We Stay Together We Stay Together

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Andy Stott Andy StottWe Stay Together

9 / 10

MODERN LOVE (LOVE072, 2x12” + digital)

“Música de baile” ya no es una idea que le sirva a Andy Stott, no si pretende seguir por la línea que inició con el doble vinilo “Passed Me By” y que ahora calca en “We Stay Together” tanto en el packaging –imagen en blanco y negro, fondo rústico, dos maxis, seis temas– como en una filosofía del sonido que consiste en arrastrar en vez de golpear, en hundirse en vez de flotar. Una vez más, el talentoso productor de Manchester forja un tipo de techno que tiene en su lentitud enfermiza su máxima virtud: las piezas no se mueven con agilidad, sino que reptan como serpientes por el barro, abundando en efectos que suenan viscosos al oído, sucios, y a veces asfixiantes, como si en vez de un club, el espacio ideal para escuchar este disco fuera una cámara de despresurización o una celda de aislamiento en una fortaleza submarina. Tras una introducción líquida en “Submission” –pero líquida sin serlo del todo, como el mercurio–, Andy Stott va desgranando con paciencia los argumentos de su nueva línea estética, que ya se aleja definitivamente del dub, del electro y del jungle para abrazar el lado más oscuro del techno y el house.

La clave del doble vinilo no está tanto en su lentitud forzada –ese es un rasgo que se aprecia en la trayectoria reciente de los que podemos aceptar como influencias para “We Stay Together”, de Move D a Kassem Mosse, de Theo Parrish a Jamal Moss, por no hablar de Echospace y el sonido “hazy” de Actress–, sino cómo esa lentitud se vuelve pustulosa y cancerígena a cada nuevo compás. Los bpms son escasos, pero lo significativo de piezas como “Bad Wires” o “Cherry Eye” es la textura fétida que las envuelve; es un techno que se complace en alejar al clubber como un mal olor. Los ecos no resuenan, sino que se apagan en sí mismos; los beats se intuyen por debajo como cargas explosivas subterráneas, todo el material parece producido a propósito para crear esa sensación molesta de vinilo pinchado a menos revoluciones de las necesarias, pero que una vez se acostumbra uno a la estrategia resulta tan fascinante, hipnótico y absorbente. Andy Stott ha dado con una tecla particular que, si no la fuerza más de la cuenta, le puede dar aún mejores resultados y más prestigio: el techno del cangrejo, que en vez de empujar se desarrolla a la inversa y avanza sobre sus propios pasos.

Javier Blánquez

Andy Stott - We Stay Together by modernlove

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