Shadows Shadows

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Floating Points Floating PointsShadows

8 / 10

EGLO RECORDS

A lo largo de todo este año, y también durante buena parte de 2010, Samuel Shepherd ha estado alternando sus apariciones como DJ en los clubes con una banda de directo, el Floating Points Ensemble, que a la larga tiene que haber ayudado a dar forma a lo que hoy es su discurso como Floating Points a secas: esas notas jazz, esos bajos elásticos como de jam boogie, el sonido en vivo, irregular, de la batería, un dinamismo que suena orgánico y natural, en un territorio intermedio entre un house esquemático y un funk cósmico. “Shadows” –doble vinilo, longitud de mini-álbum– es, de todos los releases de Floating Points, y eso incluye también el 10” que planchó en Ninja Tune con el ensemble, “Post Suite / Almost In Profile”, el que mejor captura las posibilidades de libertad de su fórmula, casi hasta el punto de la perfección teórica y la consolidación práctica. No hay banda en ninguno de estos temas, todo es teclas y máquinas, pero cortes como “Myrtle Avenue” y sus diez minutos de circulación por diferentes espacios habilitados por los ritmos rotos, suenan a batería real, bajo gomoso y órgano Hammond con un tratamiento de remix a cargo de Theo Parrish o cualquier otro artesano de las slow jamz de Chicago.

Hay un punto débil en “Shadows” que, indirectamente, se convierte en su gran virtud: cada uno de los cinco cortes es diferente. Lo que pierde en cohesión, por tanto, Floating Points lo transforma en una exhibición de posibilidades. Aunque no es cierto que no haya continuidad en todo el EP: la hay, pero por lo que ya habíamos dicho, por el uso de unos ciertos patrones rítmicos –si “Myrtle Avenue” es vagamente deep house con un giro retro hacia el funk cósmico, “Realise” es una especie de dubstep emocional como el de James Blake ( circa 2010) o Burial, y “Obfuse”, en sus cuatro minutos de nítido minimalismo, algo así como una revisión del funky house londinense pero en clave lo-fi, sin euforia–. El cuarto tema, “ARP3”, aporta una nueva lectura de este punto de partida tan abierto: un ritmo como circular, adornado por un piano jazzy, que sin embargo crece en intensidad épica y cristaliza en una estructura circular hipnótica como si Four Tet hubiera remezclado a Sun Ra, y el quinto y último, “Sais”, suena a resumen de todo “Shadows”: no sólo por su longitud –son ocho minutos en los que pasan muchas cosas–, sino sobre todo por su habilidad para unir con el más sólido pegamento un inicio dubstep a lo Burial, un crescendo orgánico a lo Four Tet y esa elegancia madura del house que sólo tiene Theo Parrish. Podría acabar diciendo aquello tan manido de que esto es el jazz del siglo XXI, pero no haría falta: esto va más allá, es el inicio de un método de trabajo que anticipa un nuevo camino de trabajo para la electrónica maximalista con mucho bass.

Robert Gras

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