Iraqi Praetorian Guard Iraqi Praetorian Guard

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Vatican Shadow Vatican ShadowIraqi Praetorian Guard

7.9 / 10

Intento encontrar un nombre que parezca y/o suene más maligno que Dominik Fernow en la actualidad y no me sale. El hombre fuerte del noise abrasivo e industrial de los últimos años lleva acumulada una carrera tan amplia, hedionda e informe como un buen puñado de vómito estrellado contra una acera, y cada vez hay más interés en desgranar cuál es la composición de esa materia infecta que llamamos su música. Escondido tras innumerables alias a lo largo de los años –el más importante, por supuesto, Prurient, con el que lleva enfrascado desde hace más de una década y en el que sigue depositando su material más ardiente, lo último nada menos que dos horas de ruido desbocado en una doble cassette titulada “Oxidation” (Hospital Productions, 2012)–, la última tendencia relacionada con Fernow es meter la nariz en su material firmado como Vatican Shadow. De todo el volumen de trabajo firmado por Fernow en solitario y en grupo, y sin contar su aportación a Cold Cave, Vatican Shadow quizá haya sido su proyecto más accesible en el sentido de que el ritmo es tan crucial como las capas de distorsión, preámbulo quizás de su “Bermuda Drain” del año pasado, razón de más para darle una segunda oportunidad a su alias más bélico.

Fruto de su obsesión con la imaginería militar –portadas que representan a soldados de la última guerra de Iraq y títulos como este “Iraqi Praetorian Guard”–, Vatican Shadow es como una marcha hacia el frente de ataque con todas las armas apuntando al enemigo y disparando a la vez. El vinilo reeditado por Type Records hace unas semanas, “Kneel Before Religious Icons”, estaba tomado originalmente de una cassette de 2011; los dos cortes que ahora rescatan en Blackest Ever Black van incluso más lejos, a la primera cinta de Vatican Shadow, “Byzantine Private CIA” (Hospital Productions, 2010), de la que se recuperan dos cortes, “Cairo Sword Unsheated”, que es puro terror psicológico, la plasmación en un ambient putrefacto del miedo antes de la batalla, y “Gunmen With Silencer”, otra pesadilla chirriante que se arrastra como una serpiente y se enrosca en tus pies. Son dos momentos que enlazan muy bien con la política del terror que se aplica en Blackest Ever Black, donde cada vinilo es un atentado psicológico. Lo único nuevo, y quizá lo mejor del 12”, es la pieza final, “Church Of All Images”, remezclada por Regis y que ofrece el perfecto corte que identificamos con el sello de Kiran Sande: techno entre convulsiones, frío y clínico, duro como el granito, rodeado de espíritus del averno y una atmósfera escalofriante. Si te fascina el mal, necesitas este disco.

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