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Culture

"Aceleracionismo es cuando el trap eleva a la décima potencia al machito"

¿Se puede analizar el trap desde la filosofía? Ernesto Castro demuestra que sí

víctor parkas

16 Marzo 2018 11:20

En apenas dos minutos, Ernesto Castro salta de Pxxr Gvng a Lory Money, y de Lory Money a Chiquito de la Calzada. Canjea términos como pre-irónico, post-irónico, meta-irónico. Acto seguido, empieza a leer la transcripción literal de una entrevista con 'los burlaos', es decir, con el grupo de Eduardo 'Dudu' García, LFAM.

“Pues haber, lo de 'burlao', yo he visto mucha gente que dice en Internet, no, es que dicen lo de 'burlaos' porque quieren que se burlen de ellos. O sea, no (…). 'Burlao' es burlarse del sistema, ¿vale? Como nos llevamos burlando muchos tigres y mucha gente ley desde muchísimos años atrás. Y esto va a seguir igual. La movida es que esto no va a parar. Cada vez somos más y hay más soldados por todos lados y chavales activos”.

“Straight up nigga”, primeras risas. “Straight strong nigga”, carcajadas. “Straight strong Josemi, gordo”, la sala estalla.

Castro, en su paso por la Universidad de Málaga, dónde abordó el trap desde un punto de vista filosófico, dejó claras varias cosas: (1) que en su canal de YouTube convivan Fernando Savater y Yung Beef no es un hecho colateral, sino inevitable, (2) que Ernesto Castro, autor de Contra la postmodernidad se ha posicionado, en apenas tres meses, como una de las máximas autoridades en lo que a ensayismo urban se refiere, y (3) que Frank Zappa y su “escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura” pueden irse, como podían irse ayer y anteayer, a la mierda.

Porque, si tuviese beats, la mejor mixtape del año sería ésta que sigue.

En la charla que diste en Málaga, localizas el éxito del trap en su forma de comunicarse, esto es: a través de vídeos. ¿Decides abrirte un canal de YouTube, para colgar allí tus clases de filosofía, inspirado por esta táctica comunicativa?

Lo que realmente me influyó al crear al canal fueron otros canales de YouTube orientados hacia temas filosóficos y académicos, como el de la Fundación Gustavo Bueno. Sí es cierto que coinciden en el tiempo, por un lado, mi descubrimiento del trap y, por el otro, la creación de mi canal: lo primero sucedió a principios del verano de 2015; lo segundo, a finales de ese mismo verano. Aunque no relaciono una cosa con otra, sí considero mi personalidad privada muy cercana al rap.

¿A qué te refieres?

Yo concibo mi relación con el resto de filósofos con una dinámica muy parecida a la que se dispensan los raperos con sus beefs: una dinámica de amor/odio. Del mismo modo que no se puede rapear sino rapeando contra alguien, tampoco se puede ‘filosofar’ sino pensando contra alguien. El rap intenta solucionar el problema de la comunidad y el individuo fomentando una individualidad vinculada al grupo, de la misma forma que la filosofía trata ese mismo problema, pero vehiculando el pensamiento individual mediante tradiciones y escuelas filosóficas.

¿Quiénes son los Dora Black de tus Pxxr Gvng? ¿Con qué pensadores has tenido beefs? Sé que detestas a Ortega y Gasset, por ejemplo.

Cuáles son mis adversarios íntimos, ¿no? Ha habido confrontación con filósofos españoles de una generación superior a la mía, como Carlos Fernández Liria o José Luis Pardo. Aunque ellos no son especialmente fideístas o místicos, sí tienen un componente idealista al que yo, como racionalista materialista, me opongo.

Volvamos a ese verano de 2015 en que descubre el trap. Dices que fue una canción de Pimp Flaco la que te hizo adentrarte en ese estilo. ¿Recuerdas qué tema era?

Era una canción en la que se usaba la base de algún cantante estadounidense, pero ahora no recuerdo el título. Sí recuerdo que me atrapó del todo con Haters: es un tema que, en más de una ocasión, he estado tentado de utilizar en algún vídeo contra otra de mis némesis, Jesús Maestro, de la Escuela de Filosofía de Oviedo. Jesús y yo tenemos posiciones bastante antagónicas en cuanto a literatura y estética.

A mí hay una cosa que me fascina de Haters: pese a ser la primera canción que encuentras cronológicamente en el canal de Pimp Flaco, pese a ser la primera canción que cuelga en su canal, ya está respondiendo a la gente que lo difama; a sus haters. Es como ponerte a ver una película ya empezada.

