habían disfrutado de un menor contacto físico durante la etapa neonatal mostraban perfiles moleculares en sus células que consideran subdesarrollados para su edad.

“Creemos que, en los infantes, una maduración epigenética más lenta puede reflejar un progreso menos favorable en lo que se refiere a su desarrollo, especialmente en su desarrollo psicológico”, explica uno de los autores del estudio, Michael Kobor, en un comunicado.

Así que ya lo sabes: si hablamos de bebés, mejor abrazar de más que de menos.

crianza salud genética ciencia

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