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Food

'Detrás de cada plato hay una historia, no sólo una receta'

Hay un lugar donde la comida empodera a los refugiados: “Esto no es una ONG, no queremos acercarnos desde la lástima. Buscamos a gente talentosa para darles trabajo"

Meritxell Martorell

29 Diciembre 2017 09:53

Piensa en un plato de comida saludable, moderno, equilibrado y rápido. Puede que te venga a la cabeza una ensalada de quínoa roja con salsa de aguacate, cilantro y lima. O tal vez unos dados de calabaza con semillas, cúrcuma, kale, edamame y salmón a la plancha.

Has pensado alguna vez ¿quién hay detrás de estos platos? Probablemente imagines a un chef francés o incluso a un hipster neoyorkino, pero casi seguro que no apuestas por un colectivo de refugiados que se han visto obligados a dejar su país a causa de las guerras, conflictos religiosos, violencia de género, raza, orientación sexual u otros motivos.

Bienvenidos a Barcelona Food Makers, el primer take away que reúne el “fast casual, la comida sana y la acción social” en Barcelona con un lema sugerente: “Detrás de cada plato hay una historia, no sólo una receta”

Unas manos que hablan es una imagen muy poderosa.

Lo sabe Liz Monfort, fundadora de esta iniciativa y ex directora general de Barcelona Activa, que tenía claro que quería mezclar dos de sus grandes pasiones, la gastronomía y la acción social sin olvidar los términos empresariales y económicos. “Esto no es una ONG, buscamos a gente talentosa y competente para darles trabajo. Buscamos una integración real” .

Acostumbramos a ver a los refugiados como un sólo colectivo y olvidamos que son individuos con diferentes habilidades, muchos de ellos con profesiones muy cualificadas. Ciertamente, la gastronomía permite trabajar con perfiles de personas muy distintas: cocineros, creativos, vendedores, diseñadores, fotógrafos, community managers y repartidores entre otros.

La formación de los empleados corre a cargo de la empresa y el modelo de comida es siempre el mismo: productos frescos, balance nutricional y producción diaria. Aunque tienen tienda física en el Passeig de Sant Joan 13 de Barcelona, trabajan también como take away para empresas, especializándose en cáterings y eventos grandes tales como rodajes y festivales.

Una de sus apuestas más ambiciosas fue la participación y adjudicación del concurso organizado por el festival de música electrónica DGTL el pasado mes de agosto. Se ocuparon de todo el cátering del Festival preparando más de 12.000 raciones de comida vegatariana y vegana, contratando un total de 16 refugiados.

“Esto sí que es integración real”- asegura Marta del equipo Barcelona Food Makers, mientras me enseña la foto del evento.

Refugiados de distintos lugares del mundo sirviendo comida a ritmo de música electrónica. “Fue increíble, aún se me ponen los pelos de punta”- recuerda nostálgica y me dice: “Fíjate hasta qué punto el festival los empoderó que el 70% de la gente contratada para el evento encontró trabajo a la semana siguiente”.

Damos oportunidades y recibimos aportaciones únicas “cada refugiado tiene nuevas ideas y sabores, algo inevitable y a la vez imprescindible, toques muy especiales del país de origen, especias, nuevos ingredientes, combinaciones imposibles pero deliciosas. Hay que dar rienda a la diversidad, creatividad y complementariedad”.

Mohammed (nombre inventado por motivos de seguridad ) es un chico de Malí que a través de la ONG ACCEM y recién llegado a Barcelona participó en uno de los eventos y quedó fascinado al ver a Mikio Tsunekawa preparando rollos de sushi.

Aprendió muy rápido y hoy cocina su propio sushi y unos poke bowls excelentes, su cocina derrocha un innato sentido estético, creativo, metódico y perfeccionista- confiesa Liz.

El modelo de negocio pasa por los distintos modelos de ocupabilidad. Contratan a gente para que desarrolle un servicio concreto, pero también a personas con las que pretenden potenciar una franquicia social protegida. “Queremos crecer y de momento lo estamos haciendo poco a poco, primero con refugiados y luego con personas sin techo o sin papeles”.

Todo esto lleva mucho tiempo, pero la idea es siempre la misma: dar trabajo a los más desfavorecidos y potenciar siempre el crecimiento personal pero también empresarial. "De cada plato se destina un tanto por ciento a un fondo social que pueda actuar como garantía en situaciones de acceso a financiación, como microcréditos destinados a esos refugiados o familias emprendedoras que se atrevan a tener su propio negocio en este país".

Porque, como repite Liz a menudo, no se trata de asistencia social, son una empresa y quieren a gente que tire adelante sus iniciativas, ideas y por qué no más adelante también franquicias.

“No queremos acercarnos a los refugiados desde la lástima o el favor queremos hacerlo a través de una relación de igualdad y la gastronomía es una herramienta perfecta para ello”.

Asegura también que Barcelona es una ciudad con conciencia social y que cada vez más personas, entidades y empresas se implican en la integración de los más vulnerables. Augura un buen futuro a su proyecto y ve una importante cadena de tiendas en funcionamiento porque “la calidad de la comida, la diversidad y el precio son fundamentales para penetrar en el mercado, además la causa social que hay detrás es un gran valor añadido.

Míralo así: “Si tienes que comer cada día fuera de casa, sólo que lo hagas una vez a la semana con nosotros ya estás colaborando con una causa social”- resume Liz y me recuerda el precio del menú, sólo 7’95 euros. Delicioso, justo, saludable y por una buena causa.

refugiados comida derechos sociales gastronomía

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