Iceni Strings EP Iceni Strings EP

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Nathan Fake Nathan FakeIceni Strings EP

6.2 / 10

Como quien no quiere la cosa, está a punto de cumplirse el décimo aniversario de la irrupción de Nathan Fake en el teatro de la música electrónica –fue en el año 2003, con el 12” “Outhouse”, que para muchos fans sigue siendo todavía el mejor de sus cortes–, y el que fuera niño prodigio de la IDM saltarina, libre y desacomplejada hace tiempo que se nos volvió un hombre, con sus obligaciones, sus crisis y sus silencios. Se reconocen sus rasgos estéticos en todo lo que publica, pero desde 2007 hasta hoy lo que ha entregado Fake se puede contar con los dedos de una mano (incluyendo remixes para Neon Jung, Radiohead o Jon Hopkins), pasando por el mini-LP “Hard Islands”, que sonó ciertamente competente en 2009, y el 12” “You Are Here” (2007), donde abandonó el ambient pastoral de “The Sky Was Pink” y el álbum “Drowning In A Sea Of Love” y regresó a los patrones de baile. Sin embargo, las etapas de inactividad son extrañas. ¿Qué hace que alguien tan prolífico en sus tres primeros años de carrera se vuelva tan perezoso y económico en los seis siguientes? La respuesta sólo la tiene él, pero hay que hacer notar que, a medida que Nathan Fake espaciaba sus entregas, también se reducía su originalidad. “Iceni Strings” no es una excepción en ese sentido.

Para empezar, sigue encallado en un sonido distinguible como Border Community, el mismo con el que asomó la patita en 2003 y que se nos hizo tan necesario y refrescante por entonces, pero que ahora acusa desgaste y falta de sorpresa. Por ejemplo, el primer tema, “Iceni Strings”, parte de unas notas de sintetizador grueso –con una referencia cósmica hacia la mitad– y del clásico beat medio roto de James Holden, y aunque tiene apariencia maximalista, es un track inmóvil, que gira sobre un motivo armónico sencillo y se queda siempre en el mismo lugar, por mucho que dé la impresión de ser una composición viajera y barroca: como un mago al que se le detecta el truco. “Sense Head” maniobra mejor, y a un beat de 808 virtuoso superpone, otra vez, la melodía de sintetizador analógico, seco y vigoroso, que se mueve con la caja de ritmos como si descendiera en espiral alrededor de ella, pero, una vez más, sin que suceda nada notable –no es un viaje intenso, sino predecible pasados tres minutos, y lo mismo ocurre con “Bauxite Dream”, donde la variación se localiza en los motivos armónicos, que entran a mitad del track y permiten una estructura en dos partes, sin grandes rupturas pero con un pequeño matiz de sorpresa–.

Nathan Fake, que se había caracterizado por ser un virtuoso y por romper los esquemas conocidos del techno, el minimal y el trance a partir de una visión nómada y bucólica del pop, ha regresado para quedarse encallado en su propia orilla. A diferencia de su compañero de sello y estética Luke Abbott, saber a dónde quiere llegar, pero no cómo. Maneja muy bien una serie de conceptos –el tratamiento rudo del beat, que al menos no lo reduce a un 4x4 vulgar, y la textura de los sintes, casi siempre burbujeante–, pero parece como si le costara ir más allá, como si su vieja chispa se hubiera agotado. Le escuchamos y le reconocemos, claro que sí, pero lo que reconocemos no es su figura, sino su sombra.

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