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EPs

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8.5 / 10

Algunos de los discos más importantes de la historia de Warp han sido, en realidad, co-producciones con otros sellos: el primer álbum de Jamie Lidell lleva estampado en su esquina el logo de Spymania, y el de Boards Of Canada, recuérdese, también lucía la heráldica de Skam. Este 12”, que puede pasar como el mejor título de Warp en 2012 siempre y cuando nos pongamos de acuerdo en que Squarepusher también ha firmado una barbaridad de LP, es, apropiadamente, un acuerdo al 50% con LuckyMe, plataforma escocesa que para Warp ha sido últimamente una cantera de nuevo talento que se han dedicado a esquilmar con criterio y aprecio, comenzando por Hudson Mohawke y acabando, por ahora, con Rustie. TNGHT es el proyecto de colaboración entre HudMo (la parte Warp del asunto) y el canadiense Lunice, que levanta el pabellón de LuckyMe, aunque, quién sabe, algún día podría cambiar de aires. Aunque si hablamos de cambio de aires, ahí está el sonido de “TNGHT EP”, una colección de bangers gomosos de ascendencia sureña que reactiva la importancia del hip hop ultradigital en el mapa presente de la música de club.

Parece ser que para coincidir en TNGHT, Hudson y Lunice han tenido que renunciar a algunas señales estéticas propias para encontrar un espacio común. Por ejemplo, no hay nada de ese boogie-disco retorcido que caracteriza el sonido del escocés, ni ese funk-pop elástico que sí encontrábamos en “Butter”; Lunice, en cambio, sacrifica los beats house y su tendencia a practicar una dance music con momentos de ortodoxia, a la europea. El lugar de encuentro, sin embargo, no les resta identidad a ninguno de los dos: aquí sacan cinco beats de un grosor memorable que llevan hasta extremos manieristas el hip hop de club de The Neptunes – “Bugg’n”, por ejemplo, es la típica base que Pharrell y Hugo le hubieran servido a Clipse, sólo que más anabolizada, con una dimensión más esférica y rellena del sonido, pero igualmente minimalista y de golpe seco– y que forman figuras sonoras que sugieren ideas de fiesta y demencia: momentos de ruptura en una noche de club, esa entrada de un bajo violento o un break intenso que hace reaccionar el cuerpo como si estuviera inyectado de esteroides –de ahí la clara alusión vespertina en el nombre del proyecto, TNGHT: celebración del aquí y ahora–.

“Top Floor” tiene esos mismos ingredientes: un bajo que resuena con eco nepalí –ni el Himalaya amplifica tanto–, una base rota propia del rap de Houston o Atlanta y samples vocales que podrían haber salido de un soundtrack de terror, como si representaran los segundos antes de caer en una lentitud insuperable por el efecto de la codeína. “Goooo” tiene sus raíces en el hardcore-techno, del modo en que un acorde dramático y oscuro sobrevuela sobre otro beat crunk demente y un bajo que simula el ruido de unos disparos, o de un cerrar violento de puertas, mientras la melodía se desarrolla en una espiral tremebunda. “Higher Ground” juega con el grime de una manera indisimulada –voz de fémina, pero que parece de gremlin, desarrollo de fanfarria, caja nerviosa y beat invasor, a lo Terror Danjah–, y para acabar “Easy Easy” resume todo en un momento más cercano al sonido B-more, que es como decir ese sonido Pharrell del principio llevado a un desmadre de proporciones épicas. Cinco temas como cinco pepinazos que multiplican su efecto desolador –neuronas fundidas, piernas fláccidas– cuando se escuchan a un volumen como dios manda. TNGHT no se puede quedar aquí: deben sacar más EPs, pensar un álbum, constituirse en pareja de hecho, o algo.

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