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8.6 / 10

Al beef entre Abel Tesfaye ( The Weeknd) y Jeremy Rose ( Zodiac) no se le ha dado mucho bombo, quizá porque el peso del primero ahogaba las aspiraciones del segundo. Lo que no quiere decir que nunca haya existido la disputa ni que, a raíz del rifirrafe entre vocalista y productor, no haya que reexaminar los méritos verdaderos de la primera mixtape de The Weeknd, la que encendió la mecha y convirtió al canadiense en poco menos que el salvador estético del R&B. Zodiac le había recriminado a Tesfaye que nunca le hubiera concedido el crédito por haberle producido tres temas, “The Morning”, “Loft Music” y “What You Need”, que a la postre fueron las que empezaron a llamar la atención sobre su sonido. Asimismo, Zodiac se arrogaba buena parte del mérito en la idea artística del proyecto –a la postre exitosa, como se ha visto– y que, a cambio, se le hubiera hecho luz de gas. Quién hizo qué y cuál es el papel individual de cada uno es algo difícil de discernir, y quizá hubiera que llevar a estos dos a un plató de testimonios para que resolvieran sus problemas en televisión, o ante un juez para que dirimieran sus responsabilidades. Pero tras escuchar “Zodiac” una cosa queda clara: las aptitudes de Jeremy Rose como productor son mayúsculas, y seguramente su rol en la gestación del boom de The Weeknd no fue testimonial. Este EP que edita el sello de Jacques Greene –esta semana en digital, a partir del 8 de octubre en vinilo– puede tomarse como su pequeña revancha.

Zodiac no podrá aspirar al éxito que ha cosechado The Weeknd a través de sus mixtapes y que le ha conducido hasta la multinacional Universal, en un alucinante viaje desde Twitter –fue un mensaje de 140 caracteres escrito por Drake lo que desencadenó todo– hasta la cima. Pero estos cinco cortes le van a situar, con toda seguridad, en un estatus muy parecido al de Clams Casino: el del productor con una paleta sonora singular, abundante en texturas líquidas, bajos mohosos y voces que flotan en la distancia, que consigue dar un paso al frente y desprenderse del artista carismático para el que trabajaban en la sombra. En “Zodiac” hay una pieza vocal – “Come”, en la que participa ese Prince en formación que lleva por nombre Jesse Boykins III–, y que suena extravagante entre las cuatro restantes, que abarcan desde el beat punzante de “138”, que amenaza una deriva house con bajos muy secos, muy gordos, y un gemido intenso que añade el tono lastimero, y la introducción preciosista de “Girlgirlgirl”, que puede ser el resumen perfecto de las aspiraciones sonoras de Zodiac: beats abstractos entre el R&B futurista y el post-dubstep triste, ese punto de encuentro improbable entre The Neptunes y Burial, con voces subidas de pitch y limitadas a un hipido –y con una armonía cíclica a lo Philip Glass que lo sostiene todo–. “So Soon We Change” recuerda en su textura y su empuje a una de las piezas de Flying Lotus de la era “Los Angeles”, y la miniatura “Loss Config.” pone de manifiesto que una de sus especialidades son las turbiedades ambientales.

Este maxi aparece en Vase, un sello que no mantiene una línea férrea –ha ido del house al pop, y ahora a este limbo intermedio en el que Zodiac parece estar hundiendo los cimientos de algo nuevo y seductor, muy en consonancia con el catálogo de Tri Angle y el sector formado por Balam Acab, Howse y Evian Christ–, y es un síntoma que describe muy bien esa zona siempre agitada en los márgenes del R&B, el bass y el deep house: música de club elegante y con un paso atrás, dubitativa entre reinar en la penumbra de un club a primera hora de la noche o con los primeros rayos del amanecer en una habitación solitaria. La espina ya se la ha sacado de encima Zodiac, y presenta candidatura a productor revelación del año. Su beef con Tesfaye probablemente quede en tablas, pero al menos no ha consentido en quedar como cornudo y apaleado.

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