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Culture

Alice Guy inventó el cine antes que los hombres, pero los libros se olvidaron de ella

Aunque fue la primera persona en utilizar el cine para contar historias e hizo más películas que todos sus contemporáneos, la historia olvidó a Alice Guy por ser mujer

Elena Rue Morgue

27 Marzo 2018 16:30

Aunque te pasases todas tus clases de historia del cine en la cafetería de la uni jugando al mus, hay dos datos que hasta los más cafres son capaces de recordar con respecto a los orígenes del cine.

Uno, que el cinematógrafo — es decir, el aparato en cuestión — es cosa de los hermanos Lumière. El otro, que Georges Méliès, un señor francés que también vivió en la época de los sombreros grandes y los corsés estrechos, dirigió por primera vez película de ficción.

Pues bien, ya podemos dar por suspendido aquel examen, y a nuestro profesor de cine, y a todos los que escribieron esa información en los libros que estudiamos.

La primera persona en usar el cine para relatar ficción no fue Méliès, sino una mujer llamada Alice Guy. Y como a la mayoría de mujeres relevantes en el mundo del arte, la ciencia y la historia en general, si Guy ha sido ignorada por la historia todos estos años es por el simple motivo de no ser un hombre.

Cuando Alice Guy (nacida en Saint-Mandé el 1 de julio de 1873) tenía 21 años, trabajaba como secretaria para León Gaumont, uno de los directivos de Le Comptoir Général de la Photographie. El 22 de marzo de 1895 los hermanos Lumière hicieron una proyección de la que fue la primera película de la historia, Los trabajadores saliendo de la fábrica Lumière.

A ese pase asistieron Guy y su jefe. Gaumont, con sus objetivos enfocados plenamente a los negocios, se interesó por el invento simplemente pensando en el potencial económico que podría tener. Guy, en cambio, salió de aquella demostración con el futuro de la historia del cine cociéndose en su cabeza.

Alice, que se había dedicado previamente al teatro, vio claro el uso que el cinematógrafo podía tener a la hora de relatar historias de ficción. Aunque Gaumont fue reticente, finalmente Guy logró convencerlo. Eso sí, con una condición: que sus andanzas como directora de cine no le privasen de seguir realizando sus tareas como secretaria. Y así lo hizo durante una década.

Es cierto que en 1895 los Lumière contaron por primera vez una pequeña historieta en forma de sketch con su corto de 45 segundos El regador regado, pero Alice llevo aquello un paso más allá. En 1896, el mismo año que Méliès comenzó su carrera cinematográfica, Guy adaptó el cuento francés El hada de los repollos a un film. Se considera la primera película que contaba una historia en durar más de un minuto. Además, introdujo trucos visuales y de montaje en imágenes en movimiento.



Antes de casarse con Herbert Blaché y marcharse a Estados Unidos en 1907, Guy viajó en varias ocasiones a España para grabar varias películas, como La malagueña y el torero o Viaje a España. En 1906 fue la mente detrás de la primer superproducción de la historia del cine, El nacimiento, vida y muerte de Cristo, que tiene una duración de 30 minutos y tuvo más de 300 extras y 25 decorados diferentes.


En 1906 realizó también Las consecuencias del feminismo, un corto en el que critica de forma sarcástica los roles de género haciendo en diversas escenas en las que los hombres se comportan como mujeres y las mujeres como hombres.

En un código menos feminista, pero abordándo también las temáticas femeninas desde el humor, Guy grabó además Deseos de mujer. Un corto con una mujer embarazada como protagonista que, presa de sus antojos, le roba una piruleta a un niño y sale huyendo.

Unos cardan la lana y otros se llevan la fama

Trabajando Méliès y ella al mismo tiempo, la historia ha recogido como invenciones de él innovaciones que ella también había introducido en sus películas, como la doble exposición. Guy implementó también el color en alguna de sus piezas, y fue precursora del videoclip haciendo que sus cantantes realizarán playback en piezas en las que luego se superpondrían las canciones. Además, fue la primera en realizar una película protagonizada por actores negros. Su título es Un tonto y su dinero, y fue estrenada en 1912.



Tres años después de desembarcar en América, Guy fundó su propia productora, Solax, que le permitió dirigir más de 1000 películas de todos los géneros, desde el western a la comedia, pasando por el drama, la ciencia ficción lo las adaptaciones literarias.

Guy estuvo mucho más tiempo en activo que sus contemporáneos masculinos que actualmente llenan los libros de historia. Se dedicó al cine un total de 24 años, sin bajar su ritmo de producción de tres rodajes por semana ni mientras estaba encinta.

Su divorcio signigicó el final de su carrera

Cuando en 1922 su marido la dejó para largarse con una actriz e irse a vivir a Hollywood, Guy vendió Solax y se volvió a Francia retirándose para siempre del cine. Pero en cuanto fue consciente de que antes debía reclamar la autoría de sus películas, viajó corriendo de vuelta a Estados Unidos. Fue imposible. Por aquel entonces era la compañía quien firmaba las cintas, y nadie excepto ella tenía ningún interés en que su nombre figurase en ellas.

La historia la relegó a un cuarto plano: el mérito de sus películas se le atribuyó a sus directores de fotografía y a ella no se le dio más mérito que el de secretaria, incluso quitándole méritos acusándola de ser amante de Gaumont.

“En Francia mientras una mujer esté, como se dice, en su lugar, no recibe ningún reproche, pero si ella asume y ejerce las prerrogativas asignadas a sus hermanos se la mira mal. La actitud hacia las mujeres en EE UU es muy distinta", dijo ella misma en una entrevista en 1912 antes de saber la puñalada que iba a recibir por parte de los americanos.


A partir de 1940 Guy vivió con su hija Simone, que trabajó en el servicio diplomático estadounidense por toda Europa y Estados Unidos. La cineasta falleció en una residencia de ancianos en Nueva Jersey en 1968, a los 94 años, sabiendo que su trabajo nunca figuró en ninguna enciclopedia, ni sería nombrado por ningún profesor de historia del cine. Aún estamos a tiempo de reescribir los libros.

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