Xorcism Xorcism

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The Spaceape The SpaceapeXorcism

7.7 / 10

The Spaceape y sus proclamas futuristas al micro no son material exótico para los estudiosos más exigentes y disciplinados de Basslandia. Sus colaboraciones con Kode 9 en los álbumes referenciales “Memories Of The Future” y “Black Sun” le han granjeado una indestructible reputación de vocalista de culto en los sótanos del underground británico. En pleno disfrute de su escalada en tierras dubstepianas, Stephen Gordon, que también asomó el hocico en el primer álbum de Burial, entre otros, se ha visto obligado a vérselas con un cáncer que le ha tenido con un cuchillo entre los dientes a lo largo de los tres últimos años. Obviamente, una experiencia de esta magnitud no podía pasar sin dejar huella en los extraños constructos de raps alienígenas y percusión tribal que configuran el espinazo de este pezqueñín. Sí, pezqueñín, porque el viaje al pozo tan sólo dura 13 minutos, aunque visto con frialdad, lo sucinto del minutaje termina siendo una de las características más valiosas del experimento. Cero sobrantes.

“Xorcism” no engaña, es un mini exorcismo, una forma de empapar con dolor, rabia, saña y oscuridad unas partituras inquietantes que se acercan más a mantras chamánicos del Haití oculto que a piezas electrónicas de última generación. Gordon se aferra a una forma extraña y absorbente de desgranar sus relatos telegráficos y post-milenaristas. Es una voz escamosa y ronroneante que maneja con precisión quirúrgica en un contexto sonoro que se ajusta como unas medias de pija a su dicción y literatura. Los sonidos, la percusión hipnótica, los instrumentos rudimentarios, todo el envoltorio sonoro del EP te convierte en espectador de lujo de una ceremonia vudú en las junglas haitianas; te hace visualizar extraños rituales con sacrificio de animales, misas negras con afro zombies, apariciones del Barón Samedi y mujeres tetudas poseídas por vete a saber qué, retorciéndose en la gravilla.

De esa comunión entre percusión artesanal, instrumentos rudimentarios desafinados, golpeos anárquicos, cánticos de invocación y folklore haitiano en el lado oscuro, surge un sonido totalmente nuevo, extravagante, exótico, tensísimo, ignoto; un tiempo de sueño musical que de primeras te repele, de segundas te despierta una gran curiosidad y de terceras te ha engullido como un remolino gigante en medio del océano. Y todo aderezado con el spoken word insondable marca Spaceape, unos textos que relatan el via crucis del rimador durante su lucha contra la enfermedad. De hecho, en cortes como “ He Gave His Body Over To Science” puedes hasta sentir la radiación de la quimioterapia. En “Spirit Of Change” casi puedes tocar a los espectros del cáncer. En “ The Sound” la tensión está tan afilada que cuando sacas los auriculares encuentras cardenales y heridas en el cartílago de la oreja. No es un plato de fácil digestión. Es comida rara: una ópera vudú en formato tribal y una libreta llena de frases memorables como la que nos regala en “ Up In Flames”: “ Be the first ones to criticise. Be the last ones to stay alive”. En eso estamos, doctor.

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