Idoru #1 Idoru #1

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Jon Convex Jon ConvexIdoru #1

6.9 / 10

Se supone que éste era el paso lógico. El anterior no lo era tanto, en cualquier caso: Damon Kirkham, antiguo miembro del dúo Instra:mental, y por tanto conocido por sus operaciones de cirugía drum’n’bass antes de girar el rumbo con “Resolution 653” (Nonplus, 2011), empieza a desarrollar una carrera en solitario a partir de esa dirección del álbum, una incursión en la zona electro con ritmos robóticos afinados a partir de una orgía de 808s. Como Jon Convex, desde entonces, Kirkham ha estado trabajando en un tipo de material que se decanta por el beat nervioso y muy roto, veloz y maquinal, con una pátina de frialdad metálica, aunque por momentos cerca de las corrientes más experimentales de la diáspora dubstep. Sus 12”s en sellos como 3024 – “Convexations” y el más reciente “Lied To Be Loved”–, le han dado la razón en el plano artístico: su carrera todavía no ha alcanzado el brillo de Instra:mental (cómo les vamos a echar de menos), pero poco a poco se va acercando a un nivel óptimo. Aunque lo que indica “Idoru #1” es que todavía anda a la búsqueda de patrón de desarrollo en el que afianzarse de una manera lógica. Este nuevo maxi –presentado en un goloso doble 10”–, como decía al principio, aparentemente es el paso lógico: del electro al pop sintético, y del house líquido con bajos rotundos a una especie de mutación techno de mayor vigor y contundencia.

“Fade”, el primer track, no entra nada mal. Está demasiado poblado de partes vocales y su beat es cinemático, muy influenciado por la última dirección estética de dBridge, que no en vano ya cantaba en las dos piezas de “Lied To Be Loved”. Aquí hay más de esa fórmula, con una deriva downtempo que todavía no es ni autocomplaciente ni kitsch, aunque se acerca mucho a la frontera. El título del EP, “Idoru” –que es la manera que tienen los japoneses de decir ‘idol’, es decir, estrella del pop, además de ser el título de una novela de cyberpunk, espionaje y música artificial del escritor William Gibson–, indica que una de las preocupaciones de Kirkham está en la sensación de realidad y/o simulacro, y en adornar sus esculturas de ritmo sintético con un poco de emoción –ya sea humana o robótica, no es una cuestión que parezca preocuparle–. Más extraño, en cambio, es “New Model”, que no deja de ser un tema techno con bajos marmóreos que no anda lejos de ese minimal maximalista de productores como Dubfire –aunque él intenta ir más hacia la opción explorada por Scuba y Untold; no acaba de entrar en el mismo plano que ellos–. Ocurre lo mismo en “Shadows”, que tiene un halo neo-Detroit que indica en él una falta de experiencia todavía notable: parece un calco de Redshape, bien hecho, pero todavía con muchos matices que perfeccionar. Curiosamente, esto es lo menos inspirado del EP, porque lo que supuestamente debía ser el bajón del disco –un remix de Gucci Vump, o sea, Brodinski + Guillaume Brière–, es su momento más futurista, un giro de ese downtempo urban que conocemos últimamente como trap, pero impregnado de sintes cósmicos que suena como la producción que Kuedo nunca le hará a Coldplay. Sensaciones enfrentadas, pero quizá Jon Convex saque de esta mezcla de ideas algo valioso en el futuro.

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