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Marcel Dettmann Marcel DettmannTranslation EP

7 / 10

OSTGUT TON (OTON052, 12” + digital)

Marcel Dettmann se ha visto atrapado, contra su voluntad, en el saco del techno “moderno”, cuando él es un clásico que atesora primeras ediciones de Axis, Purpose Maker y 7th City en su apartamento de Berlín, las pincha cuando le toca cruzar la puerta del club Berghain y, en realidad, todo esto del minimal se la trae muy floja. Él entiende el minimalismo como una disciplina que comienza en Jeff Mills y Robert Hood y que se entiende como un techno seco, elíptico, ferruginoso y más hipnótico que el movimiento de un péndulo, nunca como un abuso de plug-ins, sonidos de bolitas de cristal cayendo por una escalera de mármol y demás recursos de la escuela digital, cuyo momento ya pasó y de la cual ya se poca cosa, hasta que le dé por volver con ánimos renovados. Por eso, Marcel sigue teniendo sentido en el mapa actual del techno: aunque anclado en formas muy consolidadas, su visión del sonido se ha hecho atemporal y eficiente. Sabe cómo desarrollar un bucle sin que parezca hecho con desgana o sin habilidades, y aunque se le nota demasiado servil con los maestros –por comparar, que está feo, no es como Shed–, sabe muy bien lo que se hace.

“Translation EP” es incluso más retroactivo que los maxis anteriores del über-DJ alemán, que tenían una producción más nueva, más limpia. Este 12” es tan millsiano que le sitúa al lado de otro productor que sabe respetar aquellos tiempos en los que el techno era un lienzo con panorámicas infinitas del cosmos con un agujero negro a lo lejos, el madrileño Tadeo. Tras una intro con suspense y misterio –como los temas ambientales de Jeff Mills; siempre volveremos a él en este texto–, llegan los bucles repetitivos y fascinantes, los contrapuntos en disonancia, las notas que se deshacen en estructuras melódicas surrealistas, y sobre todo los bombos rotundos, constantes en su pegada como el mecanismo de un motor, en “Translation One”, “Translation Two” y “Planning”. Dos pegas tiene el vinilo: una, su monotonía –algo lógico en este techno, que no es para escuchar en casa como primera opción, sino para escucharlo en el club con un sound system de los que se caga la perra y así entrar en el loop obsesivo–; dos, su sensación de dejà vu, pero mejor esto que no que intente copiar a, por ejemplo, Gaetano Parisio.

Javier Blánquez

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