Guerras descarnadas se libran a diario en pequeños cafés de carretera, habitaciones en penumbras, a plena luz del día . Tan solo hacen falta unas palabras, un gesto a destiempo, o un suspiro malentendido, para que todo lo conocido se diluya en la catástrofe, y ya solo queden los recovecos oscuros y delirantes de nuestra conciencia para refugiarnos de una realidad que se nos hace insoportable. El amor puede ser chungo y Gnarls Barkley, -a pesar de que los queramos ver como a unos cachondos-, se convierten en su terrible portavoz en esta matanza existencial que ya se conoce como “Who`s gonna save my soul”. Irán y Estados Unidos son un peligro, pero el chico o la chica que mece nuestro sueño en mitad de la noche con suaves caricias y dulces palabras, también alberga en su interior el potencial destructivo de un arsenal termo nuclear. Si ya lo decía el poeta, la cotidianeidad necesita de héroes.