Kelly Price W8 Gain Vol. II EP Kelly Price W8 Gain Vol. II EP

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Hype Williams Hype WilliamsKelly Price W8 Gain Vol. II EP

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Hype Williams  Kelly Price W8 Gain Vol. II EP HYPERDUB (HDB052, 12” + digital)

Con Hype Williams hemos pasado un año entero de incertezas, causadas más por su hermetismo inicial –no dar la cara, editar en sellos liliputienses, el sonido difuminado y amorfo–, que ya han cuajado por fin en la convicción de que aquí detrás, tal como se suponía, hay algo muy serio. Tras verles en un eficiente directo –aunque eso en música electrónica no sea indicativo de absolutamente nada–, comprobar cómo en “One Nation” se iban volviendo sólidos los sonidos nitrogenados de “Untitled” y cómo su pesada y narcótica psicodelia iba apartando los visillos para dejarnos ver con un poco más de claridad lo que había ahí dentro, ahora llega el momento de rematar la importancia innegable del escurridizo dúo con este primer 12” para Hyperdub, el que les dará la visibilidad que necesitan para empezar a escapar del reducidísimo círculo en el que se encuentran y en el que ya no caben, se les ha quedado enano.

¿Por qué en Hyperdub? Porque en Hyperdub hay lugar todo además del dubstep, y más si son pequeños lienzos de breaks y cadencias asiáticas como las de “Boss Man”, que suena como escuchar en un transistor a la Yellow Magic Orchestra con sonido monoaural, una impresión de synth-pop primitivo con baja resolución y máxima evocación nostálgica. También cabe el momento de pura calma y abandono ambiental –la recuperación de “Rise Up”, antes sólo disponible en un 7” limitado a 50 copias que se agotó antes de ponerse a la venta– y los dos momentos decisivos de la cara B. Aquí es donde la psicodelia casera y el tapiz de influencias imprecisas de Hype Williams –de los private pressings al rock AOR, del dub electrónico 90s tipo The Sabres Of Paradise a la elegancia synth-pop de la dupla Sylvian-Sakamoto, pasando por una lectura opiácea del viejo trip hop– resaltan con la fuerza de dos buenos cortes como “Farthing Wood Dub”, con sus beats difusos, en tropel y con cadencia cinemática, y la alucinación “Badmind”, en la que se conjuga un spoken word inidentificable –sacado, acaso, de un vinilo educativo, un documental rescatado de un VHS perdido o de una conferencia académica; hacia el final se menciona la poesía de Ezra Pound– con otra melodía vagamente asiática de notas desafinadas. De acuerdo: es música drogada, pero la mierda que fuman es realmente buena.

Javier Blánquez

“Badmind”

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