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The Antlers The AntlersUndersea EP

7.7 / 10

El entorno de The Antlers se ha empeñado en describir a su más reciente trabajo, “Undersea”, como “un EP en longitud pero mucho más que eso en términos de enfoque y alcance”. Unas palabras ambiciosas porque este lanzamiento dura poco más de 22 minutos, tiene cuatro canciones y, bueno, sí, quizá como único rasgo diferenciador respecto a EPs al uso se podría conceder que tiene un carácter conceptual (acuático). El caso es que tampoco es que tenga un concepto tan marcado como “Words And Music By Saint Etienne”, por coger un ejemplo reciente en el ámbito del pop. Pero desde luego este EP está mucho más trabajado que su última producción hasta ahora, ese inefable “(together)” plagado de versiones que van de lo insulso a lo terrorífico, algo completamente impropio de una banda que cuida tanto el material que lanza. Ya formados como banda propiamente dicha desde “Burst Apart”, la pandilla de Peter Silberman encontró un hueco en sus agendas a principios de año tras una extensa gira para entrar en el estudio, pese a no tener material escrito. Y aunque tenían unos dos meses y medio para trabajar, lo que en circunstancias normales hubiese significado salir de las cabinas con un nuevo álbum bajo el brazo, finalmente el resultado de esas sesiones fue este ambicioso “Undersea”.

Como ven, pues, aquí no hay descartes, lo que probablemente haya ayudado a que el material que se exponga sea mucho mejor que la mayoría de EPs que se editan habitualmente. Pero que un EP contenga canciones pensadas concienzudamente, cuidadas hasta el más mínimo detalle, hechas con mimo y esmero, no le debería hacer especial, sino más bien debería ser la tónica habitual en la industria. Después de dos trabajos oscuros, trágicos y extenuantes en el mejor sentido de la palabra (si es que acaso lo hay), “Undersea” podría interpretarse como la experiencia de un buzo que sale a la superficie a tomar aire después de que le haya fallado la bombona de oxígeno. Los neoyorquinos describen este trabajo con grandísimo acierto como “la serenidad de caer dormido o de hundirse en el fondo del océano” y más o menos esa es la sensación que vas a tener al escuchar estas cuatro canciones. No es dream-pop pero te deja en un estado de duermevela más genuino que muchos de los discos etiquetados como tal. Esto es slowcore en su máxima esencia, con ritmos pesados marcados por perezosas baterías, una guitarra que no quiere hacer más ruido de la cuenta, alguna que otra concesión a los vientos (especialmente en la hechizante “Drift Dive”) y las cuerdas y un sonido ligeramente electrónico, que sigue en buena medida la estela de “Burst Apart” estableciendo un cruce aproximado entre Portishead y Boards Of Canada (de hecho, Silberman admitió que recientemente los ha escuchado mucho).

La pieza central aquí, sin duda, es “Endless Ladder”, cuyo título ya da pistas de dónde van los tiros. Ocho minutos y medio de lento descenso a las profundidades guiado por un meditativo piano, el afligido canto de Peter Silberman y un sonido que podrían haber sacado de alguna criatura subacuática o incluso de la paleta de samples del “Geogaddi”. Le anda a la zaga “Crest”, que retoma las cosas donde las dejaron en “I Don’t Want Love”, con un sonido sugerente aderezado con unas cuerdas exquisitas y el siempre embriagador falsete de Silberman. El cierre, “Zelda”, no está a la altura del resto de piezas, aunque cautiva igualmente por la belleza de una guitarra menos minimalista de lo habitual y más abierta al lucimiento y un inteligente y hasta ahora insólito uso de los sintetizadores. “Undersea”, pues, muestra a una banda en continuo crecimiento cuyo techo aún están lejos de tocar.

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