That We Can Play That We Can Play

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9 / 10

Games That We Can Play HIPPOS IN TANKS (H I T 005, 12” + digital)

Sonidos de bambú, baterías electrónicas, teclados con mástil –el entrañable keytar–, voces radio-friendly: lo de Games no es únicamente un intento de revival del pop mainstream de los 80 con especial fijación en el italodisco, sino la creación de una realidad paralela en la que la nostalgia –que sólo la pueden sentir quienes han vivido cierta época– se ha transformado en obsesión –más propia de quien no pudo estar en el momento por una simple cuestión de edad–. Para Games, el dúo formado por Joel Ford ( Tigercity) y Daniel Lopatin ( Oneohtrix Point Never), la estética futurista de aquellos años –un futurismo doméstico y naïf focalizado en cintas de vídeo, diseños fractales simples por ordenador para cortinillas de televisión, efectos especiales en cine de Hollywood y la introducción masiva de la electrónica en el pop de radiofórmula– es un foco de obsesión como para otra gente pueda ser el Bajo Egipto o las guerras napoleónicas. Este segundo EP de Games, tras un 7” que renunciaba a la influencia kosmische de OPN en favor de un pop AOR disuelto entre sonidos vaporosos, el proyecto alcanza el siguiente nivel.

“That We Can Play” es uno de los 12” que debes añadir a tu cesta de la compra porque tiene todo lo que a un ejercicio de memoria de este tipo hay que pedirle. Está en pleno equilibrio entre el kitsch –o el pastiche, como prefieran– y la pura inspiración melódica, la excelencia del pop. Games cuentan con participaciones clave como Laurel Halo –y su voz apasionada y tétrica en “Strawberry Skies”, como una Kate Bush renacida en un contexto post-disco–, citan a productores como Thomas Dolby en “Planet Party” y copian uno de los muchos estilos de producción de Jan Hammer en “Midi Drift” –este título es la quintaesencia de Games: muestra la parte lúdica en paralelo a la obsesión enfermiza por la tecnología retro–. Pero la clave del maxi, que en versión digital se completa con una remezcla de Gatekeeper de carácter fantasmal y otra remezcla de los propios Games para CFCF ( “It Was Never Meant To Be”), no es ninguno de estos tracks, a pesar de la altura que alcanzan con sus virtuosos riffs de teclado: es “Shadows In Bloom”, el himno italo a lo Ken Lazslo o Ryan Paris que la generación hipnagógica todavía le debía al mundo. Believe the hype: Games superan en sólo once minutos todas las expectativas.

Tom Madsen

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