Nothing Nothing

EPs

Zomby ZombyNothing

7.5 / 10

4AD

Poca gente conoce a Zomby en la vida real, aún menos son los que saben su verdadero nombre y sólo un grupo de privilegiados ha tenido la oportunidad –no diremos suerte, pues la mayoría saca siempre conclusiones negativas de la experiencia– de compartir un poco de tiempo con él. Se le describe como alguien profundamente inestable, paranoico, anoréxico y volátil, razón por la que cancela los conciertos prácticamente siempre, y la música que ha venido entregando desde su estreno en Werk, en efecto, diagnostica un cuadro psíquico desconcertante, pues sus discos tienen que ser los de un freak perverso o los de un loco inconsciente de su naturaleza, tan sensible a la vez a la belleza extrema como al más salvaje caos. Quizá incluso haya un déficit de atención severo por la manera que tiene Zomby de iniciar una idea, desarrollar el track y abandonarlo a la mitad sin que parezca importarle dejar a la gente colgada, expectante ante un final o una variación que pocas veces llega: aquí lo hace en “Equinox”, en “Trapdoor” y en el amen break desbocado de “Ecstasy Versions” y “Labyrinth”; sólo hay siete cortes en “Nothing”, en total 22 minutos, y cuatro ni siquiera están acabados, lo que hace de este mini-LP, o EP complementario de “Dedication” –precisamente, estos temas ya habían aparecido previamente como bonus tracks de la edición japonesa– otro título confuso en la cuenta de Zomby, muy parecido al “Zomby EP” (2008) que editara en Hyperdub.

“Dedication” era la despedida de su padre, un responso en clave IDM y wonky que funcionaba bien a diversos niveles –es el disco “pop” de Zomby gracias a “Natalia’s Song” y a cierta profusión de melodías; también es su disco más IDM o aphextwiniano, en oposición a sus releases anteriores, más enfocados hacia el dubstep levantisco o la nostalgia rave–, pero que también demostraba lo errático de su conducta y de su psique. Algo no funciona bien en esa cabeza, pero lo que es innegable es que el interior de Zomby, su corazón o su alma, si así se prefiere, conservan un alto grado de inocencia y de verdad. En cierto modo, su música es pura porque funciona según reglas propias y una libertad poco común –su cuenta de Twitter es una mezcla de lírica, chulería y “dejadme en paz”, un poco como la de Guti (el ex del Real Madrid, no el amigo de Loco Dice), lo que igual ayuda a comprender un poco mejor al personaje–, y esa pureza y libertad saltan otra vez a un primer plano en “Nothing” pero en una forma distinta a como afloraban en “Dedication”. Permanece el recuerdo al padre – “Dedicated to BDM 11.11.46 – 25.06.10”, reza una línea en el artwork–, pero si antes lo hacía en forma de miniaturas electrónicas casi naïfs, ahora Zomby vuelve a su esencia y lo hace en forma de drum’n’bass.

“Dedication” era un disco fundamentalmente oscuro; “Nothing”, a pesar de su título nihilista, es más vital, luminoso y rápido. El comienzo es resplandeciente a la vez que bruto: un break de jungle como del 94, bocinas, cháchara raggamuffin, un sinte pasional que recuerda a las producciones de 4 Hero antes de ser 4 Hero de verdad, cuando se llamaban Tom & Jerry. “Digital Fractal” sin duda pertenece a las mismas sesiones que “Dedication”, por su lentitud enroscada, su bajo húmedo y su intento de melodía, igual que “Equinox”, que es un corte clásico de Zomby, con un arpegio monstruoso de no más de tres minutos, aunque ninguno de los dos temas comparte el hundimiento, el pesar del álbum, y se entiende su inclusión en este apéndice más basado en texturas agudas y repuntes rítmicos como el de “Sens”, otro pelotazo jungle reminiscente de las turbulencias del sello Suburban Base, o el de “Ecstasy Versions”, que parece sacado de una referencia primeriza de Moving Shadow. Antes de ese final glorioso, cortado en seco para fastidiar al máximo el disfrute, “It Was All A Dream” y “Trapdoor” indican que la dualidad entre oscuridad y luz, entre pesimismo y júbilo, son imposibles de separar en Zomby. “Nothing”, en manos de un psiquiatra, quizá ayudaría a diagnosticar un trastorno bipolar severo, pero junto con “Dedication”, uno al lado del otro, como una unidad inseparable, también nos dan la idea de Zomby como un creador electrónico irrepetible tan delicioso como desconcertante, tan sombrío como extrovertido, con un mundo propio aunque sea a costa de retorcerse el interior de una forma que, aunque es buena para nosotros, debe ser nociva para él. Hay que disfrutarlo mientras dure.

Javier Blánquez

Zomby - Labyrinth

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