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Culture

Tríbade: “Queremos a todos los machistas fuera del rap. Muerte a Kaydy Cain”

Tijeras, beats y poliamor: así es el rap transfeminista de Tríbade

víctor parkas

14 Diciembre 2017 06:00

“Tríbade, básicamente, significa bollera”, me dice Diana. “Bueno”, apunta Alba, “el tribadismo realmente era una práctica sexual de la antigua Grecia que hoy conocemos como 'hacer la tijera', de ahí que nuestro logo sea el que es”. Una y dos: dos tijeras. “Un colega nos dijo que esa imagen le recordaba a la de Manifiesto SCUM de Valerie Solanas”, añade Alba.

“Sabes quién es Valerie Solanas, ¿no?”, me pregunta Elisabet.

Quedo con Tríbade en el Bar Rocxi, una granja situada frente al Mercado de Sants. En las mesas contiguas a la nuestra, hay carritos de compra aparcados y señoras bebiendo café con leche en vasos de cristal. En la nuestra, entre dentellada y dentellada a sus bocadillos, Diana, Alba y Elisabet me hablan de Valerie Solanas, la mujer que disparó a Andy Warhol, sí. Pero también de anarquismo relacional. De trap y extracción de clase. De perrear en fiestas no mixtas.

Si el volumen ambiente del Rocxi bajara y subiera, en su lugar, un beat de Josh o Taboo, la cosa sonaría más o menos así.

Tríbade no son un grupo de rap: son una alineación de astros. Con solo dos temas publicados, la formación de Bittah, Sombra Alor y Masiva Lulla (los alias bajo los que se esconden, respectivamente, Alba, Elisabet y Diana) es, así de claro, lo más excitante que le ocurre al urban en español desde la explosión mediática de Pxxr Gvng en 2014. Pero, si las comparaciones son odiosas, esa última está cerca de ser una afrenta: frente al Tu coño es mi droga y el cloroformo, las rimas de Tríbade son transfeministas y, sus videoclips, male free.

¿Hip hop con perspectiva de género? Lo siguiente. De lo siguiente.

“Con Tríbade, lo que queríamos era encontrar el equilibrio con el que hacer rap comprometido sin necesidad de soltar un panfleto”

“En realidad es una desgracia ser feminista”, resume Bittah. “Tienes que estar alerta todo el rato, en construcción, en deconstrucción. Es para siempre, como tener un hijo”. Sombra Alor añade: “Yo, de chavala, escuchaba rap con el que estaba comiéndome y normalizando mucho patriarcado y mucho machismo. Retales de Charly Efe, escuchada ahora, me parece directamente violencia de género. Y por eso hago rap: porque quiero difundir otro tipo de mensaje con mi música”.

Aclarado el qué, vayamos a por el cómo: “Con Tríbade, lo que queríamos era encontrar el equilibrio con el que hacer rap comprometido sin necesidad de soltar un panfleto”, explica Bittah. “Música para bailar, no para dar la chapa”, aporta Masiva Lulla. “Yo, que vengo del hip hop político y las lecturas marxistas, ahora intento hacer un rap no para concienciados, sino para concienciar”, añadirá Bittah. “Hacer música accesible, festiva, alegre y musicalmente guapa”.

“Quieren hacer pop”, bromea Sombra Alor, “y no saben cómo decírtelo”.

Con la vehemencia de Ira, la sofisticación de Heterofobia y la potencia lírica de Gata Gattana, Tríbade forman parte de esa avanzadilla feminista en el urban español que, por primera vez, no nace por la insistencia fantasiosa del press kit que acompaña una trap queen. “¿Por dónde coges el feminismo de Bad Gyal? ¿Por el tanga o por el maquillaje? ¿Por dónde?”, se pregunta Sombra, entre las risas de Bittah y Lulla. “Que tampoco decimos que maquillarse y llevar tanga no sea feminista”, puntualiza esta última. Mientras, Alor continúa. “¿Pero por dónde? ¿Por las uñas de un metro?”.

“Sí es cierto que, en sus letras, las trap queens llevan el rollo de mujer independiente”, añade Bittah, “pero luego son todas bellezones: todas tienen las mismas medidas y responden al mismo estereotipo. Todas son heterosexuales, sin disidencia. Lo hombres con los que se relacionan también lo son. Es feminismo del básico. Feminismo institucional: una mujer empoderada, pero lo justo para no molestar al privilegiado”.

"El de las trap queens es feminismo del básico. Feminismo institucional: una mujer empoderada, pero lo justo para no molestar al privilegiado"

Empoderadas, pero lo justo. Eso debieron pensar de Factor X cuando contactaron a Tríbade para presentarse a su casting. “¿Cómo decir con educación que no participaríamos nunca en una cadena racista, machista, homófoba, que perpetúa los roles de género y el amor romántico y criminaliza la lucha en sus telediarios?”, escribieron en su Twitter, al compartir el pantallazo con el mensaje que les enviaron desde el programa de Telecinco.

“A apropiarse de la música feminista a otro lado”, sentenciaban, “Tríbade es de la calle”.

“Había compañeras que nos animaron a ir allí y dar mensaje”, recuerda Bittah, “como si lo nuestro fuera cambiar el sistema desde dentro. Qué somos ahora, ¿trotskistas?”.

Estilos a priori irreconciliables, el R&B aflamencado de Sombra Alor, el rap hardcore de Masiva Lulla y el reguetón con disciplina soviet de Bittah han conseguido, con Tríbade, llegar a un programa de mínimos.

