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Culture

Recy Taylor, la superviviente que inspiró el discurso de Oprah en los Globos de Oro

En 1944 seis hombres blancos la violaron a punta de pistola. La justicia la ignoró y la tacharon de “puta” por ser negra, pero Recy Taylor no se calló

Elena Rue Morgue

08 Enero 2018 18:50

Ayer, durante la gala de los Globos de Oro, Oprah Winfrey dio un discurso histórico al subir al escenario para recoger el Cecil B. DeMille con el que se premiaba su trayectoria profesional.

Además de rendir homenaje a todas las mujeres dentro y fuera de la industria del cine que han vivido en silencio el abuso de los hombres, a las que se han atrevido a denunciarlo, y a todas las periodistas que se han arriesgado dándoles una voz, Oprah decidió resucitar una figura que a muchos nos era desconocida.

“... y hay alguien más, Recy Taylor, un nombre que conozco que creo que vosotros deberíais conocer”.

Oprah resumió en pocas palabras la historia de racismo, abuso e injusticia de Taylor, la superviviente de una violación múltiple que inspiró a Rosa Parks en su lucha por los derechos civiles.

El 3 de septiembre de 1944 Recy Taylor, de 24 años, salía de la iglesia Rock Hill Holiness después de misa. Estaba anocheciendo, por lo que Taylor, su amiga Fannie Daniel y su hijo, decidieron volver dando un paseo a casa.

Pronto se dieron cuenta que el mismo Chevrolet verde había pasado junto a ellos varias veces. Probablemente en aquellos momentos un mal presentimiento les recorrió el espinazo. Un mal presentimiento que se confirmó cuando el coche detuvo a su lado.

En su interior había siete hombres armados con pistolas y cuchillos. A punta de pistola forzaron a Taylor a subir al coche sin que sus compañeros pudieran hacer nada por ayudarla.

Condujeron hasta un zona de bosque, donde la obligaron a desnudarse. Ella suplicó que la dejaran marchar. Suplicó para poder volver a casa con su marido y su hija de tres años.“Tengo que irme a casa a ver a mi bebé”, lloraba ella. “Haz lo mismo que haces con tu esposo o te cortaré la puta garganta”, le respondieron.

Seis de ellos la violaron brutalmente, el séptimo no fue capaz: la conocía. No hizo nada por evitarlo. Junto con sus amigos, dejó a Recy tirada en una cuneta. Para aquellas horas su padre ya se había enterado del secuestro y estaba buscándola desesperadamente.

Taylor logró regresar a casa, donde le contó a su marido todo lo sucedido, quien la acompañó a la oficina del sheriff. Pronto localizaron al coche, a su propietario, y a los amigos que iban con él, que reconocieron haber tenido relaciones con ella, pero aseguraron que no era “más que una puta” y que le pagaron por lo que pasó. Que fue un acuerdo, no una violación.

Las amenazas a Taylor no tardaron en llegar: la noche siguiente el porche de su casa fue incendiado, por lo que tuvieron que mudarse con su padre, que comenzó a pasar las noches agazapado en el árbol de su jardín abrazado a su escopeta para defender a su familia.

Nunca se acostaba hasta el amanecer.

Un par de días después, la noticia de aquella horrible violación múltiple llegó a la oficina de la Asociación Nacional por el Avance de la Gente de Color en Montgomery, que envió una investigadora a Abbeville para descubrir por qué no había habido ningún arresto.

El nombre de esa investigadora era Rosa Parks.



Más de una década antes de convertirse en una heroína histórica por negarse a cederle su asiento a un hombre blanco en el autobús, Parks ya lideró una campaña contra los abusos sexuales a las mujeres negras en Estados Unidos. ¿Flipando? Normal.

Según ella misma explicó en un borrador de su autobiografía encontrado entre sus documentos, cuando llevó el caso de Taylor, Parks tenía 31 años y ya había sufrido un intento de violación.

En 1931, un vecino blanco trató de forzarla: “Me ofreció un whisky, que rechacé con prontitud y vehemencia. Se acercó a mí y puso su mano en mi cintura. Estaba muy asustada en ese momento. Estaba lista para morir, pero darle mi consentimiento nunca. Nunca, nunca”, escribió.

Ni todas las protestas ni la presión de la prensa negra del país pudieron hacer nada para cambiar el destino de aquel juicio. El 4 de octubre de 1944 un jurado formado exclusivamente por hombres blancos tardó 5 minutos en desestimar el caso. Ella, derrotada y agotada por los insultos y amenazas constantes que sufría por la calle, cansada de vivir con permanente miedo, decidió mudarse a Florida.

No fue hasta 2011 que el Estado de Alabama le pidió disculpas a Recy Taylor por “fracasar en perseguir a sus agresores”.

Al conocer su historia a través de At the Dark End of the Street, un libro de Danielle McGuire, la directora de cine Nancy Buirski decidió trasladarse rápidamente a Abbeville, localidad natal de Recy donde hasta hace muy poco tiempo vivía en una residencia de ancianos.

El documental, llamado La violación de Recy Taylor, fue estrenado en 2017 en el festival de Venecia, precisamente el año en el que más mujeres se han atrevido a denunciar sus abusos sexuales bajo el lema “Me too”.


“El caso de Recy Taylor fue un punto de inflexión en la histórica cadena de abusos contra mujeres negras, desde la esclavitud hasta hoy. Ella habló, y motivó a otras a que lo hicieran. Y las organizaciones surgidas en torno a su caso posiblemente prendieron la mecha del comienzo del movimiento por los derechos civiles”, explicó Buirski a El País.

Cuando Buirski le dio la a Taylor la oportunidad de contar su historia ante la cámara ella tenía 96 años. “Quiere que la gente sepa lo que le sucedió, y cree que tiene que decir la verdad”, dijo la directora al País. “Me impresiona su coraje ante la injusticia. Nunca perdió la fe. Nunca se avergonzó. Sabía que lo que le hicieron estaba mal”.

A punto de cumplir los 98, Recy Taylor falleció mientras dormía el 29 de diciembre. Su muerte fue repentina. Según su hermano, ese mismo día la vio y seguía estando de buen humor.

Oprah supo anoche recordar a esta guerrera olvidada: “Durante demasiado tiempo las mujeres no han sido escuchadas o creídas si se atrevían a decir la verdad a esos hombres poderosos, pero su tiempo ha terminado”.

“Su tiempo ha terminado, y solo espero que Recy Taylor muriera sabiendo que su verdad, como la de otras muchas mujeres que fueron atormentadas en esos años, y que incluso siguen atormentadas ahora, sigue adelante. Esa verdad estaba en el corazón de Rosa Parks casi 11 años después cuando tomó la decisión de quedarse sentada en ese autobús de Montgomery, y está en cada mujer que decide decir ‘yo también’, y en todos los hombres que deciden escuchar”.

Tristemente, como sucedía en 1944, no hay día en que las mujeres no vivamos con miedo. No hay día en que no nos menosprecien, nos acosen, nos violen o nos maten.

Tristemente, como en 1944, las mujeres seguimos viviendo en un mundo lleno de manadas.

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