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Azealia Banks Azealia Banks1991

8.5 / 10

Podría ser el punto de inflexión de una carrera que acaba de empezar, pero que ya ha hecho verter regueros de código html en la red. Podría ser la última vez que vemos a Azealia Banks compartiendo créditos con productores del underground como Machinedrum o Lone, a los que conoció a raíz de las amistades hechas en su estancia en Montreal. O podría ser –tal y como muchos llevan vaticinando unos cuantos meses– la primera y flamante piedra en la carrera de una de las artistas que más tienen que decir en el pop de este decenio. Lo que está claro es que “1991 EP” es la primera referencia oficial de Banks, la primera entrada legítima en su perfil de Discogs y, vamos a decirlo ya, un maxi de calidad notable en muchísimos aspectos, desde la originalidad de la propuesta hasta la efectividad en las pistas de baile interplanetarias. Un best seller de la era iTunes con todas las de la ley. Sea como sea el futuro artístico de la neoyorquina, su aportación a la música contemporánea con estos cuatro temas ya merece tanto alabanzas como un hueco en la historia de la cultura popular.

“1991 EP” deja poco margen para la sorpresa. Incluir “212” ha sido una formalidad y un deber moral, puesto que el tema que más ha catapultado a Banks todavía no había sido planchado en edición física. Y el cruce de talentos perpetrado en “Liquorice” –el siempre excitante Lone a la producción, la lengua sin tapujos de Azealia en las bars– ya venía circulando por la red desde hace algún tiempo. Los otros dos cortes de este trabajo también son melodías conocidas para aquellos que sigan la carrera de Machinedrum. Azealia Banks se adueña de “DDD” en “1991” y de “Van Vogue”, ambas incluidas en el “SXLDN” que Travis Stewart lanzaba a través de LuckyMe en febrero. Los cuatro cortes ponen de manifiesto uno de los potenciales de la de Harlem como artista: Azealia Banks es la única vocalista rap femenina capaz de insertar su flow en los ritmos de baile como si estuvieran hechos el uno para el otro. Esto la distancia estilísticamente de otras nuevas perlas del urban con las que ya ha pasado por la bañera de barro para marcarse un catfight –estamos hablando de Iggy Azalea y Kreayshawn–. No sólo eso, sino que deja en bragas a la mitad del negocio femenino urban que en los últimos años ha tenido por bien subirse al carro del dance europeo en aventuras firmadas por Guetta, Calvin Harris y un largo etcétera. Banks no es comparable a ninguno de los dos grupos por el simple motivo de que no hace ninguna de las dos cosas. Esa originalidad es la mejor de sus armas, y no la soberbia que se viene gastando en las últimas semanas vía redes sociales.

El segundo punto fuerte de este trabajo también tiene que ver con la originalidad, pero no me apostaría ni los cobres del monedero a que va a ser un aspecto perenne en sus siguientes trabajos. Pese a su diligente salto a la fama y su contrato con multinacional, la neoyorquina ha blindado la producción de estas cuatro canciones, demostrando buenos contactos con lo más granado del underground y un olfato exquisito para saber qué ritmos le conviene bailar. Una mezcla de desprendimiento, fe en los que como ella empiezan y personalidad inquebrantable por los petrodólares de la multinacional. ¿Veremos a sus amigos productores en su primer disco? Lo dudo mucho; y no porque ella se vaya a dejar corromper por los benjamins de Interscope, sino porque como siga abriendo la bocaza al ritmo que lleva, no le van a quedar amigos antes de que acabe el verano.

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