Ish Ish

EPs

Kyoka KyokaIsh

7.2 / 10

Las pocas informaciones disponibles sobre Kyoka indican que es una mujer nacida en Japón y residente en Berlín que lleva editando música desde 2008. Su única referencia en álbum listada en Discogs, “Ufunfunfufu”, ni siquiera lleva consignado un año de edición, lo que explica, en cierta manera, el desconocimiento que se tenía de su figura y de su obra hasta que ha entrado a formar parte del catálogo de Raster-Noton con este “Ish”, el quinto volumen de la serie de vinilos Unun. La breve biografía de la web del sello alemán le sitúa en la órbita de Frank Bretschneider –que es el productor y alma del sonido final del 12”–, que es algo que añade más datos para completar el misterio: estamos ante una mujer que empezó afilando las formas y las maneras del pop a la manera oriental, ese j-pop avantgarde por el que se pirra gente como Taylor Deupree, y ha acabado volcándose en el lado oscuro del techno, como si fuera una Tujiko Noriko poseída por el arrebato violento de los Pan Sonic más incorruptibles.

Eso es, al menos, a lo que suenan los dos primeros cortes de “Ish”: a ese techno bombeante y férreo, nacido de la escuela finlandesa del sello Sähkö, de líneas rectas y bombos rotundos, a los que sólo ocasionalmente se le añaden detalles que añaden color y distorsión, como los incisos vocales de la propia Kyoka, con su voz de aluminio (en la toma original de “HADue”, que recuerda por momentos a la colaboración de Alva Noto con Anne-James Chaton en “Uni Acronym”) y esa bassline ácida hacia el final del remix que firma Atom TM para el mismo tema. El resto del EP se relaja, se abre hacia esa franja de posibilidades y flexibilidad que queda en la frontera última entre la estética glitch y las formas del pop, pero en ningún caso indica un relax en la manera de producir de Kyoka. “YESACLOUDui”, “23 iSH” y “ROMOOne”, los tres cortes que ocupan la cara B, son piezas en permanente tensión en las que parece que la olla esté bullendo: el sonido se modula de forma abrupta, forma una burbuja y estalla, se mueve más por el calor de unas baterías y unos hipidos orgánicos que no por el frío de las estructuras rítmicas, mientras por debajo yacen tonos vocales apagados, pulsos estáticos, pitidos y bombos partidos por la mitad, exactamente de lo que se esperaría de Raster-Noton en su versión más “comercial”.

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