Night Sky Night Sky

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Gavin Russom Gavin RussomNight Sky

6 / 10

DFA (DFA2289, 12” + digital)

Han pasado ocho años desde que cayera en nuestras manos el maxi de “El Monte / Rise” (DFA, 2003) (si, el que incluía ESE remix de DFA) y, desde entonces Gavin Russom nos había tenido muy mal acostumbrados. Desde esa primera toma de contacto, y sobre todo a partir de esa obra maestra que es “The Days Of Mars” (DFA, 2005), firmado a medias con Delia Gonzalez, cada uno de los lanzamientos en los que estuviera involucrado este prestímano de la síntesis modular era recibido con reverencias por medio planeta electrónico. Y con razón, claro. Ya fuera con los mantras cósmicos de su mencionado proyecto con Gonzalez, acercándose al mutant disco con Black Leotard Front, facturando house crudo y lisérgico bajo la capa de Black Meteoric Star o con el crossover latino-tropical de The Crystal Ark, Russom hacia gala de una maestría fuera de lo común para el diseño del sonido analógico, al que dotaba de una vivacidad sólo al alcance de los elegidos. Y todo esto sin hablar de su papel como synth-master en DFA o su aportación a LCD Soundsystem. Con su último maxi para la plataforma neoyorquina, sin embargo (y muy a nuestro pesar), el gran hombre nos ha dejado un poco fríos.

Firmado con su nombre propio (que hasta ahora sólo utilizaba para rubricar sus remixes), “Night Sky” es un paso adelante pero no resulta todo lo certero que cabría esperar. Cambio de look aparte (de chamán barbudo y con melenas a acicalado dandi de blanco impoluto), queda claro que Russom es poco amigo de la acomodación y tendente a la mutación musical, y este hecho es más que loable, pero le hemos profesado tanto amor desde tiempos inmemoriales que este ligero desliz nos ha desconcertado. El corte titular es una orgía de sintetizadores arpegiados que, a modo de odisea, se va hasta los 13 minutos. Hasta aquí todo normal. El problema viene cuando, a medida que avanza la canción, empiezan a aparecer elementos más cercanos a una suerte de glam-rock psicodelico que no a sus certeras evoluciones espirales. Arreglos pomposos, solos de guitarra que firmaría un émulo de Roger Waters y estribillos épicos cantados con voz afectada por el propio Russom se alternan por encima de un insistente arpegio que, cosa extraña, acaba haciéndose tedioso. Sería un error decir que es mala música, por supuesto; la factura es buena y el sonido tiene más cuerpo que el 70% de la producción electrónica actual, pero esta vez ni los ingredientes ni su disposición parecen haber sido los más adecuados. A pesar de todo esto, lo más decepcionante es que en manos de un mago como él, elementos a priori sospechosos como los citados podrían haber dado como resultado un experimento entretenido y pegajoso, y aquí, en cambio, todo resulta bastante aburrido.

En la cara B la reconstrucción de Mutant Beat Dance (proyecto que une a Beau Wanzer y Melvin Oliphant III, alias DJ Traxx) no mejora demasiado las cosas, más bien lo contrario. Despojando la canción de toda magnificencia, la pareja de Chicago la convierte en un ejercicio de house maniático en el que las vocales solo aparecen de manera testimonial y el arpegio es reducido a una obsesiva secuencia reminiscente del acid más descarnado. A pesar de las buenas intenciones para acercarlo a la pista, el remix acaba por resultar aún más plomazo que la original. Lo dicho; un ligero desliz que, sin embargo, no tiene por qué empañar todo lo que nos ha regalado Russom hasta la fecha ni comprometer las esperanzas de todo lo que le queda por darnos.

Franc Sayol

"Night Sky"

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