Como esos raperos que anuncian haber regresado sin haberse ido nunca, porque nunca estuvieron allí, ¿no? 8 Millas representó muy bien esa estética rapera de atacarse a uno mismo antes de que lo haga otro. En Haters, Pimp Flaco hace justo eso: no ensalza su figura, sino que se presenta a sí mismo como un pringado. Acepta esa condición y se recrea en ella; en tener “más cuernos que un reno”.

En tu charla localizas un componente aceleracionista en grupos como Pxxr Gvng.

Más que en Pxxr Gvng, el aceleracionismo lo noto en un autor como C Tangana y el giro situacionista que ha dado a su carrera. Antón Álvarez es alguien que, a la vez que intenta elevar a la décima potencia la figura del machito, colabora con colectivos LGTB en sus videoclips. Esas contradicciones son aceleracionistas, porque el aceleracionismo lo que busca es, precisamente, acelerar las contradicciones del sistema hasta hacerlo petar.

El discurso de Pxxr Gvng, por contra, siempre me pareció pre-irónico, lo que no impidió que los medios de comunicación nos los vendieran como el grupo de ‘buenos jóvenes salvajes’; los que venían a devolver las raíces de autenticidad al rap, entregado entonces a la clase media. Incluso sus detractores, como Víctor Lenore, les reconocían ese prurito de clase. A mí, salvando la figura catalizadora e icónica de Yung Beef, Pxxr Gvng me parece el grupo más despolitizado de toda esta escena.

Sacabas a colación el nombre de Víctor Lenore. ¿No crees que, aun y con las reticencias del periodista hacia estos grupos, sus artículos acaban formando parte de esa dinámica de beefs y tiraderas en la que crece y se desarrolla el propio estilo?

Yo creo que sí. Y que Lenore es necesario, al igual que lo es la policía. Lo digo en el sentido de que, aunque yo no querría estar en su lugar, soy consciente de que esa labor de crítica del elitismo en el panorama musical es necesaria. Algunos me ha replicado diciendo que sí, que quizás Lenore sea tan necesario como la policía, pero el problema está en que se cree haciendo una labor de detective, cree que va a solucionar el caso del año, cuando lo que está haciendo en realidad es expedir DNI’s en una comisaría de la meseta. Creo que hay un contraste entre sus pretensiones, entre creer que se está jugando algo político y esencial en las reseñas que escribe, y luego la realidad. La relación entre política y cultura es mucho más flexible de lo que él cree. Luego, por otra parte, yo a Lenore también le encuentro algunos recovecos intelectuales interesantes.

Tanto en tu conferencia de Málaga como en la entrevista que le hiciste a Yung Beef, apuntas hacia la posibilidad de una relación poliamorosa entre éste y La Zowi. Posteriormente, cada uno de ellos liberó dos canciones que, juntas, para mí arruinan esta posibilidad: Me perdí en Madrid y Llámame. Si sumas las dos, como dijo tu hermana y tú citaste en Málaga, tienes “poliamor sin cuidados”, ergo, “zorreo”.

Bien visto (ríe). Pero bueno, las relaciones de amor siempre son tormentosas. Lacan dijo que amar a alguien es dar algo que no tienes a alguien que no lo quiere. El poliamor no es sino eso, pero aplicado a muchas personas. En las canciones de Yung Beef y La Zowi siempre hubo ese doble sesgo del poliamor, esa herencia de la distinción entre las amantes y la esposa; las ‘otras’ frente a lo particular; los ‘goofies’ y ‘el papasito’. Esas distinciones siempre aparecen en las canciones de los dos. Podríamos decir que el poliamor no es sino un intento un reformista de circunscribir los viejos privilegios de la exclusividad sexual, ampliando el marco a una especie de familia expandida que no termina de casar entre sí. Intenta compatibilizar lo viejo y lo nuevo mediante la reforma.

Aunque te iniciaste en el trap a través de Pimp Flaco y Dora Black, apenas te detienes en ellos en la charla. ¿Qué opinas, por ejemplo, de la huelga alcohólica de estos dos hermanos, Pimp Flaco y Kinder Malo? ¿Y del antiespecismo en ciertas letras del segundo? “Puta, ahora soy vegano, voy a perdonarle la vida al gusano”.

