Wireless Wireless

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T++ T++Wireless

9 / 10

T++  Wireless HONEST JON’S

(HJP49, 2x12” + digital)

Torsten Pröfrock siempre ha estado en el centro de cosas importantes, y siempre ha sido como invisible, manejándose con esa discrección que en estos tiempos de hoy, de tanta vanidad, de hacerse notar, de creerse alguien con muy poco, hacen especiales a algunas personas. Cuando el techno-dub estaba en su etapa de madurez, él ya grababa obras maestras del bombo acuático bajo el nombre Various Artists en el sello Chain Reaction. Más tarde fundó el sello DIN, le abrió la puerta a la segunda generación del dub abisal a la manera germánica –Arovane, Pole– y él se escondió entre un exceso de alias, sin querer llevarse ni un miserable aplauso. En 2004 entró a ayudar a Robert Henke en el proyecto Monolake, y con sus sugerencias el dúo regresó a la música de baile preñada de experimentación, y maxis como “Alaska / Melting” mostraron un camino a seguir, entre el eco y la furia, a gente oscura como Surgeon. Paralelamente, editaba maxis y aceptaba remezclas como T++ –para Marcel Dettmann, Shackleton o Shed– que iluminaban el camino para el techno del futuro. Ahora, Torsten decide que lo deja, que la aventura T++ ha concluido, que hay que pasar a otra cosa.

“Wireless” es, por tanto, el testamento de una etapa dorada en el underground techno, a una tarea tan poco reconocida como la de Stephan Laubner, alias STL. Aunque quizá este doble vinilo sea, posiblemente, el anuncio oficioso de lo que está por venir, porque en los cuatro cortes que entrega ahora T++ el techno se diluye, se desencajan todos los mecanismos rítmicos, cobra protagonismo la profundidad del ambiente –algo así como el sonido de una cueva con un lago en su interior; cavernoso y líquido por igual– y se baten en retirada los bombos obvios. “Cropped”, “Anyi”, “Voice No Bodies” y “Dig” avanzan a ritmo de vals, pero con la pierna herida. Si a la evaporación de la arquitectura sumamos la entrada de nuevos elementos de sampleo –estos cuatro temas están hechos a partir de grabaciones de campo fechadas en los años 30 y 40 del cantante africano Ssekinomu–, el resultado final es un tribalismo etéreo, una evocación telúrica que nutre a la, posiblemente, más avanzada vanguardia bailable del momento. Una cosa es cierta: Torsten no nos ha fallado nunca y, sea lo que sea que le depare su futuro, no nos fallará.

Javier Blánquez

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