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Actress ActressSilver Cloud

8.3 / 10

Estamos en ese momento en el que un nuevo lanzamiento de Actress, por muy nimio que sea, por muy fugaz que aspire a ser su presencia en el mercado –y eso incluye hasta el remix más recóndito o anecdótico–, se convierte en un acontecimiento solemne, como cuando se muere un Papa y hay que elegir a otro, ese tipo de trascendencia. Es cuando ocurre eso que se nos dispara el sentido arácnido, dejamos de hacer lo que tenemos entre manos y, si ha habido suerte de poner la zarpa sobre el objeto o localizar el audio en la red, nos encerramos con el cartelito de ‘no molestar’ para prestar mucha atención a lo que tenga que decirnos Darren J. Cunningham, como se la prestaríamos a un conferenciante eminente o a un texto grabado en mármol. Es la primera vez en cinco años, además, que Actress edita material en su propio sello: la última vez fue en 2008, el año de aquel brumoso y desvaído “Hazyville”, y desde entonces ha estado sobre todo en Honest Jon’s, forjando la leyenda del techno más abstracto y absorbente de la última década con el díptico “Splazsh” (2010) y “R.I.P.” (2012). ¿Qué trae de nuevo Actress en su vuelta a casa? Lo que más se podía desear: un regreso al origen –a esa derivación espectral de Detroit y el deep house por marismas y tierras baldías de “Hazyville”, pero con el sonido mejorado, afilado hasta sacarle un brillo pálido, punzante y enloquecedor. Es el Actress de los ropajes ambientales tupidos, los beats codeínicos y las pulsaciones propias de quien está a punto de morir de congelación.

“R.I.P.” era un disco muy enfocado hacia la geometría techno: era de líneas, de ángulos, de perspectivas. Un disco de planos de visión, de formas lisas, muy bien organizado, muy racional, aunque casi siempre parecía escaparse de la lógica euclidiana con la que solemos ver los objetos (incluso los objetos sonoros). Los tres nuevos cortes que incluye “Silver Cloud”, en cambio, son como esas formas antes rígidas y precisas en pleno proceso de desintegración, como si alguien les hubiera arrojado un líquido corrosivo y empezáramos a apreciar el proceso de desgaste –se podría poner el ejemplo, también, de la vela que se va consumiendo poco a poco y va dejando ese reguero de virutas con formas como de nudos vegetales–. El primer tema, “Voodoo Posse Chronic Illusion”, tiene un buen título que ayuda a pensar en zombis hasta las cejas de un THC fortísimo, aunque el sonido que consigue Actress aquí es parecido al del chiptune que sonaría en un bosque encantado: los pitidos digitales se trenzan muy bien con un bucle atmosférico que se repite, de manera incansable, y sólo con puntuales flexiones, durante ocho minutos que suenan a una especie de versión narcótica de aquel mítico dúo del sello Kompakt, Closer Musik (algo así como “Maria” on crack). El segundo tema también hace su alusión a las drogas ( “Floating In Ecstasy”), aunque más que éxtasis parece ser una apología de la ketamina: tiene voz de goblin halitósico y beats reptantes, como si el witch house en realidad lo inventara Model 500 y lo hubiera rescatado casi 30 años después Andy Stott. “Silver Cloud Dream Come True”, pieza última, cómo no, también participa de esa vía viscosa del nuevo techno, la misma que Actress empezó a sugerir en “Hazyville” y que ahora, en la comodidad hogareña de Werk, se ha vuelto más verdegris, empantanada y extraterrestre que nunca. Ya no es noticia, pero el hombre está en otro nivel y bastante solo por ahí arriba, necesitado de competencia.

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