Ultra Fine One Ultra Fine One

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Alex.O.Smith Alex.O.SmithUltra Fine One

8 / 10

Alex.O.Smith  Ultra Fine One FHXE (AOS432A, 12”)

He seguido a Alex.O.Smith –algunos le conoceréis mejor como Omar S, el asombroso y algo engreído jackmaster de Detroit– de una manera un tanto fragmentaria. En el último año y medio Smith ha incrementado considerablemente su ritmo de edición, ha dividido su producción en varios alias y formatos (hay un 7”, incluso) y sus vinilos aún son lo suficientemente caros como para frenar los avances en la posesión de la colección completa, máxime cuando con nuestro dinero también damos de comer a muchos otros artistas y no hay libras para todos –a veces tengo la sensación de que el crítico musical que aún compra música es como esa señora anciana que da de comer a las palomas en el parque–. Total: me he perdido cosas, y como le he seguido sin mantener una constancia “Ultra Fine One” me plantea una duda: ¿es el primer 12” ácido de Omar? Juraría que sí. Juraría que en su paleta de sonidos, siempre de bajísima fidelidad y textura de vinilo mal prensado, siempre ha habido espacio para las máquinas clásicas del techno pero nunca una fisura por la que pudiera filtrarse el característico mantra sísmico de la 303. Si esto fuera así, este título es un hito. Lo sería porque suena la 303 con el nerviosismo de los grandes días, con la crudeza de algunos vinilos históricos. Hay que ponerse en situación: no es el acid clásico de Chicago –le falta el respaldo de una 808 en las bases y mayor amplitud cromática de la bassline–, pero tampoco suena a la new school limpia de Jesper Dahlbäck. Omar S. se mantiene analógico, pero citando el minimalismo ácido, como un destello de energía violento y seco del primer Plastikman y del francés Emmanuel Top –detalle: la cara B se titula “Mid 90’s”–: acid que está más regurgitado que compuesto con cariño, un acid que fluye como un río de lava y que tiene la rara capacidad de penetrar en la piel. Nótese que el sonido de Omar S, siempre desaliñado y sin brillo, rara vez tocaba algo que no fuera los pies. Aquí no es que toque el alma, pero corroe las tripas.

Richard Ellmann

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