Mientras su conciencia onmÃvora le obliga a explicarse ante las (de)mentes inquisidoras del PETA, la maquinaria promocional sigue su curso en vÃsperas de la publicación (en la calle a mediados de abril vÃa Accidental) de “One One”, el primero de esa trÃada de álbumes “singulares” en los que Matthew Herbert ha estado trabajando de manera más o menos simultánea. Ya os contamos en su dÃa que “One One” es un álbum al uso, una colección de canciones a la vieja usanza que encuentran su singularidad en el hecho de haber sido escritas, interpretadas, grabadas y producidas por el propio Herbert según el método del “yo me lo guiso y yo me lo como”: él toca todos los instrumentos (a la postre algunos más de los que sabÃa tocar antes de lanzarse a este proyecto), y él pone a prueba su garganta en todos y cada uno de los números que caben en un álbum que se entiende como muestrario de canciones concebidas como crónicas de un dÃa en la vida de alguien, no necesariamente en la del propio artista. Aquà os dejamos con un Herbert actor (de comedia), entregado a una suerte de crooning susurrante en clave de sultry pop house sobre las memorias inventadas de una noche dionisÃaca en ese paÃs del nunca jamás que conocemos por “clubland”. |

