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Esta youtuber japonesa ha confesado que la obligaron a ejercer porno durante meses

Kurumi Aroma fue engañada y presionada durante meses para ejercer porno en contra de su voluntad. Ahora ha roto su silencio para ayudar a otras mujeres explotadas

Kurumi Aroma (nombre ficticio de su canal de Youtube) es una joven de 26 años que ha hablado fuerte y claro: durante meses hizo porno en contra de su voluntad.

“Todo el tiempo que estuve involucrada en la industria del porno, mis jefes me dijeron que yo pertenecía a ellos”. Ahora se ha convertido en una personalidad en YouTube con más de 15.000 suscriptores.

Kurumi tenía miedo, estaba atrapada, bloqueada y no sabía cómo salir de ahí. Como muchas otras jóvenes japonesas, fue captada en la calle. Le dijeron que se le podría dar bien la industria del “ entretenimiento”, pero nadie le especificó nada del componente sexual. “El cazatalentos tenía una tarjeta de visita que parecía correcta y hablaba con respeto, así que pensé que era alguien de confianza”, ha dicho en una entrevista reciente al The Guardian.

Nunca imaginó que acabaría metida en una industria que en Japón mueve al año alrededor de 500 mil millones de yenes al año (unos 4,4 mil millones de dólares) y que lanza anualmente más de 20.000 títulos.

Al igual igual que Kurumi, muchas chicas de entre 20 y 30 años se introducen en el sector sin ser plenamente conscientes. Les dicen que tienen la apariencia y el carisma para tener éxito en la industria del entretenimiento y se apresuran a firmar contratos que hacen referencias muy ambiguas al material erótico o, en algunos casos, directamente ninguna.

La primera vez que se desnudó frente a una cámara fue en una sesión de fotos cuyo requerimiento esencial, al parecer, era ese: “Lloré, pero me sentí muy presionada, así que finalmente dije que sí”.

Durante los meses posteriores, la agencia le insistió para que participara en diferentes vídeos pornográficos. Después de mucho insistir, ella finalmente aceptó. “Me dijeron que podría detener la grabación cuando me sintiera incómoda, pero no era verdad”, asegura en su vídeo. Pese a que raramente se aplican formas de coerción directamente violentas, lo cierto es que muchas veces las productoras amenazan con multas de millones de yenes o con iniciar una campaña de desprestigio contándole su "nueva profesión" a familiares y amigos.

Imagen vía Getty

Lo increíble es que las productoras pueden actuar con total impunidad. No hay ninguna ley contra la coerción de mujeres en el porno y no hay ninguna supervisión del gobierno”, explica Kazuko Ito a The Guardian, secretario general de Human Rights Now. Cuando Kurumi conoció a Kazuko, abogado especialista en violación de derechos humanos, se atrevió a dar un paso al frente y hablar sobre su situación.

Kurumi es solo una de las muchas víctimas más que se encuentran en esta misma situación. Un informe del gobierno de 2016 detectó alrededor de 200 mujeres en situación de vulnerabilidad dentro de la industria del “modelaje” o entretenimiento, 50 de ellas directamente forzadas a posar desnudas o a mantener relaciones sexuales. También de enero a noviembre de 2016, 148 mujeres buscaron ayuda en Lighthouse, una organización que brinda apoyo a víctimas de la trata.

Gracias al asesoramiento legal, Kurumi logró paralizar la venta de dos películas pornos en las que ella aparecía; sin embargo, algunos vídeos suyos ya se han colado irremediablemente en páginas webs de vídeos X.

El testimonio de Kurumi es valiosísimo, porque persigue alentar a que otras mujeres en su misma situación busquen apoyo y no cedan a más chantajes de las productoras. La mayor parte de las mujeres viven esta situación en silencio, con vergüenza, y tienden a ser estigmatizadas en ciertos contextos o ambientes familiares más conservadores. Es por eso que es tan importante contarlo como rodearse de las personas u organizaciones adecuadas para garantizar la seguridad y el amparo de la víctima.

[ vía The Guardian]

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