Aun así, hay cosas en las que el trío no se pone de acuerdo, y Los Chikos del Maíz es una de ellas. ¿Qué opinan del “bukake sobre Leyre Pajín” de Pasión de Talibanes o el “cosmopolita fulana, braguitas Naf Naf, cinturón de Dolce & Gabbana” de Gente VIP? “Esas actitudes, dentro de la izquierda, no sólo las encuentras en la música”, contesta Bittah, “se ven también en las manis, cuando la gente, para increpar a los policías, insulta a sus madres. Y si no, a sus novias o a sus hermanas”.

“Dicho esto”, continúa, “conozco a Los Chikos del Maíz desde hace años, y son colegas”.

“Las fiestas no mixtas son las únicas en las que puedes bailar reguetón sin que nadie te restriegue la puta cebolleta”

“Le podríamos decir al Nega que estaría bien citar alguna mujer en sus putas letras”, propone Sombra Alor. “Se lo está trabajando”, la apacigua su compañera, arrastrando, con resignación, la segunda ‘a’ de ‘trabajando’. Masiva Lulla mantiene un silencio neutral. No tardará en romperlo: al poco, me estará contando cómo el rap, en las 3.000 viviendas de Sevilla, es un bien para la integridad física. Para la supervivencia.

“Viví allí durante tres años”, dice Lulla, del barrio marginal andaluz. “Tuve situaciones chungas, de intimidación, y salí del paso gracias a soltar unos rapeos en el momento adecuado. Te lo juro: era verme acorralada, soltarles cuatro frases, y ver cómo les cambiaba el rollo. ‘Hostia, tía, qué guapo’. Con la música, conseguías que cambiaran el chip; salir de la puta situación. Era como, oh, Dios”.

“El puto rap me sigue salvando la vida”.

Hay migas donde habían bocadillos, pero la charla sigue: las chicas me hablan de los talleres de rap que imparten; de Etta James, de Aretha Franklin, de Nina Simone; de sus orígenes familiares —la mescolanza va de la India a Ciudad Real, de Almería a Badalona. Me hablan de poliamor, una palabra que no dejan de repetir en sus letras. “Una amiga mía lo llama poliardor”, bromea Lulla.

“En mi caso”, continúa, “nunca me ha entrado en la cabeza que alguien quisiera tener una relación de pareja cerrada y exclusiva. Hasta que no entré en contacto con el poliamor a través de la lectura, estaba convencida de que nunca podría tener una vida feliz; de que iba a ser la rara. Me tranquilizó mucho conocer a gente que compartía esta otra forma de vivir el amor y de relacionarse”.

"Hasta que no entré en contacto con el poliamor y la anarquía relacional a través de la lectura, estaba convencida de que nunca podría tener una vida feliz"

“Ver que no era una cuestión de promiscuidad, ¿no?”, apoya Bittah.

Me gusta ser una zorra”, se pone a cantar Sombra, en plan Vulpes, mientras sus compañeras no pueden contener las risas.

“Yo sería monógama”, reconoce Bittah, “pero de repente te ves ahí en la situación del poliamor forzao y…”. Escribes un tema sobre ello: en Poliamorosa, la rapera habla de su toma de contacto con el poliamor a través de un crush sentimental. “La versión oficial es que la letra va por Diana, que nació poliamorosa, y a mí me tocó trabajarme los celos. Pero la canción me parece una mierda a nivel musical. No entiendo por qué, pero se sigue pinchando y mucho en las fiestas no mixtas”.

“Las fiestas no mixtas son las únicas en las que puedes bailar reguetón sin que nadie te restriegue la puta cebolleta”, defiende Masiva Lulla sobre los guateques de solo chicas que forman parte del imaginario de Tríbade. “Como mujeres, nos exponemos a un montón de agresiones que, en un espacio no mixto, se reducen a lo ínfimo”, se suma Bittah. “Son entornos donde se respira mucha sororidad y mucho compañerismo”.

“Me considero parte del colectivo lesbofeminista y transfeminista”, interviene Sombra, “y mi apoyo a los eventos no mixtos es total. Aun así, yo soy más partidaría de combatir en espacios normativos. Mi apuesta es que, si hay un agresor, tenga que vérselas con nosotras, a ver cómo se lo monta. Aquí mismo, en las Fiestas de Sants, hubo uno que se puso súper violento con unas tías y nos lo comimos con patatas”, concluye, antes de descolgar su teléfono. “Hola, àvia”.

"Soy partidaría de combatir en espacios normativos. Mi apuesta es que, si hay un agresor, tenga que vérselas con nosotras, a ver cómo se lo monta"

“Sí, es cierto que los espacios no mixtos son guays, pero sólo si los combinas con lo otro”, vuelve Bittah. “De lo contrario, cuando sales de tu burbuja y ves que todos los chavales dicen ‘puta’, ‘maricón’, eres incapaz de lidiar con ello. No hay que desconectarse nunca de la realidad. Si no tienes contacto con la realidad, nunca sabrás qué trabajo tienes que hacer para cambiarla”.

Tríbade ya es un cambio, si no para la realidad, sí para una escena que ya apestaba a paja adolescente. Y se avecinan más. “Vamos a tirarle beefs a todos los machis, que se vayan preparando”, advierte Bittah. “Machis: vamos a por vosotros”, añade Lulla, después de que Sombra profese un directo “muerte a Kaydy Cain”. Tríbade no van a hacer prisioneros: "Queremos a todos los machistas fuera del rap", insiste Bittah.

“Vamos a atacarles”, concluye Masiva Lulla, “y vamos a hacerlo con buena música”.

rap queer-rap feminismo

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