Intrigue & Stuff Vol. 2 Intrigue & Stuff Vol. 2

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Leyland Kirby Leyland KirbyIntrigue & Stuff Vol. 2

9 / 10

Leyland Kirby  Intrigue & Stuff Vol. 2 HISTORY ALWAYS FAVOURS THE WINNERS (HAFTW-011, 12” + digital)

Es inevitable experimentar una sensación de privilegio y honor cada vez que se tiene la oportunidad de estrenar nuevo material de James Kirby en el tocadiscos o en el iPod. Si no había quedado claro que el hombre está en su edad dorada, en unos años de máxima inspiración y producción sublime, cada nuevo 12” o álbum que se suma a su currículum refuerza esa convicción, básicamente para devolver al redil a descreídos –en el caso de que los haya–. Ya no se trata sólo de la personalísima estética que cultiva como The Caretaker, sino de que el nuevo alias que se inventó hace dos años para sus incursiones en el ambient y la música de la memoria, Leyland Kirby, está rindiendo a un nivel todavía mayor, multiplicando el efecto de inmersión profunda. Es fácil dejarse raptar por la serie “Intrigue & Stuff”, que en principio debería ocupar un tercer vinilo más y concluir ahí: más allá de la idea de hauntology que dominó el triple CD “Sadly, The Future Is No Longer What It Was” (2009), Leyland Kirby aparece aquí abducido por completo en un sonido líquido y revuelto que suena a ambient expresionista, intenso y de fuertes constrastes entre sombra y luz, entre silencio y fricciones casi ruidistas.

Kirby incorpora perfectamente la idea de “intriga” que indica el título, pero se acerca más a la estética del horror, la desesperación y el abandono; no es nada placentero entrar en “Eventually, It Eat Your Lungs”, doce minutos de alaridos bajo agua, líneas que se prolongan como una silueta de El Greco, la banda sonora, quizá, para la metástasis de un cáncer. Tampoco lo es el conciso cierre de la cara A, “Speeded Up Slow Motion”, un mar embravecido de aguas analógicas, ambient que bombardea la cabeza sin piedad con imágenes de lucha, soledad y derrota. Pero todo eso no es nada en comparación con “Complex Expedition”, música helada, polar, abandonada a su suerte –si recuerda a algo es, en su inicio, al ambient sigiloso y tétrico de Kreng, Elegi o Deaf Center– que sólo ve la luz con la entrada de una especie de órgano, unos acordes funerarios, como de vals inerte, y así durante veinte minutos que, si uno fuera Guillermo del Toro, ya mismo incoporaría al soundtrack de su inminente adaptación al cine de “En Las Montañas De La Locura” de H.P. Lovecraft. Los sueños se pueden hacer realidad, pero las pesadillas también, y este disco es la prueba. Hay que entrar, pero con miedo.

Javier BlánquezEscuchalo aquí.

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