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Machinedrum MachinedrumSXLND

7.2 / 10

Mis últimos cuatro meses de “relación” con Travis Stewart han sido como vivir con alguien que sufre trastorno de identidad disociativo. Del directo que presencié en septiembre recuerdo derramarme al menos tres cervezas por encima y tener que buscar mi sandalia entre el frenesí footwork de la sala. La puesta en escena de “Room(s)” me hizo sudar todas las toxinas del verano. Poco después llegaba el primer álbum de Sepalcure, un remanso de IDM 2stepizada meloso y cálido que dista bastante de lo que escuchamos en “Room(s)”, si nos atenemos a las reacciones corpóreas que producen ambos discos. Antes de que nos diera tiempo a sacar esas dos piezas de nuestros iPods, LuckyMe lanza este “SXLND”, cuyo tema homónimo ha sido secuestrado por esa nueva máquina del hype llamada Azealia Banks.

¿Tienen algo en común estos cinco cortes (cuatro y medio más un remix de Scuba, para los quisquillosos) con el Machinedrum de 2011 o con la mitad de Sepalcure? La respuesta es sí: el nombre de Stewart en los créditos y esa filigrana churrigueresca sonora que siempre hermosea sus producciones. Pues vaya novedad, pensaréis. La capacidad mutante de este tipo era de sobras conocida. Sin embargo, lo fascinante es que no se produce en una línea temporal, sino que los desdobles estilísticos de Stewart se dan simultáneamente. Y la más nueva y última identidad de Machinedrum, a pesar de tener cierto acento bass music made in Shoredich (de ahí ese “Sexland” como título insinuado), triangula entre su Estados Unidos natal, Londres y Berlín para dar muestra de la música de baile en su más globalizada representación.

Por ejemplo, el tema homónimo del EP bien podría caber en la maleta de Kingdom, pues es puritito R&B para pistas de baile plagadas de trendsetters caucásicos –de ahí que le siente tan rematadamente bien a la señorita Banks–. Al universo Kingdom, es decir, a la línea estilística de Fade To Mind y Night Slugs (véase el Mosca más housy, Nguzunguzu o Hot City) también se aproxima “Van Vogue”, con detalles alienígenas del orden de ladridos de perro, mientras que “No Respect” y “DDD” son claros ejemplos de house despreocupado (de “jaus” con jota), aunque cada uno de ellos con su propio temperamento. “No Respect” es el que más se aferra al pasado comercial de terracita veraniega –ya sabéis, David Morales, Sandy Rivera, Junior Jack y toda esa estirpe– con ese patrón tan repetido pero tan efectivo de loopear crescendos de pianos, darle un trompicón tribal al ritmo y una línea de sintes bien catchy. “DDD” tiene el genoma más “mariquitingui” del underground americano: ración extra de groove en estricto formato 4/4 y con el bombo exprimido.

En definitiva, la personalidad más hedonista y veleidosa de Machinedrum mantiene el nivel y la calidad demostrados hasta el momento por Stewart. Sólo que ahora fabrica honorables candidatas a colarse en tus gloriosas noches de clubbing allá donde quiera que vayas, coachsurfer de lowcost: Kreuzberg, Shoredich o El Raval.

SXLND

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