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Burial BurialKindred EP

8.6 / 10

Si no fuera porque está recluido en su habitación como una perla en la cáscara de una ostra, equivalente moderno del bedroom producer con enfermedad del hikikomori, y que no habla con nadie –mejor dicho, con nadie de la prensa–, sería interesante poder preguntar a Burial qué se le pasa en estos días por la cabeza, cómo entiende desde su confinamiento cuestiones como espacio y eternidad. Por desgracia, eso no sucederá, así que sólo queda especular, como hace la física moderna con el cosmos, y jugársela: “Kindred EP” suena a Burial porque sus rasgos estéticos básicos vuelven a aflorar en toda su pureza –las voces espectrales, entre el frío y la pasión, los breaks cincelados con esmero, los sintes que parecen agua en movimiento–, pero se advierte un matiz, un cambio, la presencia de un Burial de tono distinto, adaptado sobre la marcha a unas dimensiones, físicas y mentales, en expansión. Como si, producto de su apartamiento físico del mundo, quisiera trascender más allá de sus límites a través de la mente.

¿Cómo describirlo? Las palabras no vienen con sencillez. Es éste, al parecer, un Burial más profundo, más refugiado en sus propios sentimientos, o quizá un Burial más huidizo, que pretende escaparse hacia arriba, abandonar la atmósfera y la órbita geoestacionaria, diluirse como si su liquidez, tras calentarse, se vaporizara en un vaho imposible de retener. Es un Burial más extenso –más alargado, longitudinalmente hablando; dos de los cortes se van más allá de los 11 minutos– y es un Burial que atraviesa diversas fases de la materia, que se transforma con su propia energía, y pasa del beat sólido que da sentido estructural a una pieza a la coda evanescente, a veces sin apenas transición entre un estado y otro. Burial, que jugaba con las texturas como nadie, se atreve también ahora a desafiar la rectitud de las estructuras.

Las raíces de “Kindred EP”, dentro de su propia cronología, quizá no haya que ir a buscarlas en “Street Halo EP” (Hyperdub, 2010) –aunque “Loner” es, junto con “Raver” (aquel final épico de “Untrue”) y el tema titular de aquel 12”, el tema con más bpms del repertorio de William Bevan–, sino en las dos remezclas de Massive Attack que aparecieron a finales del año pasado en “Four Walls / Paradise Circus”, ese maxi limitado y codiciado planchado por The Vinyl Factory, en las que forzaba el avance de los temas como a través de una jungla, cortando maleza y adentrándose en lo desconocido hasta casi rozar el cuarto de hora por cada lado del disco. Al parecer, Burial le ha perdido el miedo a las tiradas largas, y tanto “Kindred” como “Ashtray Wasp” –11 minutos y medio respectivamente– se obligan a proseguir cuando ya todo parece dicho, sólo por la necesidad de prolongar un estado que entra y sale de la hipnosis a placer y que amplía su efecto emocional, no por la concisión, sino por la vía de la multiplicación. “Kindred” se inicia con un minuto planeador que sugiere una geografía paradisiaca, un estado de amnesia, rápidamente roto por unos breaks como esculpidos con cincel en mármol, reminiscentes de los viejos títulos del sello Metalheadz: un drum’n’bass en slow motion, como Photek escapando de su laberinto con las alas de Ícaro. Pero lo que podía ser una sencilla pieza de experimentos en los márgenes del UK Garage se acaba transformando en una materia incandescente y fría a la vez, en un volver a empezar tras paradas de un minuto de silencio y una conclusión que parece un anticlímax por su efecto devastador, capaz de destrozar cualquier centro de placer, anulándolo tras una descarga tan intensa.

La misma fórmula se repite en “Ashtray Wasp” –con la diferencia en el beat, aquí de una estructura más cerrada, más 4x4, sostenido sobre colchones de sintes y las clásicas voces andróginas, ni masculinas ni femeninas, ni mucho menos angelicales, que siguen siendo marca propia desde “Untrue”–, con, otra vez, las rupturas de continuidad, los mismos regresos al tema de partida (con variaciones), esa idéntica desintegración del tiempo y la sensación de su trascurso. Se tiene la impresión de que cuanto más largos los temas, más desapegado de la realidad se siente Burial, y por ello más bella resulta su música. Hay momentos –los impasses en los que se relaja el bombo, se encrespan los ambientes y crujen las texturas, se infla el bajo y repuntan los agudos– en que tanta sublimación se hace insoportable y uno parece querer estallar como una supernova, fundirse con esa disolución material como en una ceremonia órfica. En el otro extremo, “Loner” es un tema corto en comparación (sólo siete minutos), también introducido por un preludio cósmico y apuntalado por un bombo que le debe mucho al tech-house y una bassline que es como un zumbido hipnótico, hasta que se acaba mansamente entre truenos y silencios, deshecho como un terrón de azúcar en la vasta extensión del mar. Huelga decirlo: lo ha vuelto a hacer.

Burial - Kindred EP [Sampler Mix]

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