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7.1 / 10

Disco a disco, el sonido de Emptyset se ha ido haciendo cada vez más lento y tiznado. Como si fuera un cuerpo moribundo, se le ha apagado el pulso y su respiración es cada vez más pesada, anda con pasos torpes y pide un momento de descanso. Y a la vez que reposa, se pudre por dentro como si las máquinas y el ordenador de su estudio de grabación en Bristol estuvieran afectados de un cáncer maligno que poco a poco, de manera inexorable, les va corroyendo por dentro. No todo empezó así de sombrío: los primeros maxis del dúo formado por James Ginzburg –alias Ginz, un hombre que ha grabado temas con Joker y Baobinga– y Paul Purgas nacían de una interpretación fría y oscurantista del techno, propia de quien ha escuchado mucho a Surgeon, Regis y otros jinetes del Apocalipsis 4x4; un techno que trotaba como un percherón viejo en vez de galopar como un purasangre joven, pero que igualmente golpeaba con fuerza. En su primer álbum, todavía en el sello Caravan, Emptyset unían misterio y fuerza en títulos que adoptaban palabras cabalísticas – “Aleph”– y alusiones al tránsito de la vida a la muerte – “Gate 1”, “Beyond”, “Completely Gone”– y que revitalizaban la vertiente industrial del techno. Superado el estreno de “Emptyset” (2009), luego llegó “Demiurge” (Subtext, 2011), un disco aún más apagado, más negro, más esotérico, con más ruido y con más bajos.

Llegados al punto de “Medium” –tercer LP, aunque su duración no llegue ni a los 20 minutos–, en Emptyset parece que ya se ha cruzado la línea y que no hay vuelta atrás. Si aquí sigue habiendo techno, es un techno mortecino, como el último rescoldo de una hoguera tras haberse consumido la leña: lejos de la escuela post-Sähkö y post-Birmingham que se delineaba en las referencias anteriores, donde se dejaban leer influencias de los primeros Pan Sonic y también de sus epígonos, como Sleeparchive, aquí ya no hay beats y sólo ha quedado el ruido helado, los drones y las frecuencias lacerantes, como si el nuevo punto de partida –o el destino final– fuera una especie de doom electrónico de bajos pulsantes, más cercano a Sunn O))) que a lo que sonaría entre las paredes de un club, incluso si fuera un club lleno de enfermos terminales.

La razón por la que “Medium” es tan breve y tan económico de tracklist posiblemente tenga que ver con ese giro hacia el mal rollo, que hace que la escucha se haga difícil, y no por plomiza –el noise de Emptyset es dinámico e imaginativo, con pausas y crescendos, con un cierto barroquismo en la entrada y la salida de las texturas, mezcla de longitudes de onda cortas y pulsos digitales puros que a veces imitan las cuerdas de una guitarra y otras veces suenan, simplemente, a máquina a punto de desconectarse–, sino por cargada de suciedad, tensión y temores. Cuesta respirar. Definitivamente, tras pasearse por el filo del alambre, y con la música de baile a su izquierda y la música experimental a su derecha, Emptyset han tomado una decisión. “Demiurge” era un disco de creación –su título aludía al demiurgo, el ser creador del mundo de las ideas en la filosofía de Platón–, y “Medium”, en referencia a quien es capaz de comunicarse con el plano de los espíritus, es una exploración tentativa y primera de ese otro lado espiritual, desconocido y terrorífico. El próximo disco, a este paso, será un infierno.

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