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Luke Abbott Luke AbbottModern Driveway

8 / 10

Da la impresión, en ocasiones, de que en la escena electrónica inglesa se ha producido un desplazamiento en el eje de rotación. Queremos decir esa electrónica de trasfondo casi pop, por mucho que la textura y la estética se amolde como un guante a la IDM de toda la vida, esa que, sobre unos beats crujientes y tallados como el diamante, engarza melodías que te envuelven como una red. Ese eje, hasta no hace mucho, estaba sujetado en sus extremos por James Holden y Border Community, el sello del que éste es propietario. Pero si dentro de esa corriente –que a veces ha flirteado con el trance, el minimal y el esoterismo planeador, o el exotismo turístico– buscamos un nombre protagonista de la actualidad, quizá habría que convenir en que Holden ha perdido parte de su fuerza de pedaleo –no por ausencia de talento, sino de trabajo en la calle– en beneficio de Gold Panda, el amo de Notown. No se trata de entablar aquí una guerra, ni mucho menos, pero es significativo que uno de los más firmes baluartes de Border Community, Luke Abbott, entregue su nuevo EP a Notown. Es como si el otro bando, el que está en ascenso, hubiera tomado una ligera ventaja.

“Modern Driveway”, EP de cinco temas, comparte los mismos rasgos que hicieron de “Holkham Drones” uno de los mejores álbumes electrónicos de 2010 –y uno de los favoritos del actor Elijah Wood–: melodías puntillistas en las que cada nota, tocada con nerviosismo, como un cosquilleo armónico, forma una curva de sensaciones positivas, como un arco iris analógico henchido de color; por debajo, ritmos constantes, pero como si a su paso arrastraran arena o gravilla, y un uso de la textura rugosa y a la vez cálida. Es el mismo tipo de sonido que en su día consagró a Holden y Nathan Fake y que Luke Abbott ha sabido reactivar en sus maravillosos 12”s para Border Community, de los cuales éste es una continuación eficiente en la que también aparecen los rasgos distintivos de “Holkham Drones”: una obsesión con la música planeadora de los años 70 – “Ovals” flirtea con la new age de formas geométricas y melodías fractales– y su variante más rockista, como si fuera un remix de los primeros Kraftwerk, en “Meeting Hill”.

Luego están los tres tracks orientados a la pista, “Modern Driveway” –una arquitectura compleja de múltiples melodías y un ritmo asimétrico, en la que todo encaja con total perfección, arrancando y acabando suave, concentrando toda la épica en el centro–, el beat apagado envuelto en arpegios nevados de “Hand Drawn Maps” y la más aguerrida “Carrage”, que parece que se vaya a ir por velocidad pero acaba sonando como un bucle etéreo que da vueltas en un paisaje bucólico y solitario, un amago de deceleración tímido y adorable. Quizá no suena tan aventurero como “Holkham Drones”, con ese misterio glacial, y sí más campestre. Pero son matices baladíes tratándose de Luke Abbott, que ha demostrado que no ha perdido su ímpetu, que sigue en un ciclo ganador, afianzado en la primera división de la electrónica británica, con Four Tet, Gold Panda y otras almas gemelas.

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