Warm Pulse EP Warm Pulse EP

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Nguzunguzu NguzunguzuWarm Pulse EP

7.7 / 10

El nombre es difícil de pronunciar, pero la música es diáfana. Incluso líquida. Y difícil de atrapar, como el mercurio. En el tiempo que va entre el primer EP de la pareja formada por Asma Maroof y Daniel Pineda –que fue exactamente hace un año, como inauguración del catálogo de la filial estadounidense de Night Slugs, Fade To Mind– hasta este nuevo título, han sucedido varias cosas de importancia: primero, la inclusión de Asma en la lista de alumnas de la pasada Red Bull Music Academy en Madrid, y segundo el crecimiento del dúo en paralelo al de una escena de beats abstractos que acumulaba más influencias de las manejadas en California –hip hop y psicodelia, con una pizca de dubstep, esa era la base– y expandía su lenguaje hacia una especie de sonido Baltimore a paso de tortuga y la distorsión de las bases crunk con acumulación de efectos espectrales (un rastro witchy que aún permanece). En su 12” en Fade To Mind – “Timesup EP”– ya se intuía que el futuro de Nguzunguzu no iba a pasar por el refuerzo del ritmo, sino por la liberación de la atmósfera, que pedían luz antes que claustrofobia, y ahora que han pasado a un sello con inclinación hacia el home listening esos aires de cambio han acabado por rezumar por completo. Este nuevo EP en Hippos In Tanks –que ya está disponible en digital y se planchará en vinilo en agosto– es para el dúo algo parecido a abrir las ventanas y dejar que corra el aire.

“Warm Pulse”, el primer corte, describe a la perfección la tónica de todo el EP: hay bass de mucho grosor, pero cadencioso y con tendencia hacia el coma, con cajas que giran como molinillos pesados. Pero la inventiva no está tanto ahí como en la atmósfera futurista –conseguida con una voz que parece sacada del soundtrack de “Akira”–, que saben alcanzar con un par de sintes y un pellizco melódico. Es admirable cómo han sabido integrar la subcorriente esotérica de bandas sonoras de terror a un contexto de beats de vanguardia, y cómo eso crea una sensación narcótica, alucinada también en “Delirium”, un tema con sirenas y bocinas raves, voces subidas de pitch y bases propias de Clams Casino si tuviera que producir a la última estrella del j-pop en vez de a un rapper fumado. Igualmente embriagador es “Smoke Alarm”: la melodía es un remolino hacia dentro salpicado de crujidos que parecen de armas de fuego o maderas que crujen en un caserón encantado; cuatro minutos y medios que describen un estado de sueño lúcido y macabro. Los beats siguen siendo saltarines e imaginativos, pero se entrelazan con las texturas superiores para dibujar, conjuntamente, un bosque (de cemento) encantando: “Drop Cage” funde aura cósmica con lo que parece el grime en su orientación más cyberpunk posible –y “No Longer” es el cierre idóneo, en el que el beat suena lento y la atmósfera cargada, maximizando el poder expresivo del dúo y demostrando, una vez más, que Nguzunguzu rinden más y mejor cuanto más pesadas se hacen las bases y más raro se vuelve el aire que entra por la ventana; aire envenenado que enturbia la mente y retuerce el cuerpo. Van por el buen camino y lo mejor aún está por llegar.

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