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Culture

Todos los millennials son estúpidos (da igual del barrio del que seas)

El programa de Los Reyes de Barrio se centra en caricaturizar a los jóvenes y habla muy poco de la desigualdad entre barrios. Otro decepcionante ejemplo de cómo la TV está cada vez más desconectada de los jóvenes.

anna pacheco

25 Enero 2018 10:33

Cada vez que un programa de telerrealidad habla de *los jóvenes de hoy*, por lo general desconfío. Me asusto. Me encojo. Me agarro fuerte al cojín y deseo que no sea nada y que pase rápido. Con Los Reyes de Barrio me pasó algo así. Yo estaba comiéndome un yogurt cuando escuché la promo por accidente. “De los creadores de Gipsy Kings. Ay. No lo veas. No lo veas. “Cuatro formas de ver y afrontar la vida”, rezaba el eslogan. Y al final lo vi. Era fácil intuir de lo que se trataba. Dos pandillas de amigos de barrios ricos y dos pandillas de los pobres conviviendo en un mismo programa para mostrarte las diferencias de... ¿barrios? ¿de oportunidades? ¿de clase?

De nada.

(canción intro)
En cada barrio, una cultura
Son costumbres diferentes

El programa arranca con un rap y luces de neón. Una irritante voz en off te presenta todos los personajes: una instagrammer y su amigo de Badalona que se acaban de mudar al Raval (Los Raval Queens); tres amigos pijos del barrio de Salamanca que aspiran a convertirse en “emprendedores” e “it girls” (Los Salamanca Style); una pandilla de amigos de Burjassot que se van al concierto de flamenco de uno de ellos (Los Burjassot Flow) —en realidad son los más naturales— y tres amigas de La Moraleja extasiadas de felicidad porque celebrarán su 21º cumpleaños en Las Vegas (Las Moraleja Girls).

Los jóvenes, no importa el barrio, se muestran deliberadamente ignorantes (uno de ellos no sabe cuánto es 8x5 y cree que Toledo es lo mismo que León), exhiben con frivolidad sus deseos wannabes y piden dinero a su madre. Lo hacen chillando y de malas maneras y se comportan de las formas más arrogantes y zafias. Parecen estar hechos, en definitiva, para caerte mal. Todos. Todas.

¿Tienen costumbres y metas diferentes? Sí, claro. Una quiere ser chica de portada y el otro hacerse famoso con su firma de zapatos. Pero poco importa porque en esencia todos son la misma persona. La caricaturización del millennial llevada, una vez más, al extremo. Cuánto hastío. Qué pesadez. La misma carnaza recurrente en programas como Gandía Shore, Gipsy Kings, Mujeres y Hombres y Viceversa o Generación Ni-Ni (y si me apuras: Hermano Mayor, ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, Granjero busca esposa....) aplicada aquí. Lo de los barrios es lo de menos.

Es como si Cuatro (Mediaset) tuviera un molde preparado para hacer este tipo de programas: mismos personajes, hasta mismos efectos de sonido. Si en vez de ‘Los Reyes de Barrio’ utilizaran el título comodín '¿De quién nos reímos hoy?' funcionaría igual. En Los Reyes de Barrio no hay ni un pequeño espacio para la crítica o la reflexión en torno a la desigualdad de oportunidades o la diferencia entre barrios. Si esa fue alguna vez la idea (cosa que yo también dudo), ya está hecha migajas. Una pena.

¿Existen esos chavales y chavalas? Claro que sí. ¿Son tan horribles como aparecen aquí? Apuesto a que no. El programa está sobradamente guionizado, tanto que hay escenas que sencillamente no cuelan. Juntarlos y editarlos para mostrar ese discurso fácil de que la juventud es estúpida y superficial es tan viejuno como aburrido.

Tampoco pedimos un retrato sociológico de los jóvenes de hoy, pero si el propósito del programa es buscar las diferencias entre barrios desde el entretenimiento están muy lejos de eso. Y tampoco es un programa netamente cómico, como sí pudieron serlo '¿Quién quiere casarse con mi hijo? o 'Un príncipe para Corina'. Ese híbrido a medio gas es igual a nada.

En cada barrio se cocinan
sueños y mil ilusiones
Lucha por lo que quieres
aunque no tengas opciones

Sigue el rap. Es el sueño húmedo de todo neoliberal. El programa va que de todo el mundo consigue lo que quiere si se lo propone. No importa si eres una de Las Moraleja Girls o los Burjassot Flow. Aunque en un nivel estético sí intentan mostrar el contraste entre lo rico y lo pobre, en un plano discursivo no. Los testimonios se centran en experiencias individuales buenistas y superfluas. No hay ni un ápice de conciencia. Ni siquiera por contraste el programa se hace dinámico o despierta un mínimo interés. No hay nada distinto entre una gente y otra, más que un puñado de costumbres distintas y exageradas, así que tampoco tiene demasiado interés por ver qué se cuece en el otro barrio.

¿Cómo lo hacen para encontrar estos personajes? Pues buscándolos deliberadamente. Y montando esos vídeos a conciencia. Ni siquiera el resultado es representativo. Claro que existe otra juventud. El éxito de la nueva edición de Operación Triunfo es una muestra de todo lo contrario —en esta edición de OT hablan de feminismo, se acuerdan de los refugiados o hacen bandera del discurso LGBTQI—. El problema de Los Reyes de Barrio es que no la muestran porque no quieren. Poner el foco en esos chavales (y la forma en la que lo hacen) es una decisión meramente editorial, comercial. El espectro puede ser mucho más amplio si se quiere. Falta variedad (jóvenes normales currando, o arreglándoselas para pagar un máster o para comprarse un coche; jóvenes becados, jóvenes valorando el sacrificio de sus padres; migrantes o hijos de migrantes, o jóvenes integrados en el tejido asociativo de su barriocomo Dani Ruiz, agitador cultural en la 'Trini' o la asociación de jóvenes Kali Kor, en Badalona, o activistas de minorías racializadas que luchan por sus derechos, como Miriam Hatibi, etc). Son solo un puñado de ejemplos.

Falta todo eso y sobra condescendencia.

El 73% de los jóvenes prefiere YouTube a la TV.

Normal.

Aún no sé ni por qué me empeñé en ver esto.

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