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Culture

“Vamos a ir a la cárcel si Albert Rivera es presidente: quiero que éste sea el titular”

Hablamos con las componentes de Ira, un grupo de rap hardcore y feminista que esta semana lanza su segunda referencia: 'Rap save the queen'

víctor parkas

30 Mayo 2018 11:42

Calle no se es: en la calle se está. El viernes pasado, a las IRA las encontrabas en la plaza Harry Walker de Nou Barris, Barcelona, durante las fiestas alternativas del distrito. Llevan seis horas metidas en un coche, acortando distancias desde Vallecas, pero sobre el escenario no lo parece: Sara, su tocaya, Carmen y Elvira recitan sus canciones con fiereza territorial, movimiento perpetuo, crudeza hardcore. El público las secunda, como si cada letra fuese un refrán. Ojalá: “Esto es rap, no rap femenino. Rap. Aunque te joda, pardillo”.

Calle no se es: en la calle se está, y en la calle no hay backstages. IRA terminan el concierto y hacen lo que cualquier grupo autogestionado: fumar tabaco rubio y vender merchan. Desde que enciendo la grabadora hasta que la apago, las raperas hacen sold out de camisetas; ellas mismas se las venden a sus fans. “Las IRA son estas chavalas, en verdad”, dice Carmen, sobre la fanbase que tienen agolpada alrededor de una bolsa de deporte que, cada vez, pesa menos. Los párpados, ya pasan de la 01:00AM, cada vez más.

“La noche anterior me tocó trabajar en el hospital”, dice Sara Raissa, enfermera, “y esta he mañana he salido de allí a las ocho, he dormido tres horas, y pa’ca”. El cansancio, como el pluriempleo, es compartido: Carmen trabaja en una peluquera, Sara Sátira es auxiliar en una residencia de ancianos “con un horario mu malo, mu malo, mu malo” y Elvira gestiona, que también es un trabajo, la precariedad que supone estar en el paro. Cuando se juntan, florecen algunos de los temas de rap solo más excitantes de los últimos años.

“Nos conocimos en ambientes, no de rap, sino de militancia feminista”, continúa Raissa, “pero nos apetecía probar nuevas formas de canalizar lo que sentíamos y vivíamos”. Encontraron esos nuevos modos en el hip hop con influjo punk, estilo en el que alguna de ellas tiene antecedentes. “Nos hemos movido mucho por entornos punk y por entornos de militancia antifascista”, dice Sátira, que hace años aporreaba la batería en la skinband antipatriarcal Oi! Friegas Tú. “El antifascismo es nuestra cuna”, apunta Elvira, apurando una lata de cerveza, “IRA nos hemos criado allí”.

Como Tríbade, como Machete en Boca, IRA forman parte de esa avanzadilla de rap feminista que cada vez aglutina más y más fieles a su alrededor. “Nosotras, hasta ahora, habíamos vivido una invisibilización completa, porque el rap está muy masculinizado”, añade Elvira. “Pero, al final, los medios, la sociedad, no han tenido otro remedio que asumirse feministas, mal que les pese, les pique más o les pique menos. En eso, nosotras hemos tenido más suerte que otras que vinieron antes, sin que nadie las escuchara”.

En represalias por esa invisibilización histórica a otras compañeras, IRA evitan reconocer influencias masculinas. “Ésas nunca las mencionaremos en una entrevista”, indica Carmen, “porque no vamos a darles más protagonismo que el que ya tienen”. Así, las raperas hablan con la misma pasión de la Revenge que de Leonor Silvestri, de Alexandra Kolontái que de Sara Hebe. En el imaginario de grupo conviven, y chocan, Rebeca Lane, Paul B. Preciado, La Furia, Silvia Federici, Arianna Puello o María Cambrils.

¿Valerie Solanas? “La jefa máxima”.

IRA formaron parte de esa autoinculpación regicida que supuso Los Borbones son unos ladrones, una tema en solidaridad con Valtonyc publicado antes de que el rapero balear se exiliara para no entrar en la cárcel. Con el precedente que marca su caso, ¿van a autocensurarse, de ahora en adelante, a la hora de escribir? “No”, contestan las cuatro, prácticamente a coro. “Miedo ninguno”, deja claro Raissa, “pero sí tenemos claro que, aunque nos hayan querido pintar las cosas relativamente bien, está demostrado que esto no es ninguna democracia”, considera. “La democracia”, añade Carmen, “hoy es una utopía”.

¿Hay presos políticos en España? “Hombre, claro que los hay”, vuelve Carmen. “Si ves las noticias de Antena 3, no esperes verlos, pero por supuesto que los hay”, se le suma Elvira. “Bueno”, matiza Sátira, “sí los verás, pero criminalizados”. Raissa interviene: “La mayor prueba de que hay presos políticos es que no nos dejan hablar abiertamente de ellos”. ¿Las soluciones? Desde luego, ni en una moción de censura, ni en elecciones anticipadas: “El cambio real vendrá con el feminismo verdadero, y el feminismo verdadero está en la calle”, defiende Elvira. “Suena a 15-M, pero es que es real: la respuesta es la calle. Y el día que esa respuesta llegue, arderá Troya”.

“Que se agarren los calzones, que ya verás”, entra Carmen, “ya verás, Juan”.

¿Juan? “Juan es el enemigo”, dice Carmen. “Es la tercera persona a la que le cantamos en nuestras canciones”, se suma Raissa. ¿Un ejemplo? “Su rap un chiste, quieren que me ría”, recita Elvira en Rap save the queen, “el que peor lo hace dice: no lo hacen mal, para ser tías”. Elvira de nuevo, sobre esa tercera persona sin rostro a la que se dirigen sus canciones: “Es nuestro enemigo. El enemigo. Las hay que tienen el enemigo en casa, las hay que lo tienen en la calle. El enemigo está en todas partes. Si nuestras canciones te ofenden, o te ves reflejado en ciertas actitudes, el enemigo eres tú”.

Rap save the queen es, precisamente, la canción que da nombre a la mixtape que IRA lanzan esta semana, un trabajo, aseguran, más introspectivo que su anterior Arte y Terrorismo. “Nos la hemos jugado, y hemos decidido sacar lo que llevamos ahí en las tripas, vivencias muy personales, muy íntimas”, adelantan las raperas. Muchos de los temas ya llevan semanas correteando por Internet, sugiriendo tatuajes: de la marcial Parabellum —“correveidile a tus hienas que hemos vuelto, pisando sus dominios, echando sal en ellos” — al chandaleo afrotrap de Jurao —“tú ya sabías que yo ya sabía que tú no querías que yo hiciera trap”.

Rap save the queen llega para poner música al fin de un reinado. “Creo que estamos viviendo un momento en el que la figura del hombre ya no puede ir haciendo y deshaciendo a su antojo”, certifica Sátira. “Yo misma, con cosas como #Cuéntalo, he sentido el miedo en mis propios amigos, y eso quiere decir que el miedo está cambiando de bando”, termina. “Ahora todos tienen que tragar con una bola que no querían tragar”, le apoya Elvira, “porque no ser feminista significaría ser un marginado, un cuñado”.

¿No es temerario pronunciar “marginado” junto a “cuñado”, con Albert Rivera en la cabeza de todas las encuestas para presidir el país?

“Vamos a ir a la cárcel si Albert Rivera es presidente: quiero que éste sea el titular”.

rap feminismo discos entrevista

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