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Culture

'Los Defensores': decepcionantes primeros episodios de 'Los Vengadores' televisivos

Ya hemos visto los cuatro primeros capítulos de 'Los Defensores', el supergrupo televisivo de Marvel compuesto por Daredevil, Iron Fist, Jessica Jones y Luke Cage

víctor parkas

18 Agosto 2017 06:00


El movimiento maestro que precedió al estreno de Los Vengadores, es decir, los estrenos previos de Iron Man 2, Capitán América y Thor, con la instalación de Nick Furia como personaje-bisagra en sus epílogos, es difícil de repetir. O, por lo menos, repetirlo obteniendo un resultado tan orgánico y contundente como el que obtuvo Joss Whedon con la película del supergrupo, allá por 2012.

Ésa es, precisamente, la mayor debilidad de Los Defensores, la serie con la que Netflix ha querido aglutinar a los héroes Marvel que tiene en parrilla. Los llamados a filas, en este caso, son Jessica Jones, Iron Fist, Luke Cage y Daredevil, todos ellos con serie propia, universo idéntico y, de nuevo, personajes-bisagra que sirven de nexo entre sí –en esta misión, la Dra. Temple interpretada por Rosario Dawson es esencial.

La serie, que hemos podido consumir hasta su ecuador –Netflix nos ha dado acceso a cuatro de sus ocho episodios– evidencia los problemas no solo de sí misma, si no de los productos que la precedieron: Jessica Jones, Iron Fist y Luke Cage fueron un peaje –demasiado caro y demasiado largo– para llegar a unos Los Defensores que solo vienen a ampliar e incidir en el universo Daredevil, la única de estas series que a día de hoy cuenta con dos temporadas.

A partir de aquí, quejarse de los spoilers sería como quejarse de la lluvia en Manchester.

La serie, cuyo arranque tiene lugar en Camboya, se abre con una pelea entre Danny Rand (Iron Fist) y una misteriosa guerrera que, más adelante, descubriremos como Elektra. La ex-compañera sentimental de Matt Murdock, aunque fallecía al final de la segunda temporada de Daredevil, ha sido resucitada por La Mano, logia archienemiga del abogado ciego –en televisión, también de su compañero Rand.

Elektra, desprovista de recuerdos, sentimientos; como si se tratase de un simple cascarón de sí misma, es utilizada de ariete por La Mano. Es algo que sonará a los aficionados al cómic: en la etapa más canónica de Daredevil, con Frank Miller al mando, el autor daba vida, muerte y resurrección a la asesina ninja.

A diferencia de lo narrado en viñetas, aquí no es Kinpin quién propicia el reboot vital de la greco-guerrera, sino Alexandra, un personaje que, a simple vista, no parece inspirado en ninguno que hayamos visto en los cómics Marvel. Al mando de La Mano, Alexandra es hasta el momento lo mejor de ésta Los Defensores. ¿La razón? Dos palabras: Sigourney Weaver.

La actriz de Alien, con su presencia, su magnetismo, lo sofisticado de su acting, supone una rival invencible para el supergrupo, antes siquiera de que Elektra entre en juego; y es que ninguno de 'los defensores' roza siquiera el carisma que derrocha Alexandra. Weaver ha basado su carrera precisamente en eso: en robar planos –Los Cazafantasmas–, cuando no películas enteras –Cabin in the Woods.

Si Sigourney Weaver tuviese un cameo en una película porno protagonizada por tus padres, no podrías ponerle menos de dos estrellas en Rotten Tomatoes.


Da la sensación de que el universo televisivo de Marvel ha cogido vicios antiguos de una industria, la del cómic, a la que debería haber trascendido


Por lo soberbio que es el personaje de Alexandra en Los Defensores, parece que la división televisiva de Marvel ha puesto más mimo al construir los villanos de sus series que al hacer lo propio con sus héroes, supuestamente, protagonistas –superlativos fueron también el Kinpin de Vincent D'Onofrio en Daredevil, así como el Kilgrave de David Tennant en Jessica Jones.

Si matizamos que Matt, Jessica, Luke y Danny, integrantes de Los Defensores, son antihéroes antes que héroes, luchadores urbanos, vigilantes al margen de la ley, guerreros con gusto por lo grim and gritty, ¿cómo es posible que una villana desconocida, con la que deberían competir en dark charming, los eclipse como los eclipsa Weaver?

Si el personaje de Weaver, pese a esconder incógnitas cuando el capítulo cuatro llega a su fin, está perfectamente dibujado, Los Defensores no corren la misma suerte: Jessica Jones padece un alcoholismo sin secuelas; Danny Rand quiere desclasarse vistiendo corbata; la agonía de Daredevil tiene más de simulacro que de agonía. ¿Luke Cage? Con cada una de sus apariciones en el primer episodio, lo acompaña un soundtrack de hip hop –clichés raciales, ¿qué clichés raciales?

Estoy a favor del Cage de Corben y Azzarello, donde Luke era un pasmoso trasunto de 50 Cent. También lo estoy de las resacas de Jessica, y de los largos diálogos que le escribía Brian M. Bendis. Me gusta ver a Daredevil al borde del ataque de ansiedad, cuando lo torturan Smith o Waid. Y también el Rand del cómic, mucho más que esa especie de Ed Sheeran interpretado por Finn Jones.

Me gusta la Jessica borracha, el Danny con conflictos de clase, el Matt desolado una tarde de domingo, y también el Luke más gangsta-rap. El problema de Los Defensores es que, pese a que los personajes cumplen estos perfiles, en el desarrollo de la serie se termina frivolizando los conflictos de cada uno de los cuatro, haciendo que recibamos como gratuitos y artificiales los traumas que arrastran.

Por si no hubiesen sido suficientes seis horas –doce, en el caso de Daredevil– para presentar a los personajes y desarrollarlos en solitario, dentro de sus series homónimas, Los Defensores se toma la friolera de tres capítulos antes de que sus cuatro miembros entren en contacto, erigiéndose así en grupo, justo después de una pelea... En la que suena hip hop tras aparecer Cage (sic).

Da la sensación de que el universo televisivo de Marvel ha cogido vicios antiguos de una industria, la del cómic, a la que debería haber trascendido: si en los noventa, el aficionado al medio se quejaba de los crossovers, que te obligaban a comprar varias colecciones para entender el argumento completo, con un resultado final normalmente insatisfactorio, ahora se encuentra, con esos mismos personajes, en una perfecta analogía televisiva.

Porque ése y no otro es el problema de Los Defensores; lo que la hace, paradójicamente, indefendible: tras más de 30 horas de ficción catódica –y aunque puede que la serie levante el vuelo en su segundo segmento– la trepidancia prometida jamás llega.

La diferencia es que el tiempo perdido, esta vez, no lo puedes recuperar en e-Bay.

netflix marvel

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