Ese discurso straight edge y antiespecista es lo más me interesa de ellos. Traen de vuelta esos referentes del movimiento punk; refuerzan la idea de que el trap es una forma moderna de punk. No hacen sino seguir la misma línea abstemia que marcó el hardcore.

De la misma forma que el punk tardó un lustro en salir del nihilismo y politizarse, ¿crees que el trap puede seguir una línea parecida?

Sí, sin lugar a dudas. Sobre todo, en lo que concierne a temas candentes como el feminismo, el antiespecismo y la lucha contra el racismo. Esto último se está evidenciando con la aparición de grupos nacionales de afrotrap que reivindican un discurso racial. Si bien en Estados Unidos, de dónde viene el estilo, ese discurso era esencial, en España había quedado, hasta la aparición de grupos como Afrojuice 195, entre paréntesis.

Definiste a C Tangana como ‘el Schopenhauer del trap’. Si C Tangana es ‘el Schopenhauer del trap’, ¿quién es Cecilio G?

Sí (ríe), lo de Schopenhauer lo dije porque me constaba que Antón, cuando hizo la carrera de filosofía, era muy seguidor de autores como Blaise Pascal: pensadores autobiográficos, nostálgicos, que mezclan lo ensayístico con lo filosófico, muy en la línea de Schopenhauer. Éste, además, tiene a la mujer como tema recurrente en su filosofía, muchas veces para mal.

Entonces, ¿qué filósofo sería Cecilio G? Yo ahora mismo tengo en mente su última encarnación: la de entrevistador incómodo. Así que te diría que es… Una especie de Wittgenstein. Porque en la trayectoria de los dos hay un corte: Cecilio G desapareció unos meses de la escena trap, y Wittgenstein desapareció durante años de la escena filosófica; se dedicó a la jardinería, a visitar la Unión Soviética, a dar clases de literatura a hijos de campesinos (que luego maltrataba). Cecilio G regresó con From darkness with love, desde la oscuridad con amor, de la misma forma que Wittgenstein regresó a la filosofía interesado en los juegos con el lenguaje, la importancia de su uso por encima del significado de los términos. Eso último es algo que puede localizarse en la faceta de Cecilio como presentador de un programa de entrevistas. Pero bueno: muy cogido por con pinzas todo (ríe).

¿Te gustaría entrevistar a Cecilio? ¿A qué otros artistas, con los que aún no has hablado, te gustaría interrogar en uno de tus vídeos?

Sería interesante abordar a Cecilio G, aunque eso requeriría un tipo de formato distinto al que estoy acostumbrado a hacer. También me gustaría hablar con Nathy Peluso, cuyo discurso me parece muy interesante. A La Zowi; en general, me gustaría entrevistar a más mujeres, y hacerlo con preguntas distintas a las que les suelen hacer. Quiero hablar con traperas, pero sin centrar la charla en la cuestión de género; me gustaría abordarlas en términos muy similares o parejos a los que he aplicado con otros escritores y músicos.

Y, más allá de los nombres que han ido saliendo, ¿te gustaría hacer alguna recomendación más? ¿Algún nuevo descubrimiento del que te apetezca hablar?

En Málaga conocí a una bailarina que también hace de personal shopper: Lapili. Me parece interesante, en primer lugar, porque tiene una corporalidad distinta, no normativa. Quiere hacer una canción donde los beats sean el rozamiento de sus muslos. En segundo lugar, porque ha sido la primera en construir un telar que se puede operar con un solo brazo. Así, es una figura a caballo entre la danza y el textil que me parece muy sugerente.

Ya para terminar: en tu entrevista con C Tangana, propones no sólo analizar el componente ideológico, político o ético-moral de sus canciones a lo que se dice textualmente, sino también los efectos que genera. ¿Crees que la recepción de la música siempre es importante para analizarla, o es algo que sólo atañe al trap?

Para mí, fijarse solo en la escritura y el contenido de una canción es ridículo. Es el fruto de toda censura: la censura no atiende a la productividad de las cosas, sino a localizar en ellas los términos que considera tabú. La música es mucho más que texto, no es mera poesía, sino que implica cierta socialización. Toda música debe comprenderse junto a la recepción de la misma, pero sobre todo aquélla que tenga cierta pretensión de ser bailable; aquélla que sólo puede entenderse en su contexto. Lo dijo muy bien Young Vibez: “Para entender el componente feminista de Bad Gyal no hace falta una declaración firmada ante notario, basta con poner Fiebre en un antro y ver como baila la gente o las tías en particular”.

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