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Burial BurialRival Dealer EP

9.2 / 10

Parecía que iba a ser un año en blanco, pero finalmente saltó la sorpresa: cuando todo el pescado estaba vendido, cuando la jerarquía de 2013 estaba sólidamente fijada, ha vuelto a aparecer Burial para ponerlo todo en entredicho, de igual modo en que “Truant EP” llegaba a las tiendas a finales de 2012 con todo el panorama de actualidad desierto para que él pudiera rematar a puerta vacía, brillar como un sol y con todas las listas de lo mejor del año publicadas –no salió en ninguna, pero merecía estar en todas, bien arriba–. Esta parece que será la nueva estrategia de Hyperdub en adelante: dosificar los lanzamientos de su artista estrella, concentrarlos en EPs de una pureza colombiana y lanzarlos en momentos de poco ruido mediático. Convertido en el músico electrónico más talentoso de la última década, Burial ya no necesita las listas, ni que le aplaudan, ni que le coronen con laureles: él quiere sus McNuggets, hacer música y vivir en paz. Y superado el desagradable momento de la búsqueda de su verdadera identidad, se ha podido dedicar por fin a su autismo y a sus sonidos, mientras el resto del mundo se asombra y abre la mandíbula como un buzón. Antes de que se hagan la pregunta, aquí va la respuesta: sí, lo ha vuelto a hacer.

El envite no era fácil porque “Truant EP” había sido un giro espectacular con respecto a los precedentes “Kindred EP” (principios de 2012) y “Street Halo EP” (2011): de las piezas concisas que seguían el patrón de “Untrue”, Burial pasó a las largas suites de momentos cósmicos, algo que comenzó en realidad con sus dos remezclas para Massive Attack en aquel 12” especial para The Vinyl Factory y que marcó el nuevo camino de desarrollo. Desde entonces, a Burial los cuatro minutos se le quedan cortos, y en este nuevo maxi sólo una de las piezas, “Hiders”, se contenta con esa brevedad. Las otras dos se van a más de diez minutos respectivamente, intentando conquistar extensiones infinitas, momentos eternos y universos enteros con un giro delicado a su estética, cada vez menos enraizada en el suelo –o sea, en los beats de origen dubstep o garage– y en permanente ascenso espiritual. Tanto los remixes para Massive Attack como las piezas de “Truant EP” se organizaban a modo de suites, con pausas, respiraciones, largas colas ambientales y, por encima, los ingredientes habituales del sonido Burial: las voces trémulas, el sonido crujiente, los breaks fantasmagóricos, las melodías de azucarado R&B. Era una versión mejorada de sí mismo, si es que eso fuera posible (lo era).

“Rival Dealer EP” es una cosa distinta. Es la reinvención de Burial sin dejar de ser Burial, y lo que era un acontecimiento esperado se ha acabado convirtiendo en una obra extraordinaria, porque lo que más nos afectaba de su música –la sensibilidad, la emoción que pone los pelos de punta y amenaza con hacer derramar una lágrima del tamaño del Pacífico– se nutre ahora de nuevos ingredientes. Habrá quien disienta de la validez del nuevo Burial, pero no vamos a compartir aquí estas frustraciones: los toques AOR, trance y jungle que forman parte del desarrollo de estos nuevos tres temas no son ningún patinazo, sino una reinvención audaz que no resta ni un ápice a la esencia transformadora de su música ni a la felicidad que su escucha comporta. Sí que es cierto que por primera vez Burial chupa rueda –lo que él hace ahora ya estaba antes, por ejemplo, en AraabMuzik o Hype Williams, dos proyectos moderadamente afines–, pero lo hace para aprovecharse del rebufo y adelantar por la derecha con un hachazo. “Rival Dealer”, por ejemplo, se hace eco del revival jungle y zanja una cuenta pendiente de Burial con el género que escuchaba de pequeño: el momento en el que los sintes entran a presión y estalla el break es tan intenso como en aquel lejano “Demons” de LTJ Bukem, donde coincidían en un mismo plano terrenal el cielo y el infierno. Pero el genio de Burial es sobrenatural y, cuando podría ser un largo track para DJs de drum’n’bass, tras un remolino de ruido estático, él lo convierte en un banger de techno con la fuerza de un géiser antes de cerrar el tema con varios minutos de ambient angelical: en diez minutos se ha pasado de la euforia a la rabia, de la violencia a la mansedumbre, y sin que se haya perdido nunca el orden del guión.

Antes de eso, “Hiders” comienza con unas notas de piano de balada sentimental, como de canción de los 80 inundada de niebla húmeda hasta que entra una batería electrónica y gime una voz que parece salida de un disco de Cocteau Twins: si había algo de elemento dreamy en Burial, si le aceptábamos una conexión shoegaze, aquí emerge con toda su fuerza, consiguiendo que no nos tiemble la mano al escribir las siglas AOR. Un sinfonismo al estilo Burial que está anunciado en “Come Down To Us”, trece minutos precedidos por acordes de sitar, loops terrosos a lo William Basinski, la versión espectral de un hit de Annie Lennox que tienen una réplica en la segunda parte del tema con lo mejor de todo el EP: el momento trance-pop, como de hit de 4 Strings en plan balada, que conecta con las innovaciones en la material de AraabMuzik. Pero mientras el americano es festivo y saltarín, Burial consigue que te dé un infarto que ni a Stendhal. Curiosamente, el EP empieza con un sample vocal que dice “Excuse me, I’m lost”, pero es una falsa indicación: no está perdido, el cabrón sabe lo que hace, y sobre todo sabe que nos ha vuelto a colar otra obra maestra por la escuadro, como Messi otro golazo. ¿Hasta cuándo?

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